Teatro

"El teatro podría ser el territorio de la aparición de muchos modos de existir"

Guadalupe Valenzuela dramaturga y directora tucumana, dio una entrevista para la publicación semestral del Instituto Nacional del Teatro. Sus influencias y su infancia ligada al arte.

28 Dic 2022 - 15:16

Guadalupe Valenzuela.-

La tucumana Guadalupe Valenzuela, tuvo su espacio en la publicación semetral del Instituto Nacional del Teatro, donde participó de la sección tres preguntas.

"Nació y trabaja en Tucumán como dramaturga y directora. Se formó, además, en danza contemporánea y fotografía. Estudió en la Universidad Nacional de Tucumán y de forma independiente con referentes de la escena teatral nacional", comienza contando sobre la artista, para luego destacar sus trabajos: "Coescribió la obra Museo Medea, editada por INTeatro en 2014; Integra la Comisión Provincial del Teatro Independiente de su provincia y en 2021 represento a Tucumán en la 35.° Fiesta Nacional del Teatro con Estamos grabando, obra de su autoría en la que también dirige y actúa".

-Ariane Mnouchkine dice que el realismo es el enemigo, que el teatro, como el arte, es transposición. Un pintor pinta una manzana pintada, no una manzana. Hay que hacer aparecer la manzana porque el escenario es un espacio de apariciones. ¿Cuál es tu opinión?

-Pienso que en el realismo también hay transposición, en cualquier lenguaje, creo que el problema de cualquier sociedad, de cualquier cultura, y de cualquier campo, como el teatro, son las referencias únicas, las representaciones únicas. El teatro podría ser el territorio de la aparición de muchos modos de existir, de otras lógicas de transponer o traducir, un territorio de juego con ideas y sentidos y experiencias, siempre incompleto y fallido y siempre por eso tan atractivo. Es tan evidente su artificialidad que ahí reside para mí uno de sus tesoros. Me queda lejana la cita de Mnouchkine, el enemigo estaría en una zona que excede y que incluye al teatro, en lo que se nos impone como relato.

-¿Qué cosas han influido en tus trabajos? ¿Podrías comentar en qué sentido crees que han podido tener un efecto en estos?

-Un montón de cosas, el tiempo, el lugar donde vivo, las experiencias personales y colectivas, mi mirada política del mundo. El feminismo en repensarlo todo, las lógicas de los vínculos, de trabajo, de producción y de poder. Mi formación en la facultad… ufff, difícil en pocas palabras. Las clases de danza contemporánea que tomé varios años me han habilitado a desarmar cosas, estereotipos, ideas de actuación, ideas de movimiento, atravesar conexiones arbitrarias, pensar la escena de un modo más amplio, más mezclado. La fotografía también en mis modos de mirar y mirar como miro. Mis otros trabajos siguen influyendo, porque no vivo económicamente del teatro, y por suerte me han permitido andar por donde el teatro no me lleva: la pobreza, el campo y los campesinos (otro largo capítulo aparte de influencias). Ser mujer, ser tucumana y tener 43 años, estas cosas tienen efecto en algo así como construir conciencia de clase y de género y situarme lo más honestamente posible. Hacerme preguntas.

-Tu infancia, tu adolescencia, ¿estuvieron vinculados con el arte, con el teatro? ¿Qué pasaba en tu casa en este sentido?

-En mi casa era común hablar de arte o de oficios artísticos, siempre estuvieron presentes el teatro y la música porque mi papá era músico y sonidista, técnico del teatro de la provincia y de grupos independientes como Nuestro Teatro. Los domingos hacíamos obras en el fondo de mi casa. Mi mamá era docente de la carrera de teatro y mi hermana mayor también es actriz. Mi abuela que vivía con nosotros había sido docente de dibujo y mi tía pintora. Empecé a hacer teatro a los 14 años y a los 18 había elegido estudiar Licenciatura en Historia, pero me decidí a entrar también a la carrera de Teatro un mes tarde por insistencia de mi mamá y de mi amiga Marina, dejé Historia.


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