DE PASEO

La amazonia tucumana: descubrieron un paraíso tropical que nadie se detiene a observar

La naturaleza de Tucumán sigue maravillando: todos los días miles de personas pasan por ahí pero pocos se bajan a disfrutar o a concoer de cerca este espacio. Sin embargo, esta familia encontró su oasis en el desierto.

02 Feb 2022 - 18:14

Afortunadamente, una de las ventajas de vivir en un lugar como Tucumán es la gran riqueza en materia de naturaleza que se ofrece a sus habitantes, y generalmente a pocos minutos de cada una de sus urbanizaciones.

Y es que la mayoría de los tucumanos y tucumanas conservamos al menos un par de recuerdos de esos lugares mágicos a los que fuimos llevados en la infancia por nuestros padres, abuelos, u otros adultos responsables. Y ni hablar de aquellos que han tenido la dicha de criarse en medio de la naturaleza, que hoy en día ven esa posibilidad tan lejana.

Sin embargo, existe la posibilidad de afinar el ojo y encontrar en el paisaje cotidiano esos pedacitos de mundo que no han sido explotados por las grandes concurrencias de personas. Este es el caso de Juan y María Paula, quienes sin querer queriendo y explorando un poco los márgenes de su Tucumán, decidieron conocer de cerca ese lugar por donde siempre pasaban: el río Aranillas.

Si nos movemos hacia el sur de la provincia y nos adentramos hacia el departamento Monteros, pasamos por una localidad que es paso obligado a los cerros tucumanos y que Atahualpa Yupanqui nombraba tan bien en su zamba Lunita Tucumana: Acheral. Esta comuna, tiene en su entrada un río que pasa casi desapercibido pues el puente que está ubicado sobre la RN38 no es tan imponente y no permite frenar para observar. Sin embargo, si nos adentramos por uno de sus costados y elegimos descender hacia el agua, podemos encontrarnos en la selva tucumana en dos segundos, y así lo descubrieron Paula y Juan:

Es un paraíso y nadie va, cuando pasas la entrada de Acheral, pasas un puente que dice Río Aranillas y ahí se ve la entrada. Desde la ruta se ve, te bajás ahí, vas por un caminito de tierra que desemboca en el río, no es lo más cómodo para entrar, hay mucha selva, mucha yunga, es maravilloso” le explica María Paula a eltucumano.

Después de dejar en claro que es un lugar tranquilo pues nadie acude con música a alterar la paz de la naturaleza, explicó las maravillas que ofrece este anchísimo y tranquilo campo de agua: “Es un lugar de solo arena, se arman unos bancos de arena buenísimos, no hay piedras, hay vegetación exuberante, el agua es cálida realmente, no es fría, milagrosamente no hay basura a los márgenes que es algo que se ve mucho en los ríos más populares lamentablemente”.

Mucha vegetación que cubre el agua, árboles imponentes, plantas de bamboo, perritos que juegan en el agua y cruzan de una orilla a la otra, y mucha calma: “De ese lado al menos no hay desechos, me dijeron que del otro lado del puente si se arrojan desechos industriales. Está bueno que la gente tenga contacto con sus ríos y su propia naturaleza sin contaminarla ni con basura ni con sonidos que alteren la zona”.

En medio de esa amazonía tucumana que está al lado de la ruta, una pequeña familia como la de María Paula, Juan y su hijo Martín (4), encontró una manera de vivir el verano tucumano en paz y en puro contacto con la naruraleza. Nadar, jugar y disfrutar del agua sin mayores complicaciones es un paso obligado de sus fines de semana, tal cual se acostumbraba a hacer desde siempre. ¿Lo visitarías?

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