HISTORIAS DE ACÁ

“Ella es hermosa, ella es mi mamá”: las enseñanzas de María Adela y la mirada que conmueve

La foto que moviliza al Barrio Oeste II y la esperanza que se dispersó desde una casa muy pobre y una “pobreza preciosa” en la Mendoza al 4.000 a la escuela Nueva Esperanza, que hoy relata Stella Maris, una de sus hijas. De la lección a una patrona a la revolución de amor con los alumnos y con cada persona que se ha cruzado con su don.

16 May 2021 - 12:30

La mirada de María Adela.

“Ella es hermosa. Ella es mi mamá”. El texto que acompaña la nueva foto de perfil de Stella Maris Quiroga no se deja de compartir en Facebook. La mirada de María Adela Bigón, con sus 82 años a cuestas, realmente conmueve. Es la mañana del domingo y Stella Maris, una de las siete hijas de María Adela que también luce una postal con su madre en su foto de perfil de WhatsApp atiende al diario eltucumano para hablar con el pecho henchido de orgullo de su mamá, de la luchadora que le ha enseñado todo de la vida y de la superación y también de la Fe y por eso ahora reza para que ‘la mamá’ pueda vencer al Coronavirus y volver a tocar todas las vidas que ha tocado.

“Mi mamá vive con mi hermano en el Barrio Oeste II. Él trabaja y no sabemos si él la contagió a ella o si ella a él. Eso no importa en realidad. Les cuento: mi mamá se colgaba en el pecho el alcanfor envuelto en una gasa y le ponía una trabita y nos agarraba en la ropa interior. ‘Ahí lo llevás’, te decía. Ella ya ha pasado pandemias en su niñez: la madre hacía eso y cuenta que nada los tocaba a los que se ponían eso, y por eso ella nos lo ponía a nosotros. La madre sabe”, afirma Stella Maris que no deja de emocionarse al hablar de su mamá.

Mamita, por favor”, le suplicaban que tenga todos los cuidados sus hijos cuando María Adela se iba al súper. “Agarraba el carrito y salía por el barrio a comprar”, relata. “Por suerte mi hermano la está llevando, tuvo unos estornudos nomás y al principio perdió el olfato, pero ya está bien”, aclara sobre el estado de su hermano Horacio, aislado con su madre mientras lucha contra el Coronavirus, que también ha afectado a otra de sus hermanas, Silvia. “Pido oraciones por ellos también”, agrega rápidamente.

“Mi mamá tiene un problema neurológico, pensábamos que era eso. Mi hermana la buscó y la llevó a su casa en Yerba Buena, y hoy ella también está aislada. Empezó muy mal la mamá: siento que el virus entra y busca tu parte más débil, eso analizo ahora que lo vivimos de cerca. Si tenés un problema en el estómago, te destroza ahí. A mi mamá le atacó la parte neurológica: se ha perdido, fue toda una situación. Ahora está medicada, controlada, con medicación con vía, suero y todos los análisis”, detalla tras exponer su teoría Covid y celebrar la mejoría de su mamá.

La familia decidió de forma conjunta no internar a la mamá cuando aparecieron los síntomas: “No queríamos que esté sola con las enfermeras, en una habitación vacía, se iba a morir de soledad”, decidieron, así que quedó a cuidado de una de sus hermanas, aunque entre todos ayudan, colaboran y se reparten las tareas para hacer frente a este brote familiar que los tiene en vilo.

Desde su departamento en avenida Belgrano al 3.300, Stella Maris no duda en señalar que en toda su familia “somos muy creyentes, de toda la vida” y que eso es obra de que “la mamá ha sembrado amor a Dios en cada uno de nosotros” y que por eso hoy junto a sus hijos y nietos “estamos todos en constante cadena de oración”.  

“Eso es lo que escribí: cuando uno se acerca y le habla a Dios, sobre todo en momentos de aflicción, sentís que tu corazón está abrazado por él. Dios ha sido muy generoso con nosotros, con mi mamá en este momento. ‘Señor, en tus manos’ decimos, y aceptamos la voluntad de él. No me puedo quedar a llora, con la fuerza del corazón yo sigo”, subraya.

La pobreza preciosa

“La mamá ha sido siempre una luchadora, en todas las vidas que a ella le ha tocado: de niña, de adolescente cuando se casó con mi papá, el gran amor de su vida y con quién festejaron sus bodas de oro. Don Fermín Horacio Quiroga, el amor de su vida que falleció en 2017, dos luchadores. Fuimos sumamente pobres, de esa pobreza que un día no tenés para comer y la panza se estruja del hambre. Nosotros la sentimos, cuando vivimos en una casa larga de la calle Mendoza al 4.000. Mi abuela y abuelo vivían adelante, los tíos en el medio y nosotros atrás”, recuerda con lujo de detalle.

Stella Maris explica así que su mamá “salía a lavar y planchar ropa” y que su papá era barrendero municipal hasta que fue a trabajar como cuidador del Parque Guillermina. “Yo tenía 9 o 10 añitos y sentía que era la dueña del parque. Mi madre sigue lavando y planchando para que estudiemos dentro de esa humildad, de esa familia pobre”, señala. Afloran así las enseñanzas de la mamá que tanto les ha enseñado y hoy sigue luchando. “La pobreza no es mala, lo malo es no tener dignidad. Nosotros vivimos una pobreza preciosa, con mis padres y abuelos que nos enseñaron muchísimo y fueron mis primeros maestros, perfectos. Me enseñaron todo de la vida y de Dios, ellos sembraron eso”, sentencia.

“A mi mamá todos la amaban, nació con un don impecable, un don que trasciende. Adónde iba a lavar yo la acompaña y así nació ese nexo muy fuerte entre nosotras. Siendo niña, recuerdo que ella estaba en una casa de avenida Mate de Luna, viene la patrona, la dueña de casa y le dice:

María, le traigo esta tacita con la merienda y esta tortillita; convídele a su hija no tengo para ella, no sabía que la iba a traer’.

Mi madre terminó de planchar, dobló toda la ropa, guardó la tabla, me da la mano, no toma la merienda y se pone para irse.

María no ha tomado lo suyo’, le dijo la señora.

La mamá respondió: ‘No señora, muchas gracias, muy amable usted. No me pague: esta merienda usted la necesita, la plata también, si no le alcanza para una tacita para mi hija usted necesita más que yo’ y nos fuimos.

"Eso aprendí yo. Mirá el mensaje de una mujer que lavaba ropa y planchaba”, precisa emocionada.

Las enseñanzas de María Adela no terminan allí. “Ella iba y evangelizaba adónde iba. Cuando nos entregaron el departamento en el Barrio Oeste II tuvimos por primera vez baño instalado, canilla en la cocina, una pileta cuando antes teníamos un balde, habitaciones, todo. Al año ella entra a trabajar en la escuela Nueva Esperanza y hace allí una revolución. Ha sido un hada madrina de todos los niños, docentes y padres. Siempre muy honesta, y esa honestidad la llevó a crear lazos tremendos con la gente”, asegura.
 
“Una vez íbamos juntas caminando, llegando al Oeste II. Cuando estábamos llegando a su departamento, viene un chico corriendo con un arma, a asaltarnos. Estaba drogado. La mira a mi mamá y le dice ‘doña María, perdonemé, yo no la he querido asaltar, yo nunca le voy a hacer daño a usted que me ha dado de comer a mí y mis hermanos”, recuerda.

Han pasado entre nueve y diez días desde que María Adela se ha contagiado. “La mamá está batallando”, sostiene su hija. “Ayer se levantó con el suero, come bien. Hoy mandaron un mensaje avisando que no tenía apetito, pero está con muchos medicamentos. Está respondiendo bien al tratamiento. Esto es una agonía constante. No queríamos que quede solita en un hospital, ella está respondiendo mejor y también es por las cadenas de oración, que la hacemos extensivas a muchísima gente que la está pasando mal y aquellos que no toman consciencia y no se cuidan. Tenemos que cuidarnos más”, cierra con el parte médico de su mamá. Su hermosa mamá.




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