La psicopedagoga Cecilia María Lozano escribe sobre cómo enseñar valores a los más pequeños.
Ser justos, solidarios, empáticos, honestos, ¿Cuántos de estos valores están impregnando en nuestros hogares?
Los bebes no nacen siendo malos o buenos. Se hacen. Esa conciencia de lo que es la honestidad o el amor respetuoso se moldea, se construye por nosotros con lo que decimos y sobre todo con lo hacemos. Porque para poder enseñarles valores, hay que dar testimonios.
Los niños aprenden lo que viven:
- Si un niño es juzgado, aprende a criticar
- Si un niño vive en un ambiente de hostilidad, aprende a pelear
- Si un niño vive injusticias, aprende a no ser justo
Cuantas veces pretendimos que nuestros hijos sean honestos cuando vos, adulto, no lo sos. Cada papá y mamá, juntos o separados, elijen para su vida una escala de valores priorizando que es lo importante que sus hijos aprendan.
Las actitudes ante la vida, el uso responsable de la libertad y el desarrollo de la personalidad se forman en la familia. Esta enseñanza no se realiza a través de charlas, se hace de forma espontánea, a través de vivencias cotidianas. Y aquí puedo decirles, que podemos usar los recursos a mano para poder hablar sobre ello. Cuentos, películas, situaciones, experiencias, para poder encauzar una linda conversación, muy necesaria, ayudando a nuestros niños. Pensando y sintiendo cuáles son las acciones que quisiéramos que ellos hagan realidad.
Todo lo que los padres hagan o dejen de hacer en la familia transmitirá un mensaje que los hijos serán capaces de interpretar y traducir a su interior. Se enseña más con los hechos que con las palabras.
No pretendan que sus hijos sean obedientes, honestos, empáticos y justos, cuando en su vida diaria no lo ven o no lo escuchan. Nos detengamos, pongamos en pausa esa película y miremos como es nuestro hijo, como es con otros, y ahí descubriremos que hicimos con él. No pretendo ser la jueza, sus hijos lo serán. Sólo intento que, desde mi lugar, los pueda llevar a congelar la imagen y reflexionar tomando nuevos caminos si es necesario. Si no te gusta lo que ves, cámbialo. Si te agrada lo que viste, reforzalo.
Acciones, ejemplo, comunicación, límites y con énfasis, sean coherentes en lo que dicen y con lo que hacen. Nunca es tarde. Si se pude.
Llenemos sus mochilas de momentos memorables porque la infancia es una y sus huellas son imborrables.