ENTRE LÁPICES Y EMOCIONES

La grandeza del perdón

La psicopedagoga Cecilia María Lozano nos invita a reflexionar sobre el perdón de los niños.

18 Dic 2020 - 14:02

Hoy quiero mostrarles, poner en pausa la escena, remirar la película, y detenernos en el acto del perdón. Cuantas veces presenciamos situaciones de peleas entre niños para luego escuchar “perdóname” o, sin decirlo, están jugando nuevamente. Podríamos llamar a esto una habilidad emocional donde reconocer el error y arrepentirse son los pasos iniciales y fundantes para la disculpa.

Un niño que pueda reconocer su error es un hijo que tuvo la oportunidad y un adulto que pudo sostener y proponer tal experiencia. En un ambiente de diálogo y donde errar es parte de la vida, el niño se siente confiado y cómodo. Es que puede decir, y aquí hablo de poner en palabras, “perdóname”.

Yo pregunto, y a modo de dejar más preguntas que respuestas, ustedes adultos
¿pueden reconocer el error, cuando así lo fuese? ¿Somos capaces de arrepentirnos y decir las palabras reparadoras (así las llamo yo) perdóname?
¿decimos estas palabras en frente o dirigidas a nuestros hijos? ¿Nos mostramos con ellos, faltantes?

Y, por último, ¿el perdón es sincero? porque me permito decirles que, sin intención de cambio, no hay sinceridad en las disculpas.

Cuando piden perdón a alguien -y lo haces sinceramente- significa que te has detenido a pensar en cómo puede haberse sentido esa persona por algo que tú has dicho o hecho. Cuando te detienes a pensar en los sentimientos de otra persona, empieza a saberte mal tu comportamiento. Y si has hecho algo que sabías que estaba mal, es posible que hasta te avergüences de ello.

Entonces, para llegar a esta capacidad, de reconocernos en la equivocación, fue necesario desarrollar la empatía. Esto que nos permite ponernos en los zapatos del otro, y pensar ¿si me lo hicieran a mí? ¿cómo me sentiría?

Habiendo intentando mostrar los ingredientes, paso a decirles:

*Para que un niño desarrolle la empatía tuvo que tener un adulto que se le enseñase
*Cuando el niño reconoce el error es porque en su ambiente se lo dejo equivocarse y arrepentirse sin extremas consecuencias o castigos excesivos. Es decir, se les brindó confianza, se los dejaron errar.
*Un hijo que pide disculpas fue porque lo hicieron con él (sus padres no dudaron en disculparse cuando estaban equivocados)

Podemos caer en el error de pensar que la mejor forma de enseñar a nuestros hijos a pedir perdón es exigirle y empeñarnos en ello. Sin embargo, esto puede ser muy contraproducente. Con la edad, y si damos ejemplo, acabarán por aprender este comportamiento, pero lo más importante es que habrán aprendido muchas otras cosas por el camino.

Que maravilloso sería que, en este paso terrenal, podamos reconocer nuestros errores, sentir como siente el otro, ponernos en su lugar y pedir perdón. Se siente lindo, en el alma, en lo profundo.  Y no olvidemos que perdonar, también nos da grandeza.

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