HISTORIAS DE PANDEMIA

“Me pasa todo el tiempo y no sé qué es”: el extraño caso de Ana en La Cocha

Recuerda que todo empezó el 20 de junio porque era el Día de la Bandera: fue a ver médicos, siguió con sus órdenes, pasó por diversos diagnósticos, pero no hay caso: "Lo sufro las 24 horas los 7 días de la semana". ¿Qué tiene?

02 Oct 2020 - 21:11

¿Qué le pasa a Ana?

“Hola... ¿alguien que haya tenido lo mismo que yo? Hace 3 meses estoy con vértigo y mareo constante todo el día. Ya fui a médicos otorrinos pero todavía no encuentran solución. ¿Alguien que le haya pasado que me cuente su experiencia por favor? ¿Y con qué profesional fueron?”

“No puedo dormir. Estoy pensando en eso todo el tiempo. Estos tres meses que venimos padeciendo han sido terribles. No se lo deseo a nadie. No puedo hacer las cosas. Es un mareo 24/7. Así como te lo digo: me pasa las 24 horas los 7 días de la semana. Es un vértigo que siento todo el día. Al principio ni me podía levantar de la cama. Y tengo un hijo de 5 años”.

Ana Méndez habla esta noche con el tucumano desde su casa en La Cocha: hoy es viernes, pero ese ya es un dato intrascendente desde el 20 de junio: “Lo recuerdo por el Día de la Bandera. Ya no hay días buenos desde entonces, solo días malos y muy malos. Estudio Psicología. Tengo un hijo de 5 años de quien tengo que ocuparme. Pero las primeras semanas no podía ni ayudarlo. Es algo que tengo que me hace sentir incapacitante, invalidante”.

El derrotero de consultas, llamadas, órdenes, recetas, pastillas, diagnósticos y la mar en coche no ha cesado en Ana, quien ha apelado al clamor popular y a la empatía de la gente que lee una publicación sincera como la que encabeza esta nota. Ante la incertidumbre de saber qué nos pasa, un alivio es saber que no somos los únicos: “Pasé por varios médicos. Todos apuntaban que era el oído. Descartaron algo cervical, neurológico, me hicieron pruebas de imagen, pruebas de equilibrio. Todos decían: ‘Es el oído’, ‘Es el oído’, ‘Es el oído’. Pero no es el oído”.

“Empecé con un diagnóstico de un virus en el oído que finalmente no fue tal. Estuve empastillada. Tomé hasta cinco pastillas por día. Esas pastillas me daban mucha somnolencia. Te estoy hablando de todo lo que viví a fines de junio y principios de julio. Para colmo, mi tema me veían mis médicos de acá de Alberdi y si me derivaban no me animaba a viajar lejos. Este tema del Coronavirus tampoco ha ayudado y me ha frenado mucho por el miedo. Antes aquí en La Cocha o en Alberdi no había casos. Estaba tranquila. Pero todo cambió”.

Ana empezó a sondear entre los conocidos, familiares, médicos y amigos: “Me decían: ‘Si un médico no te da soluciones, buscá otro otorrino’. Me fui con el otro médico que me dijo: ‘El vértigo se produce porque te salen los otolitos del oído’. Me deriva con una fonoaudióloga que es la única que lo hace en San Miguel de Tucumán. Voy a verla y me dice que no es eso. No me pueden acomodar los otolitos. Me dice que no era eso. No sé qué es: el oído, la cervical, el encierro. Mi hijo de 5 años sufrió mucho los problemas respiratorios y a veces no duermo pensando en todo esto que estamos pasando. Pensé en ir a un psicólogo, indagar si es por ahí. Estaba medicada y decidí yo mismo dejar de tomar las pastillas porque me hacían mal a la panza. El médico me felicitó por dejarlas”.

Ana no duerme bien de noche y anda con sueño todo el día: “Me cuesta bastante con el sueño. Si no duermo a la siesta, no funciono en lo más mínimo. Pero lo mismo esto es un calvario: no poder enfocar bien nada. Muevo la cabeza y viene el mareo. Estando sentada o acostada no me pasa nada. Pero ahora me está pasando: al mover la cabeza, al levantarme, al ir a buscar algo, viene. Hay movimientos involuntarios de los ojos que me produce el mareo. Siento como si tuviera algo suelto. Me dio unos movimientos para hacer, pero no se me pasa”.

El extraño caso de Ana en La Cocha merece la última reflexión antes de aclarar que cualquier ayuda que puedan tener con ella para saber qué es lo que le pasa será bienvenida: “La verdad que es horrible lo que me pasa. No se lo deseo a nadie, ni al peor de mis enemigos. No me puedo enfocar en nada. Empiezo mis trabajos prácticos, pero me cuesta. Siento que si me quedo, me quedo para siempre. Y no quiero eso. Eso sí que no quiero”.



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