HISTORIAS DE ACÁ

El Escolar: viaje a la infancia tucumana que se extraña más que nunca

Fabio Salinas tiene 50 años y todos los días esperaba en la puerta de su casa la llegada de ese colectivo enorme con Don Carlos al volante y un conejo Bugs Bunny pintado. Cómo eran las cosas antes, qué se escuchaba, al lado de quién se sentaban, a qué jugaban y cuál era la golosina preferida.

30 Abr 2020 - 12:12

Fabio y su hermano Sergio, y El Escolar. Las fotos son gentileza de la familia Salinas.

Cuando escuchaba la bocina de Don Carlos, Fabio Salinas abría la boca grande para apurar el último bocado del almuerzo del mediodía, se calzaba la mochila de tela, le daba un beso a todos, se volvía a buscar la viandita para la merienda, cruzaba el rosedal de la entrada y salía a la calle con su hermano tres años mayor para subirse a ese colectivo grande que venía por las calles de Yerba Buena levantando tierra.

Fabio y su hermano Sergio esperaban que el colectivo pintado a mano de letras grandes que decía El Escolar frenara en la puerta de su casa: el número al costado decía 68 y un conejo Bugs Bunny era la marca distintiva del transporte escolar autorizado.

“Nacimos en la Maipú y Uruguay. Mi hermano Sergio, tres años mayor, ya iba al jardín de la Escuela Presidente Roca. A los dos años nos mudamos a Yerba Buena, pero seguimos yendo toda la primaria a la misma escuela. Ahí conocí al transporte escolar, ahí fueron los primeros viajes para mí como para miles de chicos”, recuerda Fabio.

Hace 50 años, la edad de Fabio, la Escuela Presidente Roca tenía la entrada por 25 de Mayo y Sarmiento, lo que es hoy la entrada de la Subdirección de Deportes, pegada al Complejo Ledesma. “Luego, durante la época de los militares, la escuela se trasladó a la 25 y España. Es decir: nos mudamos de casa, pero no de escuela, con todo lo que eso significaba”.

“Como se ve en la foto, Yerba Buena no es lo que era ahora: mucho había de descampado, pobre de casas, nada que ver con la zona que es hoy”, describe Fabio y menciona por primera vez la foto que subió al grupo de Facebook Porqueno? creado por Augusto Gallucci, el grupo boom de la cuarentena tucumana.

“Mi padre era aficionado a la fotografía. Esa foto que me toma a mi y a mi hermano es en la esquina de Paraguay y Panamá, perpendicular a la avenida Aconquija al 700, una cuadra más es la calle Las Rosas, cerca de Canal 10 y la Iglesia de la Caridad. El transporte era muy lindo, grande, creo que un Mercedes Benz, super arreglado, sobresalía porque estaba siempre impecable. Era un lujo: nos llevaba a todos de Yerba Buena al centro”, recuerda Fabio.

Como se aprecia, nuestro protagonista subía por la puerta del lado del conductor, de Don Carlos, un hombre morocho retacón que vivía por la Lidoro Quinteros, la de Los Toldos, junto a su esposa Gladys, una señora de pelo rubio que hacía las veces de azafata mientras los chicos de la Presidente Roca, de la Mitre, de la Obispo Molina y las chicas de la Santa Rosa iban arriba del transporte.

“Entre los chicos de distintas escuelas estaba esa linda rivalidad: las escuelas, San Martín, Atlético, adentro eran ‘batallas campales’, siempre había alguien a quien ese día lo agarraban de punto, un tincazo. No falta la chica que a uno le gusta… No estaba definido el lugar que cada uno ocupaba, no es como en el aula que uno se afinca en un banco. Nos sentábamos donde podíamos y viajar era un gusto, escuchando la radio, LV7 o LV12, informándose, o también con música”, detalla, con los ojos cerrados, mientras busca más fotos tomadas por el señor Salinas, su padre.

“En esa foto tengo unos seis años, estoy con el delantal. Son cosas que le agradezco a mi papá y cosas que comparto con los amigos para que repitan con sus hijos. Siempre les digo: ‘Todo lo que vos hagás ahora, permanece’. No es lo mismo la foto con el celular que la foto en papel. La foto en papel permanece, es diferente. El otro día me he puesto a borrar fotos y nunca más las recuperás. El álbum de fotos de papel es importante porque el álbum queda”, destaca Fabio parado en la misma calle de aquel día de su infancia.

“Es un momento histórico para mi vida: iba turno tarde, nos buscaban a la una, entrábamos a las dos, el transporte hacía avenida Aconquija, Mate de Luna, se subían los Combes, El Pájaro Díaz, los Poliche, los que iban a la Mitre… Así íbamos y cuando volvíamos, antes de llegar a la casa, teníamos una parada detrás del parque Avellaneda, cerca del cementerio: ahí comprábamos las naranjitas de plástico que traían juguito: las tenías que morder, sacarle el cabito de plástico y con un canutito y salía el juguito".

"Tampoco faltaban los helados cuando hacía calor y los jugos Cootam eran de más grande ya, en la Expo. A la Expo ya íbamos caminando. O a séptimo grado ya íbamos en el colectivo para empezar a prepararnos para lo que venía, para el mundo de los grandes, para todo lo vendría después sin dejar nunca de olvidar esa época, más linda, más sana, distinta”.

Antes y ahora: Fabio en la misma esquina de Yerba Buena, 45 años después.

Fabio en el rosedal de la casa familiar.

Fabio en la esquina de siempre: Paraguay y Panamá.

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