Doña María Medina tiene 71 años, vive en Concepción y hoy a las 8 de la mañana debía llegar a San Miguel de Tucumán para cumplir con su tratamiento oncológico. Se despertó a las 4 con su nieta Anabella, fueron a la Terminal de Ómnibus y lo que pasó a continuación es indignante.
María y Anabella, abuela y nieta, siempre juntas.
A las 4 de la mañana sonó el despertador en el celular de Anabella Medina. Despertó a su abuela María, de 71 años, se prepararon para salir y a las 5 ya estaban en la Terminal de Ómnibus de Concepción: “A las 8 teníamos turno con el médico en San Miguel. Cuando llegamos a la Terminal nos dijeron que no estaban saliendo colectivos desde Concepción y que a las 6.30 venía uno de Alberdi”.
Protegida con su barbijo, debilitada por el tratamiento oncológico que realiza en nuestra Capital, la abuela María esperó una hora y media, a esa hora, con este clima, en la Terminal de Concepción hasta que a las 6.30 apareció el colectivo de la empresa Tesa que llegaba desde Juan Bautista Alberdi. “El colectivo ya venía semilleno. Antes que nosotras dos ya habían subido personas que esperaban en la fila. Quedaba un asiento libre y otro estaba ocupado por una guitarra. Cuando íbamos a subir con mi abuela, el chofer nos dijo que no podíamos”.
El silencio abrumador por la hora del viaje (6.30) se hizo todavía más grande cuando Anabella, la nieta de María, subió a constatar lo que le decía el chofer del Tesa que venía de Alberdi: “Cuando veo, quedaba un solo asiento libre y otro iba ocupado al lado de un chico. La guitarra iba guardada en su estuche. No es que se iba a rayar o algo por el estilo. Entonces le pregunté al chofer señalando ese asiento: ‘¿Me puedo sentar ahí?’. La respuesta que me dio el chofer fue: ‘No, el pasajero pagó el boleto de la guitarra’. Ningún pasajero salió a defendernos. Y el dueño de la guitarra se hacía el dormido”.
No hace falta aclarar pero nunca está de más decirlo: el pasaje de colectivo desde Concepción a Tucumán cuesta 180 pesos. Un viaje en taxi supera los 1000 pesos. La única opción que quedaba era conseguir un auto rural: “Cuando bajé del colectivo no le dije nada a mi abuela de lo que había pasado. Le tuve que decir que estaba lleno, que no había más asientos para que viajáramos. Busqué un auto pirata, pero no están saliendo. Así que perdimos el turno. Nadie se mostró solidario. Todos iban con barbijo, nosotras también. Cero empatía, cero solidaridad, más viéndola a ella”, le cuenta Anabella a el tucumano, mordiéndose los dientes de la bronca.
De vuelta a casa sin poder ir al médico, Anabella acompañó a su abuela a descansar: “Se sentía mal, está con quimio. El próximo colectivo venía recién a las 10 de la mañana. No la podía tener tres horas ahí esperando. Nos volvimos a casa con bronca. No solamente yo quedé esperando con mi abuela. También había una chica del Siprosa y policías".
"Ellos sí tienen la necesidad de viajar. No creo que todos los pasajeros que iban arriba del colectivo hayan tenido el permiso para circular en cuarentena. Tiene que salir un colectivo de Concepción. No puede volver a pasar”, cuelga el teléfono Anabella, al lado de su abuela. Con el mismo teléfono llamó al médico para sacar un nuevo turno: es el próximo miércoles a las 8 de la mañana. Recién el próximo miércoles.