Lautaro Ríos Pastrana tiene 23 años y vive en Los Zazos donde fabrica junto a su familia el vino casero que acaba de obtener el mayor galardón en un certamen latinoamericano. Cuando no está cuidando las uvas, toca la percusión en una banda de cumbia. Esta es su historia.
En febrero, en tiempos de vendimia, en la localidad tucumana de los Zazos y a 2040 metros sobre el nivel del mar, el despertador suena a las 5.30 en la casa de la familia Ríos Pastrana. Antes de que el sol asome prepotente de fulgores entre las cumbres calchaquíes, Lautaro ya está entre las vides de la pequeña finca midiendo el grado de azúcar de las uvas. Si están óptimas, comenzará la cosecha que demandará el esfuerzo de alrededor de veinte personas, todos integrantes de la familia: su padre, su madre, abuelos, tíos y hermanos. La jornada terminará al clarear del otro día. Así comienza a gestarse “Vertientes tintas”, el vino tucumano que, de la mano de Lautaro Ríos Pastrana, obtuvo el racimo gran oro, el máximo galardón del Seminario Latinoamericano de Vinos Caseros y Artesanales que se desarrolló la semana pasada en Mendoza. En la meca del vino, Lautaro fue el campeón.
“Alegría, orgullo, satisfacción”, enumera el joven de 23 años los sentimientos que lo atraviesan tras haber consagrado al vino producido por su familia en el certamen. Y no es para menos, coronar un vino en Mendoza suena a ganar un mundial de fútbol en Brasil o de rugby en Nueva Zelanda o ser campeón del café en Colombia. Lautaro lo hizo, de ahí las emociones que ahora lo embriagan de felicidad: “Fue muy emotivo el viaje porque fui el único que trajo una medalla para Tucumán. No cualquiera gana un premio y menos en Mendoza que es la cuna del vino, ahí compiten más de cien botellas. Es una satisfacción enorme para mí, para mi familia y para mis profesores a quienes les agradezco porque me enseñan mucho en el tema del vino”.
Lautaro cursa el tercer año de la Tecnicatura en Enología y Viticultura del Instituto de Enseñanza Superior de Colalao del Valle. Con apoyo del Ministerio de Educación de Tucumán logró viajar junto a otros pequeños productores tucumanos al seminario de Mendoza donde su vino compitió contra otros procedentes de Chile, Bolivia, Perú y Argentina. El año pasado, en el mismo certamen, ya había obtenido la medalla de plata. “Es muy sacrificado para el productor porque hay que cosechar de seis de la mañana hasta las seis de la mañana del otro día, hay que buscar quién ayude a cosechar y a moler la uva. Para nosotros vender el vino nos sirve para llevar el pan a la casa”, cuenta el joven productor.
La pequeña bodega familiar en Los Zazos arrancó hace diez años por iniciativa de su padre, Roberto Ríos, quien consiguió una cepas de Malbec procedentes del Valle de Uco, en Mendoza. El “Vertientes tintas” nació el año pasado como un vino tinto casero que Lautaro fue mejorando con lo que aprende día a día en la tecnicatura. El nombre le viene de una vertiente que atraviesa la finca donde crecen las uvas. En el proceso de producción y venta de los vinos participa toda la familia, sobretodo, sus padres y sus tres hermanos menores.
“Este premio es muy importante porque nos hace dar cuenta de que vivimos en un lugar privilegiado por el clima y por la altura, eso le da ciertas características y personalidad al vino: color, sabor, aroma. Estamos muy orgullosos porque Lautaro a corta edad ha podido realizar el sueño familiar. Es algo importante para Tucumán y el desarrollo del Valle Calchaquí que va seguir creciendo en viticultura”, explica Jorgelina Pastrana, madre de Lautaro, que trata de definir al consagrado vino familiar de la siguiente manera: “No puedo ser muy objetiva, pero es un vino delicioso, aromático, con mucho cuerpo. Es ideal para deleitarse. Donde hay reuniones familiares, fiesta y alegría anda muy bien”.
Lautaro poniendo el hombro en la vendimia.-
“Es un vino que yo hice para mi familia. Mi familia me ayuda a estudiar y yo les respondo con el premio”, dice Lautaro dando cuenta de que el premio es el fruto de un trabajo conjunto junto a los suyos. El productor destaca que ha podido aplicar los distintos conocimientos aprendidos en la carrera para mejorar la calidad de su vino: “Es muy importante, sobretodo, la higiene y la sanidad de la uva. Hay que ser muy cuidadoso en la elaboración del vino porque una simple contaminación puede afectar y echar a perder el producto. Nosotros estudiamos todo lo que es higiene y seguridad”, explica en una charla con eltucumano.com después de finalizar una práctica de laboratorio.
A la hora de describir su vino y los maridajes más adecuados para acompañarlo, Lautaro, al igual que su madre, insiste en que se trata de un vino ideal para compartir: “Tiene muy buen color, aroma frutado y está conservado en madera de roble francés. Es un vino que tiene buena limpidez y es agradable. Tiene todo lo que tiene que tener un buen vino, lo recomendaría para compartir en una cena con amigos y con familia, ya sea con cabrito asado, empanadas o fideos caseros”. Una botella del “Vertientes Tintas” puede conseguirse a $350 en algunos comercios minoristas de la provincia.
Además de las vides y el vino familiar, la otra pasión del joven de los Zazos es la cumbia. Desde hace tres años que toca la percusión en la banda de cumbia “Iván y la diferencia”. Todos los integrantes de la banda son vecinos de Los Zazos. Las canciones de chamame, las cumbias y las guarachas que toca la banda suelen animar las fiestas en los valles. “Mi trabajo es en la bodega y a la cumbia la tomo como un hobby. Me gusta mucho hacer música, un día me decidí y empecé con la banda. Es un entretenimiento para mí, trabajo todo el día y tengo que entretenerme con algo y lo hago con la música”, cuenta Lautaro.
Y así va el campeón tucumano del vino por la vida, entre las vides y su néctar embriagador y la cumbia y su ritmo. Como sabemos, desde que lo cantó el poeta: Si el vino viene, viene la vida. Y si viene con premio, tanto mejor.
Mirá el video de Lautaro y su banda: