Una nueva empanadera vende sus delicias en donde la Reina supo deleitar a miles de tucumanos.
A punto de cumplirse tres semanas de la partida de Sara Figueroa, la eterna Campeona Nacional de la Empanada, alguien ocupa su lugar frente a Casa Histórica. Su nombre es Valle Leguizamón y tiene 64 años. Trabajó durante más de una década con Sara, haciendo empanadas para vender a lo largo y ancho de la provincia.
Las empanadas de Valle cuestan $25. Las vende de carne y de pollo. Descansan en un canasto de mimbre cubierto de un mantel blanco, como hacía la maestra Figueroa.
Valle se instaló hace poco más de una semana en el puesto que supo inmortalizar la empanadera reina, bajo la sombra del toldo de una tienda de productos regionales, frente a la cuna de la Independencia, apoyada a una columna de granito donde pegamento gastado aguanta un afiche de papel rasgado que repite a tres líneas la palabra “empanadas”.
La –podría decirse— sucesora de Sara Figueroa trabaja de lunes a lunes y se turna con su compañera Mariela, de quien no recuerda su apellido. Hasta las 18 o 19, y desde las 10 de la mañana, todos los santos días. Si pasan por el Paseo Histórico, no dude en deleitar el paladar con auténtica tucumanidad.