Las motos forman parte de la vida de Hugo Lozada. Su infancia, sus amigos y la familia giran alrededor de sus vehículos.
“Ahora uno compra las cosas que quería de chico y no podía”, afirma sonriente Hugo Lozada mirando parte de su colección de motos. La mayor parte de los vehículos se encuentran en el local de autopartes El Abuelo (Av. Belgrano 1593), aunque tiene algunas en su casa, talleres mecánicos y como adorno en la vidriera de una boutique de Las Termas.
Las motos lo vinculan de forma especial con sus afectos: el taller que armó con su abuelo, sus hijas y los amigos. Atrás de cada una de ellas existe una historia. “A muchas de las motos las compre según quienes fueron sus dueños, hay muchas que son de amigos que ya no están”, comenta Hugo.
Su primera moto fue una Puma 98 comprada a los 18 años, cuarenta años más tarde posee más de 30. Lo hizo con la plata que le dejaba el taller de frenos y patines que había armado en el fondo de la casa donde vivía con su abuelo Hugo. “Mi abuelo fue el que siempre me ayudo”, recuerda a la importante figura a la que homenajeo posteriormente con el nombre de su local.
Todas las motos que compró en los primeros años de su vida fueron vendidas para poder hacer crecer su negocio. “Vendí hasta los muebles de la casa para comprar frenos y patines, con el tiempo tuve la recompensa y me pude ir dando con estos gustos”, afirma Hugo.
La vidriera del local muestra solo una parte de las más de 30 motos que posee en su colección. Desde la calle las motos llaman la atención e invitan a los transeúntes a entrar a mirar. “Siempre se acercan personas a contarme historias que ellos tuvieron con sus motos, muchas personas mayores”, comenta.
“Todas las motos que tengo funcionan”, aclara y le da arranque a una Honda Drean 250 que se encuentra en medio otras 5 más. Entre estas motos se encuentran las mimadas que son una Gilera 300, la que nunca te deja a gamba, y una BMW 1000 con su sidecar.
“La BMW me la entregaron el día del cumpleaños de 4 años de mi nieto Joaquín, lo fui a buscar con el sidecar lleno de globos y se puso como loco”, recuerda. A su nieto le gusta que el abuelo lo busque en las diferentes motos del jardín que queda a un par de cuadras.
Las tres hijas de Hugo salieron igual de “fierreras” que el padre. “Desde los seis años que mis hijas andan en moto, muchas veces subimos a llevar donaciones con ellas en escuelas de alta montaña y se sorprendían cuando se sacaban los cascos se sorprendían que fueses mujeres”, recuerda.
Pese al fanatismo por las motos de sus hijas los planteos llegaron por el caro hobby. “Ya no me dejan sacar la plata del local para estas cosas”, dice entre risas. Ahora financia el coleccionismo con la venta de mates auto cebantes, parrillas y discos que el fábrica.
Hugo se siente atraído por diferentes tipos de objetos antiguos. Colecciona billetes, electrodomésticos y tiene un par de autos pero sin lugar a duda las motos son su verdadera pasión. "Podría vender todas las motos y tener tres super modernas pero a esas les falta historia", afirma.
Su pasión por las motos es algo que lo a ha acompañado toda la vida y el logró transmitirle a sus hijas. Este fanatismo por lo antiguo tiene su razón de ser: “Lo que me lleva a coleccionar las motos es el progreso, en las viejas vos podes ver el ingenio del ser humano para poder resolver cosas complejas con pocos elementos”, sentencia.