SONRÍAN

Sacó más de 100 mil fotos y revela su secreto contra las selfies

Jorge Alderete es el último fotógrafo de los bares y restoranes tucumanos: hace 25 años recorre el centro entre parejitas, parrilladas, flashes y cortados.

02 Feb 2018 - 18:38

Jorge Alderete y su Nikon en mano: apunta y dispara desde los 90.

Jorge Alderete viene a pie bajando por calle Laprida y dobla en la esquina de la San Martín, también en contramano de los autos, hasta la puerta de Eduviges donde hasta el bachero asoma la cabeza para saludarlo: aquí, en la parrillada clásica de la cuadra, nuestro caminante es local, se quita el peso de la Nikon 3200 y, antes de encarar mesa por mesa, avisa: "Hay veces que el hombro duele, que el cuerpo pesa, pero todos los días hay que salir a enfrentar al toro".

El toro es una hermosa pareja de santiagueños que se están dando el último gusto antes de volver a su provincia esta tarde: un asado de tira para dos sobre el mantel naranja, ensalada para ella, fritas para él, otra Sprite si es tan amable, y el postre del recuerdo: "¿Van a querer una foto?", pregunta Alderete. Ella lo mira a él, él la mira a ella, sonríen y le dicen las palabras mágicas: "Sí, quisiéramos una foto".

Acto seguido, el último fotógrafo de los bares y restoranes tucumanos entra en acción: se quita la correa del hombro, calibra la cámara y le pide a él que se cambie de lugar y se siente al lado de ella, que sonrían, que la abrace: "¿A ver? Eso, así, muy bien". Y ahora: "Tomen las copas, choquen las copas, brinden por el amor, recuerden cuando eran novios, eso, así, muy bien. ¿Son de Santiago?", confirma Alderete, quien saca un talonario, anota los nombres y, como la pareja no se queda hasta mañana, les avisa: "Muy bien, chicos, en ese caso este sábado les envío las fotos por correo". La pareja lo saluda, pide la cuenta y se va.



Los enamorados que visitan Tucumán, los jugadores de Atlético en Mi Nueva Estancia, los amigos de mocasín sin media en Harris, las familias que piden pizzas en La Esquina, las amigas que van a La Leñita o al Mila bar o los artistas que colmaron Lisandro son el público de Jorge Alderete, quien desde hace casi 25 años ha andado solo en los bares sacando fotos y logrando un registro único en la provincia. "Empecé con una cámara analógica, en los tiempos de Palito Ortega y Evangelina Salazar. Debo haber sacado más de 100 mil fotos en todo este tiempo. El problema es que a algunos rollos los tuve que tirar sino yo no entraba en mi casa: eran las fotos o yo. Sería lo más parecido a un Archivo de la Nación".

La historia de Jorge Alderete cuenta que al año de haber nacido se fue a vivir a Buenos Aires, donde estudió y trabajó en diversos rubros: fue vendedor de indumentaria para peluquerías, administrativo y también vendedor de libros. Regresó a Tucumán a los 40 años y le comenzó a tomar el gusto a la cámara, luego de que su hijo incursionara por la fotografía y el diseño gráfico. "Tengo 67 años y trabajo todos los días. Hay veces que se trabaja bien y otras que está muy flojo. Yo soy el dueño de lo que hago, no tengo jefes. Anoche hablaba con un amigo que se quejaba que no tenía trabajo. Aquí todo es una cuestión de voluntad. Si hay voluntad, el resto viene solo".   

Testigo privilegiado de una de las grandes pasiones de los tucumanos como el café, el cafecito, la cafeteada, Alderete le quita el lente a la cámara, se saca los anteojos, toma aire y analiza cómo es la urbe tucumana atiborrada de cortados breves de media hora o largas sobremesas durante la siesta o en función trasnoche: "Viví mucho tiempo en Buenos Aires, una ciudad delirante. Pero Tucumán no se queda atrás: esto es un despelote, otro mundo. Yo llegué aquí con una Kawasaki y me pasé a una Zanella, tuve que bajar un cambio para acercarme a la gente y poder retratarla. No es sencillo acercarse a una mesa: a veces me han respondido mal, pero en general no tengo problemas y siempre me ha ido porque me baso en el respeto".



La pareja que ya debe estar de regreso a Santiago viste remeras coloridas y explosivas: ella a flores y él listo para la guerra. "Cuando empecé a sacar fotos la mujer tucumana usaba ropa que no veías en otros lados: ambos, vestidos, tocados. Y el hombre siempre de traje, pese a los calores. Ahora han cambiado muchas cosas: la sociedad se viste de otra manera, tiene otras costumbres y entre ellas ahora cualquiera cree que puede ser fotógrafo sacándose una selfie", reniega, y avisa que no hay ninguna posibilidad en esta vida que estire el brazo con el celular en la mano, vea su sonrisa en la pantalla y dispare.

"El único que puede sacar bien una foto es un fotógrafo profesional. Todo pasa por la composición de las fotos: hay que tener en cuenta si es contraluz, que la foto no se queme, y lo más importante es la actitud al acercarse, sobre todo cuando las parejas están comiendo, para ellos es un momento especial, le caés de sopetón y no podés sacarles una sola foto. Hay que tener cuatro o seis variantes, sobre todo si la persona no está en actitud o no tiene el perfil ideal para la foto. Acá hay que poner la caripela y lograr la foto: todos quieren salir lindos y para eso estamos los fotógrafos, construyendo momentos todos los días". 

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