Matías Sánchez Chico es el guardavidas de Tucumán de Gimnasia, una de las colonias de vacaciones clásicas para grandes y chicos. "Hay que vigilar a todos".
Matías Sánchez Chico, en la pileta que conoce desde los 9 años.
Son las dos de la tarde de este miércoles y el sol está que pela en Tucumán de Gimnasia. El escudo del club, el cielo limpio sin una nube, la pileta grande de 25 metros por 15, todo está pintado de celeste, todo excepto el único short rojo de la tarde, el que usa Matías Sánchez Chico, el guardavidas de la colonia de vacaciones que inscribió a 300 chicos en este verano tucumano.
Matías está parado bajo la garita de entrada a la pileta, le dice a un padre tatuado que no puede pasar con un apretado de jamón y queso, a una señora que se moje la cabeza, por favor, y a los chicos que le muestren el carné. A su espalda, la doctora ya revisó pies y cabezas a todos, puso el sello y aquí viene un gordo hermoso de 10 años para tirarse bomba al agua.
"Desde los 9 años vengo al club. A los 19 empecé como guardavidas. A los varones hay que seguirlos de cerca, juegan bruscamente, pero no pasa a mayores. Soy el guardavidas, pero todos los profesores de la colonia están vigilando a los chicos", dice el muchacho, quien hizo el curso en la Facultad de Educación Física en octubre, un mes después rindió y aprobó las pruebas físicas y teóricas, recibió charlas de primeros auxilios, psicopedagógicas, legales, recibió el carné y también se zambulle de cabeza al agua.
"El club es un hermoso lugar de trabajo. Las personas que vienen son tranquilas, re buena onda. Entienden que a todos nos hace calor, estamos horas y horas parado, nos ofrecen un plato de comida, un vaso de gaseosa o agua. Nos sentimos muy cómodos. Y cuando se puede, un chapuzón para refrescarse y volvemos a mirar a todos en la pile".
Mientras el guardavidas habla, la banda sonora de la pileta son el plaf de los cuerpos cuando tocan el agua, y las risas de los chicos que gritan y se pasan la pelota, mientras las madres se ponen al día en la parte más pampita, detrás de un cocodrilo verde de cemento que abre la boca y muestra su lengua.
Es una siesta tranquila en el club emblemático de Córdoba al 1100. No hay ni hubo escenas este verano de susto que motivaran la entrada en acción de Matías. "Hace cinco años, una chiquita se acercó al borde de la pileta, quiso alcanzar algo de la pileta y cayó. Entré al agua, la rescaté, tragó un poquito de agua, pero no pasó a mayores, sólo fue el susto. La calmamos y todo volvió a la normalidad".
Llega la hora de la foto, Matías se saca la remera, posa con el salvavidas rosa y redondo, y las chicas sonríen. Además de familias completas, hay muchas amigas que dejan el calor de sus departamentos y toman sol cerca del guardavidas, la estrella de la pileta desde tiempos del Facha Martel en el cine nacional o David Hasselhoff corriendo junto a Pamela Anderson por tele.
"Sí, el guardavidas es centro de atracción, pero nada más que eso. Las chicas vienen, te charlan, te conversan, somos buena onda, pero mantenemos una postura seria, si no van a decir que somos atorrantes", se ríe Matías, con 24 años, listo para la foto y las cargadas de los compañeros de trabajo: "Miralo vos a Matías, 3 de enero y ya se hizo famoso, qué grande".