El intérprete emblemático de la Muñecas entona su vida y obra: "Hay gente que me abraza, me besa, llora en mi hombro... Yo les canto siempre, si no canto me falta algo".
La voz del cantante acompaña las mañanas de miles de tucumanos.
De negro como manda el tango, bajo 40 grados a la sombra, Muñecas entre Córdoba y Mendoza es su escenario, las cortinas de tienda San Juan su telón: "Cómo son largas las semanas / cuando no estás cerca de mí", entona el poeta arrabalero, sonriéndole a la señora que pasa y le deja un billete generoso en su alcancía de sueños. El tema es Remembranza; y él es Cachito Ocampo, con ustedes: el pájaro cantor de la peatonal.
"Es uno de los temas que más me gusta y más me piden. Vienen los chicos y me dicen: 'Mi papá me tenía cansado con tangos y con tangos, pero es increíble, lo veo a usted y me gusta escucharlo y lo recuerdo a mi viejo'". Limpiándose los anteojos con el pañuelo de tela, claro, el cantor agrega: "Hay gente que se pone a llorar porque recuerda a un ser querido, porque la música le trae recuerdos. Hay gente que me abraza, me besa, llora en mi hombro... Son cosas lindas, ¿no?, que a uno le hace sentir bien".
La historia del señor tango de Tucumán empieza a los 12 años, en los actos escolares de la escuela 252, en avenida Mitre y México: "Me agarraban las maestras y me mandaban a cantar. Nací en el centro, en Heras 93. Después me fui a Villa Urquiza, a la zona de Salta y Colombia. Y ahora vivo en el centro, a dos cuadras de plaza Independencia. Nunca estuve en un lugar fijo. Es toda una vida con la música".
Con su pinta poeta de gorrión con gomina, Ocampo llega a la peatonal con su valija para la potencia, la pantalla, las pistas musicales y el micrófono: "Ahora me muevo con este aparatito, que es la nueva tecnología y muchos la están usando. Mi rutina es simple: vivo a dos cuadras de la plaza Independencia, me acuesto cantando, me levanto cantando". Desde hace unos años son así los mediodías del cantor que también anda por el bar América, el parque 9 de Julio, y llega a las iglesias "para el Ave María cuando hay un casamiento o un cumpleaños".
Pero Cachito solista no se olvida de los años de Cachito y compañía: "Trabajé con el conjunto de Aldo Grassi y los Apolos, con Tito Juárez, con Vielmetti, grabé con Morito y su saxo, mi voz está en el vinilo. Ahora me gusta evocar las canciones de Carlos Gardel, Oscar Larroca, Jorge Valdez, la música de Canaro, Alfredo De Angelis... Y del recuerdo canto Los Plateros, Camilo Sesto, Palito Ortega, Leo Dan...", remarca, mientras ahora el pañuelo le seca la frente marchita: "Aunque si lo pienso bien con este clima tendría que cantar 'Qué calor en la ciudad, qué calor, qué calor...' Tengo 68 años, pero me siento chico todavía. Me siento joven, con ganas de cantar. Si no canto me falta algo".
Lo que no falta hoy es el reconocimiento de la gente. Es una buena mañana para el cantante: hace un par de temas lo sigue un coro de astronautas de camisas y sombreros que le piden otra y otra y lo aplauden hasta el último acorde. "Hay gente que valora muy, pero muy bien mi música. Casualmente ahora, un señor me dejó 100 pesos. Una señora me dejó 300 pesos. A veces aparece algún turista, pero el turismo no es tanto. La gente más humilde es la que más aporta y más valora lo que hago".
En el mismo tono de reconocimiento, la platea de Ocampo se suma: "Siempre nos alegra en la peatonal, con la música de Buenos Aires y de la Argentina que es el tango. Siempre cuando paso por la peatonal tucumana me paro a escuchar estos temas, recuerdo mi infancia, mis padres, mi abuelo, es un mimo al alma. Lo felicito porque siempre está decorando con su canto la peatonal", cuenta Raúl Octavio Juárez, Licenciado en Historia, que siempre le pide el tango Madre Selva.
"No hay palabras para describir a este señor: es un diamante, un rubí, una esmeralda que está en nuestra ciudad, en San Miguel de Tucumán, para deleite nuestro. Sin embargo, hay gente que no lo aprovecha. Otra lo sabe valorar: tiene un repertorio omniabarcante", apunta Abraham Rahman, que no se va a ir a almorzar hasta que le cante Volver.
"Yo adivino el parpadeo / de las luces que a lo lejos / van marcando mi retorno", empieza a despedirse Cachito
Ocampo (contrataciones al 155-083283), mientras los delantales blancos de la Normal corren antes del timbre de entrada. Pero antes de guardar su mundo en la valija, se va con un deseo: "Sueños no tengo, pero lo que a mí me gustaría es cantar con una orquesta de tango que me acompañe y cantar para la gente, sí, con una gran orquesta, aquí, para todos, en la peatonal, ¿dónde más?"