Atlético Tucumán perdió la cabeza ante Espinoza, siempre provocador. Pusineri, expulsado al minuto, no encuentra respuestas. La gente puteó al árbitro y alentó al equipo, pero la situación no cambia. Es momento de dar un golpe y demostrar que 2022 no fue un oasis.
Lucas Pusineri, expulsado al minuto. (Foto: Olé)
La cara de Lucas Pusineri lo dice todo. La tuya ni hablar. El reloj todavía no marca ni dos minutos del primer tiempo, pero Fernando Espinoza ya hizo de las suyas y le pide a los gritos al técnico Decano que se vaya de la cancha. El Deca mordió el ansuelo del árbitro, perdió la cabeza y perdió ante San Lorenzo, que hizo los deberes, sigue sumando y hace mucho con poco. El técnico no encuentra respuestas, los hinchas hoy se descargaron contra el árbitro, pero no se avizora una salida y crece la bronca en 25 de Mayo y Chile.
No hubo milagro de Resurreción, huevos de Pascuas ni fiesta en El Monumental. El Decano está muy lejos de ser el de 2022 y el Pueblo Decano comienza a perder la paciencia: hoy las puteadas se las lleva el referí, provocador y soberbio como siempre, portador de los peores antecedentes cuando tiene en frente la camiseta Celeste y Blanca del Gigante del Norte. Pusineri podrá jurar por San Roque que no lo insultó, pero ya no hay besos a la estampita de la abuela que alcancen para contener la furia Decana.
La sonrisa de Espinoza al ordenar que la policía saque de la cancha a Pusineri da cuenta de su alevosía contra El Deca. Pero acá hay que hablar de fútbol, y la realidad es que tras los dos goles de San Lorenzo, El Deca mostró una tenue reacción y se puso en partido con el rebote en Nicolás Romero que marcó así su primer gol en Primera. Vamos a darle algo de crédito al técnico que afianzó al zurdo y a Brandán, aunque el cuatro hoy la pasó muy mal con los habilidosos del Ciclón.
Parecía que Espinoza anulaba el descuento, pero no. Y ahí nos volvimos a ilusionar con la remontada, con la épica, con una noche bien Decana que permita empezar a enderezar la nave. Pero cuando se venía El Deca y El Gallego Insúa (qué look, respeto) apelaba a su manual de esperar agazapado y cerrarse para que no lo lastimen (a lo San Pusineri 2022), el que todos querían en cancha vio la roja y se fue a las duchas. Ignacio Maestro Puch fue a disputar una pelota, mostró los tapones y el árbitro le mostró la roja.
Y ahí el capitán Guillermo Acosta mostró su peor cara: increpó al árbitro al que todos ya conocemos, cayó en su trampa y le dejó servida en bandeja la roja. La bronca del 8 está justificada, se entiende, te juro, si tiene sangre caliente, bien Celeste y Blanca, y le hierven los nervios cuando siente que le meten las manos en los bolsillos a los tucumanos. Pero un jugador de su experiencia y calidad no tuvo el temple que sabe y debe tener. Mal El Bebe, que mordió el ansuelo como un ídem.
Sin su técnico, sin su joya, sin su capitán, Atlético naufragó y se limitó a zafar de la goleada e intentar tímidamente alguna patriada heroica. Pero fueron los menos. Acá creo que no hay una cama -como insinuaron algunos agoreros- pero tampoco hay un derroche de huevos y no de Pascuas precisamente.
Antes de la locura, hubo -por momentos- un partido: podemos decir que Pusineri apostó por poner a Acosta y Ruiz Rodríguez en las bandas, con Mateo Coronel y Maestro Puch en ataque, con Joaquín Pereyra armando juego por el centro. No le salió bien, claro está. Después, hubo una roja y otro golazo de San Lorenzo, unas patriadas de Renzo Tesuri y Orihuela y algunos intentos de Estigarribia. Mucha bronca, poco para rescatar y demasiado para corregir.
Y acá estás vos, como siempre. Alentando al Deca, puteando a Espinoza, gritando con el alma que pasamos muy malos momentos, los buenos ya van a venir. Contra el árbitro, contra todos y a pesar de todo. Y esa Fe Decana es lo que te aferra a la ilusión que te condena. Porque hoy vas a putear y mañana vas a volver y habrá justicia. No habrá Espinozas ni equipos timoratos.
Acá tiene que haber un golpe en la mesa, un quiebre, un punto de inflexión. Hay que sacar pecho, carajo. Dale Lucas, hay que recuperar esa mística, ese fuego. Ya lo hiciste, podés hacerlo de nuevo. Con fútbol, con huevos. Y ahí, cuando el equipo demuestre que está a la altura y que 2022 no fue un oasis, vos vas a poder sacarte la mala Espin(oz)a, olvidar esta noche negra y que brille bien alto la Celeste y Blanca, arriba los corazones y tomemo somo Atlético. A seguir bancando y esperar otra vez el milagro de la Resurrección.
Algunos de los fallos históricos de Espinoza contra El Deca:
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