ANÁLISIS

El día después: ¡La Felicidad es Eterna! ¡Sean eternos los abrazos que supimos conseguir!

Se terminó el Mundial más emocionante de nuestras vidas, no nos queda más voz ni tampoco más lágrimas. ¿Nos dicen que volvamos a la realidad? Bienvenidos al lunes más feliz de todos los lunes. Cómo continúa la vida.

19 Dic 2022 - 18:31

Lionel, rey mundo.

Es la oveja en andas abrazada por su dueño en las calles de Monteros. Es el abuelo arriba del mismo tractor que había conducido en el 86. Es la plaza Independencia ronca después de tanto grito, cansada después de tanto puño apretado, sin aire después de tanto barrilete cósmico. Son las calles que se quedaron sin más lágrimas, sin papel. Es el semáforo colgado en la 24 y 25. Es la atajada de Dibu vista una y otra vez. Es que tengas miedo de verla otra vez y que no la ataje. Es la sonrisa de Lionel en los hombros del Kun, como niños, como los chicos que ayer jugaban con una botellita vacía de plástico. Es el potrero puro. Es Yerba Brava sonando en las tribunas. Es el Magic y José Cuervo abiertos para todos y todas hasta las 3 de la madrugada. Es el camino de regreso a casa, ya sin un mango, ya sin sed, con todas las zapatillas pisadas por otras zapatillas. Es el beso que te dieron. Es la purpurina en la boca que todavía te brilla. Es el día después que no asusta, que no debe asustarnos.

Es la última bocina de la noche, es esa moto que se pierde por la avenida Roca con destino incierto. Son las fotos de tu familia en la tranquilidad de sus casas. Son los videos de tus amigos que también estaban en la plaza y nunca viste. Son las lágrimas de tu hija sin voz a quien te abrazaste en medio de la marea. Son los daños colaterales que dejó la locura del final, son las manos magulladas y un dedo cortado por los festejos. Es el quiosquero de la esquina contándote que va a tener que comprar otra tele. Es el recuerdo al amigo que se fue de este mundo en la previa del domingo, es el rezo a tu viejo que está en el cielo junto a Diego. Es la cara de tu amigo que se rapa. Es la promesa que vas a cumplir a partir de este lunes porque ya sabés qué pasa cuando prometés algo y no lo cumplís.

Fue la noche del domingo más feliz de un pueblo que andaba triste. Y hoy es el irremediable despertar de lunes justo para un país que sí tiene remedio, que tantas veces lo mataron, que tantas veces me morí, que sin embargo está aquí, resucitando. Cantando al sol, como una cigarra, es un país que demostró se sana en cada abrazo a un desconocido, que se lava el alma en cada camiseta que se regala al otro sin chomba, que agradece cómo bombea el corazón después de lo vivido ayer. Lo dice nuestro capitán y amo absoluto de este sueño hecho realidad: “Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos”. Es decir, una vez más este país ha demostrado de lo que es capaz de hacer cuando se une y se deja de pelotudear. El escritor Ariel Scher decía que si solamente tenemos una pelota en la cabeza nos convertimos en pelotudos. Quizás este sorbo de soda helada que trajo el sodero con la voz ronca sea el comienzo de una nueva ilusión. ¿O ya no nos volvemos a ilusionar, muchachos? ¿O ya no nos volvemos a ilusionar, muchachas?

Como dice el dibujante Liniers este lunes: “Cuando despertó, la copa todavía estaba allí”. O sea: eso que tanto soñamos, eso que tanto anhelamos, eso que tanto deseamos, eso que tanto quisimos, a todo eso lo tenemos. Y pensemos por un instante podríamos no haberlo tenido. Pensemos por un momento qué lunes sería hoy si ayer hubiéramos perdido. Pensemos con qué ánimo veníamos al laburo, con qué cara le pagábamos al sodero, con qué humor planificábamos las Fiestas. Pensemos solo por un segundo cómo haríamos para ponernos nuestras vidas al hombro como el Kun a Lionel, vidas en un país que muchas veces pesan más que una copa del mundo. Soñar con ser mejores nosotros, vos, yo, él, ella, todos y todas, ese es el sueño que a partir de ahora debería unirnos a quienes no jugamos, a quienes besamos copas que simulan ser de oro pero que no lo son.

Nosotros no jugamos, pero nadie va a venir a decirnos que no deseamos, que no alentamos, que no hemos puesto toda nuestra energía en esa imagen de Messi con la Copa del Mundo en sus manos. Nadie va a venir a cuestionarnos cómo disfrutar de una felicidad más merecida que por ningún otro pueblo. No jugamos en la cancha, pero sí en las calles. No hacemos los goles, pero sacudimos las redes y así conmovemos a esos muchachos que sí jugaron en Qatar. Porque las lágrimas de Scaloni son las del changuito salteño llamado José, porque las abuelas lalalalá volvieron a convertirnos en aquellos niños de mate cocido con pan, manteca y azúcar, todo un desayuno de campeones para esta hermosa mañana, ¿verdad? Hemos despertado este lunes con el pecho más inflado que cualquier otro día. ¿Quién va a venir a desinflarlo? ¿Quién va a venir a decirte que vuelvas a la realidad? Si esa realidad te duele, ¿qué vamos a hacer? En cuanto a lo que nosotros respecta, ¿qué estamos dispuestos a hacer? Si somos tan felices, ¿cuánto dura esta felicidad? La respuesta asoma inmediatamente y sin dudar: lo que tenga que durar. Y que contagie. Que no nos desenfoque más.

Que por una vez en la vida no nos divida más con ese familiar al que no querés ver en las Fiestas, que no te saque más de un grupo de whatsapp, que no te amargue más lo que no te tiene que amargar. Muchas veces se desearon estas palabras y nada cambió. No hay cambios de cotillón, no hay cambios de propaganda, no hay slogans ni fórmulas de felicidad efímera que funcionen. Que este rumbo maravilloso de la Scaloneta sea el envión que necesitábamos para coronar este 2022 y que el 2023 sea un año mejor más allá de las banderas. Porque cuando cuelga la celeste y blanca de un balcón, cuando una bandera celeste y blanca flamea en una ventana, como dice la canción, ni una calle nos separa. Cuando nos ata una bandera argentina, lo único que hace es unirnos rumbo al mismo destino, a pie, en moto, en el auto rumbo a abrazarnos a una plaza con quienes amamos y con quienes no amamos, todos juntos a abrazarnos con quienes conocemos y también con quienes no conocíamos, con miles de extraños que tan extraños, como verán, no lo eran. “Somos Eternos”, dijo De Paul. Dale que empieza.


seguí leyendo

las más leídas