ANÁLISIS MUNDIAL

La tercera, la histórica: el sueño de Messi, la grieta, gloria y honor a nuestra Scaloneta

Somos Campeones del Mundo. Messi se hizo eterno, Di María dibujó un corazón, Dibu puso las manos, Scaloni cerró la grieta y el pueblo salió a la calle a festejar como se merece.

18 Dic 2022 - 19:44

Messi y la Copa, para siempre. (Foto: FIFA)

Secate las lágrimas, abrazate con cualquiera y volvé a llorar. La tarde que siempre soñamos llegó, es hoy, está pasando. Lionel Messi sonríe, el pueblo baila en las calles y Tucumán se pinta de Celeste y Blanco. Tenía que así: sufriendo como siempre, disfrutando como nunca. La revancha del mejor jugador del mundo y de toda la Patria futbolera, de todos los nacidos desde fines de los '80 para acá, más de 30 años sin ver al mundo desde arriba, sin levantar la piedra más preciosa, la que baila con uno cada cuatro años y nos era esquiva hace 36. Nunca dejamos de ser los mejores del mundo y hoy nos llegó la tercera, la histórica.

Nunca te vas a olvidar con quién te abrazaste después del penal de Messi, del golazo tras una contra eléctrica del Fideo y ni hablar del que pudo haber sido el más importante y quizás más feo gol de la carrera de Lionel Messi. Qué paradoja del destino: el 10 la agarró de derecha, mordida, la pelota entró pidiendo permiso para poner el 3-2 en el alargue y ni siquiera eso alcanzó para ponerle fin a la tortura que desató Mbappé, el villano perfecto, la estrella precoz que idolatra a Cristiano Ronaldo, que ya nos bailó sabroso y gritó campeón en Rusia y hoy hizo un hat-trick en una final y se fue masticando bronca.

Cuántos nervios en la previa, qué ansiedad estos días que se hicieron eternos. ¿Se sale? ¿No se sale? ¿Y si me duermo? Nadie duerme en Tucumán la noche la previa, arden los bares y corre la ilusión de lata en lata en cada esquina, en cada ranchada, porque este diciembre fue distinto, especial, inolvidable. A dormir temprano o no dormir una mierda y ver cómo pasan las últimas horas antes de la hora señalada. Lali canta el himno y llegó el momento, estamos todos cagados y somos pura ilusión al mismo tiempo, y nos late bien fuerte el corazón y el que no lo siente, no lo entiende. Qué país que somos, la puta madre, que hasta resucitamos a La Mosca, que va a desatar su zumbido salvaje sobre SADAIC por años y años, Mundiales y Mundiales.

Y qué Mundial jugamos. De los goles anulados y el terror contra Arabia, a sentir que nos quedábamos afuera contra México. Pero cuando nos preguntábamos "¿Quién podrá defendernos?" apareció Messi y El Chanfle de Inmenzo Fernández, que se ganó su lugar como la Araña Julián Álvarez, y tras la victoria ante Polonia tanto él como Alexis Mac Allister son indiscutidos. Ya desde Octavos, el 10 es el líder absoluto y el 9 es una garantía, y todos se van turnando para romperla: De Paul, el corazón del equipo; Paredes y Lisandro Martínez (¡qué barrida!) son claves cuando entran; Cuti Romero y Otamendi son un muro otra vez; Nahuel Molina es nuestro lateral brasileño, Acuña y Tagliafico nunca te dejan a gamba y conmueven; todos. Uno y cada uno. Lautaro tiene su revancha desde los doce pasos, Dibu Martínez vuelve a ser héroe nacional, bailamos a Croacia y acá estamos.

El Kun Agüero deja de streamear para emular a Roberto Cejas en el '86 y salir en todas las fotos que ya recorren el mundo. Lionel Messi levanta la Copa del Mundo, finalmente sabe cuánto pesa ese seductor pedazo de oro que durante tantos años se nos alejó con el silbato de Codesal en Italia, de la mano de Sue Ellen Carpenter en Estados Unidos, en el palo y la cabeza de Van der Sar en Francia, en la gran ilusión y el dolor de las mañanas de Corea y Japón, del toque y toque al dolor de los penales en Alemania, la Fe en Dios que no alcanzó en Sudáfrica, la consagración soñada en el Maracaná que no fue (había que esperar unos años) o la caída en el Mundial de la Unión Soviética.

Vale la pena cada racconto para entender y valorar todo lo que hoy sufrimos: es increíble la agonía final después de un primer tiempo imperial, con la conducción y liderazgo goleador del 10 y el poema del Fideo, un Ángel para tu Soledad. Di María volvió a romper esa pared, aplastó el fantasma de las lesiones, se convirtió en leyenda en el Maracaná y coronó un jugadón en Lusail para volver a escribir un poema de zurda en la historia grande de la Selección Argentina. Pero increíblemente estar 2-0 con baile no es suficiente, porque esto es la Final del Mundial y hacer feliz a todo el pueblo argentino no puede salir gratis. Ni siquiera el mejor gol de la carrera de Lionel Messi para sentenciar el 3-2 alcanzó, y hubo que sufrir hasta el final.

En la última jugada y los penales apareció otra vez Dibu Martínez, el pibe de Mar del Plata que hace que tantos niños y niñas vuelvan a soñar con ponerse los guantes y pararse bajo los tres palos. Qué loco que está. No falló Messi, Paulo Dybala tuvo su momento Mundial, Leandro Paredes puede perder el puesto en el once titular pero no la categoría, y Gonzalo Montiel se redimió del penal que le cobraron para escribir su nombre en la historia grande del país más grande del Mundo. Un lateral derecho, un 4, el puesto más vilipendiado de la Patria futbolera, que convierte el gol de su vida y es la revancha de todos aquellos que la pelearon al lado de cerca o muy lejos y no pudieron reír sin llorar.

Cada campeón es hijo de su tiempo. El ’78 y los milicos, el ’86 y Alfonsín. Mucho premio para Alberto Fernández, y hasta Macri Mufa -que jugó un mundialiazo- es campeón. En tiempos de grietas, compañeros y gorilas se abrazan cuando Messi frota la lámpara y Fideo dibuja un corazón. Nuestra Scaloneta conquistó el Brasil bolsonarista en plena pandemia, pisó fuerte en Wembley contra los poderosos Tanos sin Mundial y es el campeón del mundo de nuestro diciembre sangriento a puras sonrisas. La banda sonora de nuestros días felices será La Mosca y los Muchachos que ahora nos volvimos a ilusionar, pero nosotros siempre estuvimos ilusionados porque sabemos más que nadie que nos merecemos bellos milagros y ocurrirán, y acá están, estos son. ¿Qué más quieren? Este es y debe ser el piso de felicidad que merece nuestro país.

Lionel Scaloni cerró la grieta, el pueblo celebra en las plazas y los hermanos son unidos: bilardistas y menottistas están hermanados, el Leónidas de Pujato que quizás hoy puede no haber estado tan asertivo en los cambios o se apuró a sacar al Fideo, pero ahora qué mierda importa si Messi cumplió su único sueño, levantó la Copa y ya nadie puede arrancárselo ni pedirle que no vuelva a intentar que las cosas vuelvan a su lugar. Somos campeones del mundo, una eternidad esperamos este instante y acá estamos. Lloremos, nos abracemos, sigamos chupando, que acá no se duerme nadie, levantan las banderas, saquen pecho y abran paso a La Scaloneta, nuestro ejército con armas nobles, los soldados de la Patria. Los que vengaron a todos nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, los que pusieron a bailar al Diego. Messi se hizo eterno, la abuela lalala ya puede bordar la tercera estrella y las calles son nuestras.

Gloria y honor a nuestra Scaloneta que hace los sueños realidad. Los laureles que supimos conseguir, serán eternos. Viviremos coronados de gloria. Andá a dormir, Lio, nos hiciste la Patria más feliz del mundo. Al gran pueblo argentino, Salud.



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