¿Quién más? ¿Qué más puede hacernos sentir lo que estamos sintiendo? ¿Quién es capaz de dimensionar nuestras lágrimas? ¿Quién puede explicar nuestras voces roncas? ¿Cómo entender lo que sentimos por Lionel? ¿A cuántas personas que no conocés te vas a abrazar esta noche? | Por Alfredo Aráoz
Sonríe Lionel. Sonríe la Argentina.
Es la voz de tu vieja del otro lado del teléfono. Es el abrazo con tu amigo que justo ahora se operó las amígdalas. Es la primera vez que escuchás nerviosa a tu hija en la previa. Es un padre con las suyas en la moto rumbo a la Plaza Independencia. También es el chango que bajo el sol de la calle Lamadrid revuelve la basura y sonríe cuando suenan las bocinas.
¿Quién más? ¿Qué más puede hacernos sentir lo que estamos sintiendo? ¿Quién es capaz de dimensionar nuestras lágrimas? ¿Quién puede explicar nuestras voces roncas? ¿Cómo entender lo que sentimos por Messi? ¿A cuántas personas que no conocés te vas a abrazar esta noche? ¿Con cuántos vas a brindar esta noche? ¿A quién le vas a pedir plata si no cobraste? ¿A quién le vas a tirar un centro para que se tome un taxi desde Villa Carmela y llegue ya a llorar con vos?
¿Cómo no vas a inventar algo para anticipar el carnaval que es Tucumán y llenarte de nieve la cara? ¿Hay algo más que importe en este momento? ¿Hay algo que te preocupe? Lo que estamos viviendo ya es un milagro y nos lo merecemos más que nadie. El llanto de Aimar contra México, el llanto del hombre más bello del mundo llamado Rodrigo De Paul contra Holanda, el llanto de Scaloni en la previa contra Croacia, la corneta que suena ahora en las calles del Bajo, la marea que se traslada al punto neurálgico de la provincia donde nació este hermoso país.
¿Cómo no vamos a sentir lo que sentimos si todo empezó acá, en nuestras calles, en nuestras plazas, en la cuna de la Argentina, tan caótica, tan bella, tan pasional, tan inexplicable, tan cercana, tan caliente como el sol que nos pega en el pecho, que nos abriga después de tanto frío, de tanto barbijo, de tanta sonrisa oculta, de tanto grito apagado, de tantas lágrimas derramadas por los que ya no están?
Hemos llorado por nuestros Diegos, por nuestras Totas, por nuestas abuelas lalalalá, por esta emoción, por este puño apretado, por estos muchachos que nos emocionan cada día más, por esta Argentina finalista del mundo, por esta bendita Argentina finalista del mundo, a un partido del sueño que nos une y que nunca más debe dividirnos. Sean eternos. Se lo merecen más que nadie. Sean eternos. Otra vez.