En una mamá que corre bajo la lluvia, en un don que espera que le corten fiambre, en una bailarina de Gitana, en un limpiavidrios de la Esquina Norte, en una cajera de supermercado, aquí, allá, en todos lados solo aparece una camiseta y un nombre. Breve paseo a la pasión hecha calle.
Messi espera que le corten fiambre. Foto: Álvaro Simón Padrós.
En la camiseta de la mamá que pecha el coche en Tafí y pega un pique porque el diluvio del sábado los va a empapar. En la camiseta de la cajera de un supermercado vestida como él para cobrarte lo que vas a tomar y comer mientras lo ves a él. En un señor solo que solo espera que le corten doscientos de fiambre mientras ya se apaga el feriado como la ventana de un almacén en el pasaje Atlético. En la camiseta que usan los chicos debajo del delantal. En la que transpiran los deliverys que se meten entre autos como él entre defensores y nosotros solo rogamos que nada malo les pase. Es él, su camiseta, sus colores, nuestros colores, su nombre, su número, es todo él quien está en todas partes. Hasta en el mostrador de los que te prestan plata aparece él porque los chicos ya te pidieron la camiseta de él. Y porque ni hablemos de las Fiestas y el bolsillo aprieta más que nunca, pero de alguna manera, de alguna forma: hoy sí, mañana no sé. Hoy hay, mañana vemos. Más argentino que la ilusión que se habita cada cuatro años. Pasa con un Mundial, pasa con un Gobierno, pasa en la vida real, ¿dónde lo pasan?
Messi es la bailarina de Gitana del sábado. Messi es el 130 con los cuerpos al aire en caravana mágica rumbo al Limón Rock cantando la canción que sabemos todos, la que no pasa ni pasará de moda, la que ni Quevedo ni nadie de España se llevarán, Mi Rey. Porque Messi vive en Tucumán, Mi Reina. Literalmente tenemos uno aquí cerca. El que nació en Famaillá con forma de estatua. Ahí está. El nuestro. El que nos salió. El que hicieron niños y niñas de Tucumán. El que fue noticia. Al que también criticaron. De quien también se burlaron. Pero al que ahora todos alentamos.
Messi, Messi, Messi, Messi, Messi. Corre por la Bolívar un Messi que hace crossfit, viene por Esquina Norte un Messi que limpia vidrios, te sirve el café un Messi en los bares de la San Martín, te anima el cumple de los chicos el Messi, aparece en el casamiento de la Nina y Juank en Simoca uno igual a Messi, sonríe con la cajita feliz una chica con la de Messi, vas a la Caja Popular y te encontrás a Messi, en otro semáforo aparece otro Messi, otro Messi haciendo malabares sin pelota como Messi, escapando sin pelota este Messi. Todo el tiempo así: vení Messi, dale Messi, Messi vos, Messi yo, Messi mujer, Messi hombre, Messi jubilado, Messi gerenta de banco, Messi hambre, Messi Qatar, todos los Messi el Messi, todos queriendo ser Messi, todos sintiéndonos Messi con la camiseta de Messi, todos y todas con la celeste y blanca titular o con la lila, morada, violeta suplente. Messi de todos los colores. Messi XL, Messi L, Messi M, Messi S, Messi en cada cuerpo que lo habita, Messi Tevelín, Messi Gómez Pardo, Messi Oso Guindi, Messi, Messi, Messi, Messi, Messi, todos los tucumanos y tucumanas unidos por el corazón, por la sinfonía de un sentimiento, por levantarnos temprano, por no hablar de otra cosa que no sea del partido, de las 7, de preguntarnos si nos juntamos, de consultarnos si hacemos la previa y qué clase de previa, pero mirá que es martes, pero nos juntemos, pero es muy temprano, y con quién lo ves, yo con las chicas del Huerto, yo con los vagos del laburo, yo en la cama, yo no lo miro porque a este país se lo saca la-bu-ran-do, yo, yo, yo, yo, vos, vos, vos, nosotros, todos con este temita en común: salir campeones del mundo, ser los mejores, ser los más felices del planeta al menos por unos días, reventar la plaza Independencia, anular mufas, cerrar los ojos, elegir creer.
¿O no creen los vendedores ambulantes que un gol es un plato de comida en la mesa? ¿Quién puede venir a cuestionarnos el sentimiento? ¿Quién puede venir a decirnos hasta dónde se siente y cómo se siente? ¿Demasiado intenso todo, muchachos? ¿Demasiado intenso todo, muchachas? Súbanse a la ola que lo peor que les puede pasar es empaparse un poco en días con 40° a la sombra. En cada creyente, en cada Messi que se levanta todos los días para tratar de hacer lo mejor que puede con su vida (y con la de los demás), en cada Messi que no puede levantarse simplemente porque hoy no puede (pero tiene a otro Messi al lado que no lo deja solo), en cada intento de ser un poquito más Messi, ahí está él, ahí vive él, ahí sale él, ahí camina él, ahí saluda él, ahí canta el himno él, y ahora es él quien nos enseña cuánto se lo canta y cuánto se lo quiere de verdad a un país que sueña detrás de una pelota y a un país que vive como vive porque, ni se gasten, sabe y siente que todo esto es muchísimo más que fútbol.
Habitamos una provincia donde en la misma cuadra se hacen largas filas para agotar las camisetas originales de la Selección en el local oficial de Adidas mientras al lado duermen desde anoche para conseguir el primer turno en la Anses mientras que la parodia la observa la fila del frente que sale desde el Correo en 25 de Mayo y Córdoba y a veces dobla dos cuadras hasta un nuevo aniversario de tiendas San Juan. Entre esas dos realidades, entre quienes con esfuerzo (algunos no tanto) pueden gastar casi 20 mil pesos en una camiseta y quienes no llegan a principios de mes, la pasión no se mancha y la Copa del Mundo de oro brilla. Brilla la Copa del Mundo bajo el sol del Bajo tucumano y aunque no sea de oro dan ganas de tenerla cerquita y de besarla y de llenarla de deseos. Y de que se cumplan. Ojalá que se cumplan. Nos merecemos bellos milagros. Y si él está en cada uno de nosotros como ahora está, todo, pero absolutamente todo puede suceder.