ANÁLISIS DECANO

El Deca no duerme y se va de copas: la Revolución Pusineri, la sinergia perfecta y la noche Celeste y Blanca

La fiesta del Pueblo Decano empieza como termina, al ritmo del grito sagrado. Una bomba de Carrera y una corrida inolvidable de Tesuri desatan el carnaval. El Deca meta y juega, no le teme a las alturas y se ilusiona.

31 Jul 2022 - 00:50

El festejo de Carrera y del Monumental al palo tras el 1-0. (Foto: Soy Decano)

Son muchísimos, miles, los jugadores que se han puesto la Celeste y Blanca y no lo han conocido jamás; son otros tantos los que se han sentado en el banco de suplentes y nunca pudieron, no lo consiguieron de ninguna manera. Hay que estar ahí. Hay que vivirlo para saber qué se siente, porque esto no pasa todo el tiempo y no es para cualquiera. El Decano es más puntero que nunca, sigue invicto y llegó a seis triunfos seguidos. El idilio del equipo con la gente es total, unos no paran de alentar y los otros dejan alma corazón y vida en el verde césped y esa sinergia perfecta es quizás la fórmula secreta y el mayor tesoro de la Revolución Pusineri.

La noche perfecta del Decano puntero empezó como terminó, con ese grito que te quema la garganta, que te infla el pecho, que te emociona hasta las lágrimas, Gigante del Norte. La gente lo da todo, el equipo responde. Y baja de las tribunas ese rugido inmortal: Viejo y glorioso Decano, de corazón sin igual, la banda te lo agradece y te alienta hasta el final. Y tiene premio. En la previa, desde el mediodía, y toda la tarde ya se lo siente. Antes del partido para recibir al equipo como manda la historia, y también después del jugadón de Ramiro Ruiz Rodríguez y la bomba de Ramiro Carrera; ni hablar después de la corrida de Renzo Tesuri, el 2-0, el pitazo final y la locura total. Agarrensé fuerte que El Deca se va de Copas, mira a todos desde arriba y no le teme a las alturas.

El Pueblo Decano comenzó a jugar este partido mucho antes, cuando reventó las boleterías en la Liga y en el José Fierro, porque nadie quiere ni debe perderse a la orquesta de San Lucas. No siempre toca bien, pero mierda cómo mete. Esta final se siguió jugando desde el mediodía, cuando lo que explotó fueron las parrillas, como explotó en cada esquina el crujido de esa botella cortada que se llena de fernet, de vino con gaseosa, que se llena con la ilusión de aquellos que meses atrás estaban golpeados y hoy están de pie y listos para otra batalla. Pasan las horas, corren los vasos y corre una marea Celeste y Blanca rumbo a la esquina que todo el país envidia: 25 de Mayo y Chile.

Llega la hora señalada, los guerreros salen a la cancha, se despliega aquel telón que cubre el templo de punta a punta y la platea se tira de cabeza para saludar y aclamar al padre de la criatura, a San Pusineri: el hombre de la estampita, el que llegó en silencio y trajo orden y progreso para encender los corazones Decanos y resucitar a un equipo que estaba abatido y hoy te pasa por arriba, con fútbol y también dientes apretados y hoy se aleja en la punta, se aleja de la zona roja, se mete en zona de copas y renace la esperanza, porque Atlético volvió a ser Atlético, carajo.

"Todo 25 será un carnaval y hasta la Libertadores no vamos a parar", se entusiasma el Pueblo Decano y parece que es una canción nomás, pero la realidad es que hoy marcha puntero, no para de trepar y en al aire por 25 de Mayo y Chile se siente lo que se sentía en aquellas noches de copas, de que este equipo no te deja a gamba y siempre tiene un gol bajo la manga y no se esconde para meter cuando hay que meter y jugar cuando hay que jugar, aún esta noche sin el capitán Bebe Acosta ni Roberto Carlos Orihuela.

Es bravo Newell's, tiene pibes picantes, a Pablo Pérez con su oficio, Juanchón García que es un peligro siempre y unos pibes que van con todo por las bandas. Pero esta no es su noche: porque el trimonio Lampe - Bianchi - Capasso es una muralla, y las tenazas del arquero dominan todos los centros que los zagueros no revientan, y hasta se animan a jugar para encontrar a Carrera, a Pereyra, y los laterales van por las bandas, y RRR mete diagonales por todos lados y no te diste cuenta y El Decano te lleva puesto.

Pero costaba entrarle a Ñuls, que se quedaba con uno menos pero Merlos y el VAR decidieron que no. Porque parece que es mucho que este Decano juegue con uno más aunque le metan una ñapi por la espalda a Gil Romero. Si estás caliente invitalo a pelear. O pegale de frente, al menos. Pero no hay roja, siga-siga. Pero el que sigue y sigue es Ramiro Ruiz Rodríguez y aquí llegó la Triple R, nuestro desborde imparable de cada fecha para asistir a Ramiro Carrera que como siempre llegó a la carrera desde atrás para sacar una bomba inatajable y que suene la más maravillosa música en 25 de Mayo y Chile.

Nuestro Rodrigo Palacio nacido y criado en Monteros se llevó una tremenda ovación del Pueblo Decano que ya hace rato le perdonó los goles errados y ahora aplaude y aplaude y no deja de aplaudir los goles de Ramiro que ya van a venir, y mientras tanto aplaude el desborde a la antigua, como los wines de antes pero ahora, esta noche hermosa, para dejar parados al 3 y al 6 del rival, hacer un surco por derecha y levantar la cabeza y abrir los ojos bien grandes para ver a Carrera que viene tocando bocina y le rompe el arco a Herrera para hacer que te abracés con cualquiera y te vuelvas a romper la garganta con el grito sagrado.

Con el 1-0 arriba, a su juego lo llamaron al Decano de San Pusineri. Uñas y dientes, cuchillo entre los dientes y raspa que te raspa. Chicones en la cabeza tienen los centrales de tanto despejar, aunque se vengan por arriba, por abajo por todos lados. El medio muerde, los de arriba ayudan y Lotti revienta el palo cuando El Deca buscaba el 2-0 tranquilizador para bajarle la persiana a la noche. Pero Merlos, divino, dispuso jugar siete minutos para recuperar el tiempo que él perdió cuando fue al VAR a revertir la roja de Sordo, y nomás le faltó ir a cabecear con el arquero de Newell's que fue por la heroica.

Qué cosa loca cuando va un arquero a cabecear, ¿no? Porque es uno entre casi 20 en el área, pero todos lo miran a él. Porque tiene una remera de otro color, porque tiene guantes, porque años atrás eligió jugar con la mano y no con los pies, porque por eso tal vez todos los arqueros son bichos raros, el de tu equipo con los pibes o las pibas también. Algo hay ahí, con esa raza especial. Por eso te cagás de miedo cuando lo ves entrar al área imaginándose que se puede llevar la tapa de los diarios, ser el viral de la semana, emular a Bossio, salir en los especiales de fin de año de Lavecchia, todo. Va por la gloria.

Pero no. Hoy no. Esta noche no vas a hacer historia, Herrera. Esta noche la gloria es para otros. Porque cuando vos y todos los arqueros van a cabecear y sueñan con ser héroes, también hay algún jugador de los que defienden que no quieren que el árbitro lo termine aunque ya van más de los siete que adicionó Merlos, porque en el fondo sabe que Bianchi o Capasso o El Polaco o cualquiera de los muchachos la saca y se arma el quilombo. Preguntale a Renzo Tesuri. 

¡Qué corrida inolvidable! De punta a punta, de arco a arco, de la tensión a la locura. Se te hicieron eternos los metros finales, te volviste loco gritando "¡pegale, pegale!" y Renzo le pegó nomás, como aquella vez Favio Álvarez en otra noche Celeste y Blanca, contra el arco de la Bolivia para que ahora sí la noche se pinte de Celeste y Blanco, los tres puntos se queden en casa, El Deca se suba más que nunca a la punta y ahora el país se rinde ante los pies de este Atlético no para de ganar y ganar. Terminaste más agitado por ese grito de gol que Tesuri por la corrida, admitilo.

Puntero, invicto, seis victorias al hilo, lejos del descenso, en zona de Copas. La Revolución Pusineri es cosa seria. La sinergia entre hinchas y jugadores es total, ese estado de mancomunión perfecta se hace carne cuando El Deca sale a la cancha y cuando los jugadores levantan las manos para saludar, para agradecer, porque saben que se viene lo mejor. Gritalo de nuevo: Viejo y glorioso Decano, de corazón sin igual, la banda te lo agradece y te alienta hasta el final. Es tal la emoción, la manera en que se te/les eriza a la piel, que lo hacen de nuevo al final, cuando se van. Para más placer. La noche te espera, Decano. Tomemo somo Atlético, como siempre. Por el puntero. El Deca no duerme, prepárate Tucumán que la noche se pinta de Celeste y Blanco y el Gigante del Norte se va de copas.



 

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