15 de junio, Día Decano. Tarde soñada de Ramiro Carrera y resurrección de Atlético Tucumán. Una victoria para que Pusineri se clave una milanesa y se ilusione todo el Pueblo Decano.
Los dientes apretados de Ramiro Carrera en el festejo. (Foto: Prensa Atlético Tucumán)
Si el calendario dice que es 15 de junio, no dudés por nada en el mundo y andá al Monumental. No importa si la tevé porteña puso el partido a las cuatro de la tarde un día laboral, si tenés clases o lo que sea. Vos andá como siempre. Porque los 15 de junio pasan cosas mágicas en 25 de Mayo y Chile. Como cuando Ischuk atajó y metió su penal y se convirtió en San Lucas aquel Día del Padre bajo las órdenes del Sabio Solari; como cuando gritamos "¡Campeón!" y le dijimos al país que éramos de Primera, con el eterno Chulo Rivoira en el banco, la noche inspirada de Montiglio y Longo. Otra vez, hoy es 15 de junio, Tucumán se pinta de Celeste y Blanco y hay fiesta en 25 de Mayo y Chile.
Misma fecha, muchos años después. Otro Lucas, Pusineri, es el técnico que comanda con decisión y determinación el barco de la ilusión Celeste y Blanca. Él también quiere ser San Lucas y sentarse en la mesa de los grandes, como El Indio y como El Chulo. Un técnico que le imprime a su equipo su impronta, de dientes apretados, garra e hidalguía. Sin brillo pero sin pausa, que esta lucha es larga y sigue. Ahora también es otro el mediocampista el que se inspira y hace delirar al Pueblo Decano: en un segundo tiempo imperial, Ramiro Carrera metió una bomba infernal para empatar y una apilada imparable que devino en penal que cambió por gol para ganar y dar vuelta esta historia.
El aura del técnico y el excelso segundo tiempo del 23 permiten apenas empezar a explicar el triunfo por 2-1 ante Lanús. La visita no merecía la ventaja que encontró promediando el primer tiempo, cuando Di Plácido mandó un centro que se desvió y dejó descolocada a toda la defensa y al arquero Lampe, y bastó un cabezazo mordido para golpear la ilusión Decana. Pero no está muerto quien pelea. Desde su llegada, Pusineri trajo calma a 25 de Mayo y Chile, marcó un norte y puso en marcha el plan resurrección: recuperó jugadores, les devolvió la confianza, puso a los próceres en la columna vertebral y rescató el fuego sagrado que le permitió al Deca salir a dar vuelta un partido después de un mal primer tiempo.
Se la jugó el técnico y mandó a la cancha a Maestro Puch por Lotti, y el exrugbier corrió todas arriba con El Polaco. Atlético se paró muchos metros más adelante en el complemento y apretó alto, en bloque y con decisión para incomodar la salida de debajo de los de Almirón; esto le permitió a un liberado Ramiro Carrera anticipar, avanzar, arquear el cuerpo y sin dudar ni mirar atrás sacar una bomba de derecha para romperle el arco a Monetti y poner tablas en el inicio del complemento. Otro golazo en su haber, otra vez siendo importante y vamos por más.
Delirio en el José Fierro, mientras el 23 cae arrodillado ante la Bolivia y les dice a sus compañeros que hay que ir para adelante, que con empatar alcanza y que todavía falta más. Hubo segundos de tensión mientras la jugada era revisada por el VAR, como aquel 15 de junio cuando el 10 de Racing hacía también un golazo de otro planeta, pero el línea levantaba la bandera y te volvía el alma al cuerpo. ¿Te acordás? Más vale, si estabas ahí. Ese Día del Padre tenía que ganar El Deca “para los que están, para los que ya no están” como dijo El Profe Torres. La historia se repite, la escriben los jugadores como dijo Pusineri y hoy como ayer tenía que ganar El Deca.
Por eso, con el envión del empate, empujado por su gente, Atlético fue a buscar el gol que le permitiese volver al triunfo y revalidar los buenos empates ante Talleres y River. “Estamos jugando de igual a igual contra los mejores equipos del fútbol argentino”, destacaría Pusineri horas después, valorando la levantada de su equipo más allá del resultado, que no fue empate sino victoria porque otra vez apareció Carrera. A lo Michael Jordan, el 23 se cargó el equipo al hombro, recibió casi en mitad de cancha y se lanzó en velocidad: pasó entre dos, eludió a otro más con un caño, y se metió al área mientras todos se ponían de pie de la Bolivia ala Chile, de la Laprida a la platea, en todo Tucumán y más allá, para ver cómo el central de ellos le hace un penalazo a Ramiro que se iba derecho al gol.
Bomba desde los 12 pasos y ahora los que sacan del medio y se agarran la cabeza son ellos, porque El Decano volvió a dar vuelta un partido como no hacía desde aquella tarde inspirada de Javier Toledo ante Sarmiento. Otra vez, como sabe El Deca. Otra vez Carrera, siempre peligroso, con aciertos y errores, calentón pero determinante. Vos jugale un pleno al 23, que juega con la confianza que irradia y contagia Pusineri, con los besos a la estampita de la abuela, con los brazos al cielo para acordarse de los que hoy no están en El Monumental, con lágrimas en los ojos y dedicatoria especial para aquellos que creían que esta historia estaba sentenciada y Atlético condenado.
Como el ave fénix, El Decano resurge de las cenizas para ver que el calendario dice que es 15 de junio. Hay algo en el aire que se siente, que te hace pensar que aquellos días más felices no están lejos. Que se puede, que van a volver, que acá está El Decano carajo, Viejo y Glorioso como siempre. Que viene golpeado, pero se levanta. Como se ponen todos de pie para aplaudir a Joaquín Pereyra, que viene en levantada y amplió su repertorio: trabó dos veces y ganó dos veces a puro coraje, antes de amasarla de zurda y tirarle a Di Plácido un caño como los de Longo, en 2008 y en 2009 y hoy también. Lampe, otro acierto del técnico, hoy no brilló pero se quedó con la última de la tarde, que vale por todas y a otra cosa.
Como aquellos días de gloria, hoy todos se van sonrientes del templo, la ciudad se pinta de Celeste y Blanco cuando una procesión parte de 25 de Mayo y Chile, caminando por la Laprida a la avenida, a tomar una birra en algunas de todas esas esquinas que conocen de memoria y en alguna cervecería de Barrio Norte, por ahí también, claro. ¿Dónde se festeja? Pusineri ya eligió: Batalla de Suipacha 950, un sándwich de milanesa eléctrico como su equipo que saca pecho, pisa fuerte, muestra los dientes y muerde, y muerde de nuevo, acelera a fondo, toma Carrera y desata la locura del Pueblo Decano, que recuperó la Fe.
Lágrimas de emoción en 25 de Mayo y Chile
El caño de Pereyra
I only needed to change some CSS.
La mila eléctrica de Pusineri
El golazo y el jugadón de Carrera, y lo mejor del triunfazo Decano