Casi dos meses después, Atlético volvió a ganar. Primer triunfo de la era Pusineri, que encuentra certezas y recupera soldados. La Fiesta y la Fe del Pueblo Decano, la procesión Celeste y Blanca y la bandera que siempre flamea bien alto.
Andrada y Heredia abrazan a Oeihuela. (Foto: Facebook Copa Argentina AXION energy)
En autos, en colectivos, en combis, en lo que sea. Si hasta dicen que un bondi se rompió y en Salta juran haber visto una procesión vestida de Celeste y Blanco que marchó hasta el Padre Ernesto Martearena cargando una mochila pesada, muy pesada. Pero nunca jamás bajaron los brazos, porque saben que pasamos muy malos momentos, los buenos ya van a venir. Los moviliza la Fe Decana. Y una noche de Copa Argentina, lejos de casa, volvieron a encontrar la felicidad.
El vaso medio lleno de San Lucas ahora ostenta dos valiosos empates en Varela y Nuñez, y haber reaccionado tras estar 2-0 abajo en casa ante Argentinos, aunque finalmente fue derrota. Ahora sí, Pusineri se sacó las ganas y consiguió su primer triunfo como técnico de Atlético Tucumán. Fue una victoria trabajosa y trabajada, ante el siempre bravo Brown de Vicó, el Ferguson Argentino. Con más garra que fútbol, el equipo muestra una idea, los goles aparecen y hay motivos para confiar en que no volverán a pasar 57 días sin triunfos.
El vaso lleno de cerveza, fernet y vino tenían y tienen los Decanos: los que arrancaron el martes, los que partieron hoy a la madrugada rumbo a La Linda en el momento más feo, los que se fueron antes del laburo y rajaron sin dudar, porque hoy se alentaba al Viejo Glorioso Decano fuera de Tucumán como hace dos años no se hacía, con la misma esperanza que en aquellas noches de Copas que no se olvidan y ya van a volver.
Son dos protagonistas de esas noches Celestes y Blancas eternas los que marcan el camino del renacido Deca de Pusineri. El Bebe Acosta saca chapa y arma juego cuando se para de 5, la pone bajo la suela, ordena y empuja a todo el equipo; El Polaco Menéndez es la bandera de este Decano combativo, que se para 4-1-3-2 y ataca decidido y con mucha gente, como le sale, sin brillo pero sin miedo a ir al frente que te lo pide toda la gente.
Entre tanto vértigo, emerge esta noche la figura de Joaquín Pereyra, que le pone pausa al equipo y tiza al botín zurdo tras una buena sucesión de pases para asistir a Matías Orihuela, rescatado del ostracismo que hoy paga con gol. Como Ciro Rius, que se arremanga los pantalones y es rueda de auxilio por derecha, y sobre el final es más rápido que todos para aprovechar el error y servirle el gol a Pupa Heredia, otro que venía flojo. Tras sacarse la mufa y gritar su primera victoria, recuperar al 10 es la gran misión de Pusineri.
Celebra El Pueblo Decano, otra vez de exportación. "Volver a la tribuna visitante nos devolvió un poco de vida: nos pasó una pandemia, muchos se fueron, y también hay una nueva generación que seguro viajó por primera vez. Fueron más de dos años sin tribunas visitante, el último viaje fue a La Paz por Copa Libertadores", explica ya de regreso y en pleno viaje Rodrigo Aráoz, que llenó un bondi y un minibús de El Deca Cultural para decir como siempre presente en la misa Decana en la noche salteña.
Fiesta en todo Tucumán, fiesta en la Ruta 9, fiesta en Salta. Como Rodrigo, miles de Decanos pegan la vuelta al pago con orgullo tucumano, con el alivio del triunfo, de pisar fuerte en Salta, de sacarse la mochila pesada para seguir viaje y hacer flamear bien alto la bandera Celeste y Blanca como en Uruguay, en Brasil, en Colombia, en Bolivia, como en Quito. Las banderas no se bajan, esta lucha no termina: el Pueblo Decano merece un gran triunfo en casa. Como siempre, como nunca, para volver a disfrutar de una Fiesta Monumental y encontrar la felicidad.