Atlético arrancó con todo, no pudo convertir y se encontró 2-0 abajo por errores propios. Sacó pecho, se puso de pie, empató y se cayó a pedazos nuevamente. Otra derrota, otra pena y el descenso que acecha.
Menéndez peleó todas y tuvo dos chances claras pero no pudo festejar. (Foto: Soy Decano)
¿Cuánto más se le puede pedir al hincha de Atlético Tucumán? ¿Cuántas más puede aguantar El Pueblo Decano? ¿Cuántas bombas hay que tirar? ¿Cuántos papeles deben perderse en el cielo cuando sale el equipo al José Fierro? ¿Qué tienen que hacer para revertir este presente oscuro y este constante derrotero que no se detiene? Si alguien sabe la respuesta, que la diga. Vaya y dígale a ese hincha de Atlético que seguro va y lo hace.
Otra vez el Pueblo Decano cumplió con el ritual sagrado de acudir al templo de 25 de Mayo y Chile, entre largas filas en la Liga, choris, birras y banderas en la peregrinación desde la Sarmiento por Laprida, por 25 de Mayo, los que llegan desde más al Norte por Villa 9 de Julio y más allá. Ahí estaban, otra vez. Como tantas veces. Por los colores, porque así lo sienten, porque no conocen otra forma de vivir que no sea ir a alentar al Gigante del Norte. Aunque hoy esté hundido.
Dejenló al hincha de Atlético que se quede con esos primeros minutos, con ese arranque furioso, con esa bomba del Polaco Menéndez, el verdadero Cristo Resucitado de 25 de Mayo y Chile, que reventó el palo al arquero de Argentinos Juniors y no pudo desatar el grito sagrado contenido en todas las gargantas Celestes y Blancas.
Permítanle que se quede con esa gambeta de Ramiro Carrera por derecha, con ese centro venenoso para el 9, para un Augusto Lotti que se tiene fe después del gol en Varela y ataca el espacio con decisión, con coraje, como un toro, y estira la punta del botín y ahora sí, le gana al defensor, al arquero, a todos. Pero no. La pelota no entra por centímetros.
Que entre. Por favor que entre. Que no se vaya besando el palo. Que se acabe esta sal de mierda, este sinsabor permanente que ya coquetea con la resignación que anticipa un desenlace fatídico, todavía lejano pero que se huele inevitable. Porque un lateral largo y dos centrales que pierden alcanzan para que Ávalos arranque en campo propio y termine definiendo de caño a Campisi para pintar de rojo la tarde tucumana.
Tras esa primera piña que tanto duele, porque ya venía golpeado, la segunda lo agarra mareado y lo deja completamente descolocado. Todo pasa en cuestión de segundos. Carrera pierde, Risso Patrón queda en el camino, los centrales miran y Mac Alister cabecea solo y pone el 2-0. Pica el Bicho, sufre El Deca y no se puede creer.
Partido liquidado, diría uno, si no fuera porque otra vez El Polaco saca pecho y mete una tremenda chilena que pedía gol pero tuvo travesaño, en el ángulo fue a pegar. Otro grito ahogado, pero que despierta el rugido del Pueblo Decano que si algo tiene es amor propio, fuego sagrado y la fuerza para levantar a este equipo que arrancó furioso y estaba derrumbado.
Pero El Decano está de pie cuando Bruno Bianchi se eleva más que todos, gana en los cielos y con un certero cabezazo deja sin chances a todo Argentinos. Revancha personal para el 6, que volvió para dar la cara, poner el pecho sin preguntar, empujar siempre desde el fondo y ser la lanza de un equipo que demanda liderazgos fuertes para hacer frente a la mala que no termina más.
Toda esa fuerza parece diluirse cuando es el visitante el que controla el trámite en el complemento, cuando Leo Heredia entra pero no puede hacer pie y mucho menos hacerse eje del equipo, y los de Pusineri no encuentran por ningún lado los caminos al empate. Pero empuja Ortiz, conduce Carrera como siempre, acelera Ruiz Rodríguez a pura zancada tucumana desde la izquierda y así, como muy poco, se enciende la esperanza Decana.
Centro desde la derecha, el resucitado Orihuela la baja al medio y Tesuri imagina una volea furiosa de zurda, pero su remate mordido es todavía más efectivo para poner ahora sí el 2-2, mostrar la remera de su querido amigo El Morro García y desatar la alegría en 25 de Mayo y Chile, que ahora sí será un carnaval como dice esa canción que ahora no se escucha porque lo que retumba es el VIEJO Y GLORIOSO DECANO DE CORAZÓN SIN IGUAL y los corazones Celestes y Blancos que piden ir por más, quieren el 3-2, volver a ganar, volver a ser felices, abrazarse, volver a casa cantando por la Laprida con una sonrisa de oreja a oreja.
Pero no. Hoy no. Como tantas noches, como desde hace tanto tiempo.Otra vez lo mismo. Otra vez a putear, a mirarse entre todos y no entender cómo puede ser. Toda la alegría de ese empate se diluyó en un segundo, en un centro cruzado que encontró nuevamente mal parado a un equipo mareado entre las ganas de la gente de buscar el 3-2 como la necesidad propia de cuidar el empate conseguido. Dos cabezazos en el área, floja reacción de los centrales y el arquero y otra vez la noche se tiñe de rojo. Ahora lo que retumbó fue "volvé Laucha" y nuevos insultos a la Comisión Directiva en la zona de plateas.
El tercer gol dolió tanto que la ñapi del cuarto ni se sintió. Un 5 pura clase como Fausto Vera la pisó y engañó a todo Atlético, que esperaba que la lleve al córner a cuidarla, cuando lo que hizo fue levantar la cabeza y encarar y sacar un remate potente que se desvió para dejar, otra vez, sin respuesta al 1. Y otra vez la fiesta es ajena, aunque se enciendan las bengalas detrás del arco de la Chile, los que festejan esta noche son los otros.
El arranque del equipo de Pusineri fue tan bueno como su reacción para remontar el 2-0 y encontrar el 2-2 que aun sin ideas fue a buscar con más ganas que fútbol. La actuación de la defensa fue tan mala como la desazón total de los jugadores Decanos que tenían todo el apoyo de su gente y el escenario ideal para ir a buscar el 3-2, coronar una remontada heroica y reconciliarse con su gente. Pero no. Otra vez no. A volver a casa de nuevo masticando bronca y agarrarse la cabeza porque se viene River y ahora apenas dos puntos alejan al Decano de los puestos de Descenso Directo.