El conjunto de Jorge Solari se imponía por penales ante Racing de Córdoba, la tarde que Lucas Ischuk se convirtió en héroe.
Cuántos gritos de desahogos hubo aquella tarde en el Monumental, cuando Lucas Ischuk la acomodaba junto al palo y le daba a Atlético Tucumán el ascenso a la Primera B Nacional, saliendo del pozo del Argentino A, saliendo del infierno.
Ese domingo del día del padre, el Decano tenía que dar vuelta la serie que lo tenía 1-2 abajo. Aquel gol de Capé Sarría en Cordoba, abrieron el camino para el ascenso de un equipo que fue de los mejores que se vio jugar en Atlético, ultra ofensivo y sólido en todas las líneas.
El marcador se abría con una especie de taco del Yaya Álvarez, tras una gran jugada de Pablo Hernández. Pero la alegría duró poco, ya que minutos después, Mauro Velardez puso la igualdad con la que se irían al descanso.
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El complemento arrancó con el equipo de
Jorge Solari siendo protagonista y tratando de igualar la serie a como dé lugar. Así fue como a los 6 minutos,
Mauricio Verón, de cabeza, puso el 2 a 1. De ahí hasta el final, solamente hubo tiempo para infartarse por el gol anulado a los cordobeses y, para hacer más sufrida la historia, todo se definió en los penales.
Con la serie con Atlético arriba por 3 a 2, Ischuk le detuvo el penal a Hernán Fernández, y acto siguiente, el arquero agigantó su figura de héroe. Tomó la pelota y la acomodó contra un palo, para sacar la euforia, la alegría y el grito de desahogo que venía desde hace años.
Desde ese momento, tal y como dijo el propio entrenador, Atlético se transformó en el gigante que estaba dormido y comenzó a despertarse paso a paso, hasta llegar a ser el gran club que es hoy en día, 13 años después de haber salido del infierno.