Un viernes a la mañana, un fanático Decano despertó al barrio con bombas de estruendo: "No podía creer lo que estaba viviendo y menos dónde conseguir los cohetes". Paso a paso, el registro de un día inolvidable.
El día que Mariano despertó al barrio a cohetazo limpio.
Ocho años tenía Mariano cuando debutó en el Monumental: aquel domingo al mediodía del 26 de mayo del 96 Atlético recibía a Instituto por la semifinal de vuelta. Habían igualado 1 a 1 en Córdoba con gol de Aballay y aquí en Tucumán el Patón Jerez reventaba las gargantas de la marea celeste y blanca. Los Avelinos habían tocado en el entretiempo y estaba todo listo para llegar a la final: “Me acuerdo que cantábamos: ‘El que no salta, no va a la A’. Hasta que apareció Klimowicz”.
Veintiún años tenía Mariano ya en la tribuna de la calle Laprida: cosas del fútbol, aquel domingo 7 de junio de 2009 Atlético recibía a otro equipo de Córdoba por la final de vuelta. Había perdido la ida en Nueva Italia con aquel descuento de Sarría y aquí en Tucumán, después del gol del Yaya Álvarez y Verón, los corazones se paralizaron cuando Velárdez ponía el empate correctamente anulado, pero no sin el síncope del final, antes de ir a los 12 pasos sobre el arco de la Bolivia.
“Antes de que pateara el 10 de ellos yo ya había visto al lainman con el banderín levantado. Después vinieron los penales. A mi hermanito lo tenía entre mis piernas. No quería mirar. Cuando lo metió Ischuk, mi hermanito desapareció. No lo vi más. No supe qué pasó hasta que lo encontré en la cancha. Y de ahí a la Plaza Independencia. Creo que es la peor categoría que te puede tocar en la vida. Si no salíamos ese día, todo lo que vino después hubiera sido imposible después”.
Lo que vino después para Mariano López Figueroa y el Pueblo Decano se resume en lo que pasó un día atípico para cualquier hincha y un video que hasta el día de hoy sigue dando vueltas. Es un video que no fue grabado ni un sábado ni un domingo, ni al mediodía ni a la tarde en las afueras del Monumental. Es un video que le daba la bienvenida a los miércoles a la noche, a las noches de Copa Libertadores de América, papá.
Es un video filmado un viernes a la mañana con tres bombas de estruendo que en cada explosión despedían a Klimowicz, al gol que se erró Bustos contra Chacarita, a los viajes a Perico, al dolor contra la CAI, y terminaba de coronar lo que siguió: un camino colmado de éxitos que se cristalizaba con el sueño impensado hasta hace unos años, el inimitable, el imparable, el que cantaba Mariano López Figueroa esa mañana: “¡¡¡Y hasta la Libertadores no vamo a parar!!!”
Esta es la historia de ese video que despertó al barrio Portal del Cerro, y de un enfermo por Atlético que de vez en cuando lo mira, se mira, se ríe como ahora que lo lee y jura: “No veo las horas de volver a la cancha, de hacer la previa en el Vial en la casa del Gula, de meterle un par de latas en el kiosco de la Balcarce, de sacarle la entrada a mi viejo en la Liga, de volver al Monumental”.
Mariano vivió muchas tardes inolvidables en el Monumental, pero ese viernes 14 de octubre de 2016 tenía la camiseta Umbro guardada en el cajón. En unas horas se iba de gira con los vagos a Buenos Aires, se había despertado a las 8 para armar el bolso y su mamá le dijo que desayunaran juntos antes de irse. Entre tostadas, tortillas y facturas, Mariano vio la tele y casi se atraganta de la emoción: “En mi casa lo único que se mira es fútbol. Mientras desayunaba con mi mamá, estaba prendida la tele clavada en TyC Sports. No sé por qué no había pasado nada la noche anterior, no se sabía nada ni en la tele ni en Twitter, nada. Ese viernes a la mañana veo la placa: 'Atlético Tucumán jugará la Copa Libertadores de América por primera vez en su historia’”.
Volaron las tortillas, revoleó las facturas, dejó el café con leche, le dio un beso a su mamá y se preguntó: “¿Dónde voy a conseguir cohetes un viernes a la mañana? ¡Ya vengo!” Y salió a buscarlo las bombas de estruendo: “No me acuerdo cómo ni dónde. Se me nubló todo. Salí en el auto, compré los cohetes, le di el celular a mi vieja, saqué la bandera, me puse la camiseta, prendí las bombas y al pingo. Canté la de la Libertadores y le mandé un saludo a mis primos que son de San Martín, pero nunca con mala intención, cosas del folklore del fútbol, jajaja”.
No hay barrio en Tucumán donde no haya un vecino de San Martín o de Atlético con un par de cohetes guardados para la ocasión: son esos cohetes bien escondidos que sobraron de las Fiestas y que, mientras el cielo se ilumina de fuegos artificiales y de deseos, también se reservan para cuando pierde el rival de toda la vida o, en este caso, cuando hay que sacar el pasaporte nomás: “Jugar la Libertadores es el sueño de todo futbolero, en el PC Fútbol jugaba la Copa Libertadores con Atlético: era un sueño, era lo máximo, y cumplirlo no se compara con nada”.
Lo que tampoco tiene comparación fue lo que pasó con el video a los minutos de haberse enviado por WhatsApp al grupo familiar de los primos: “El video era para mi primo Lucas, que es muy Ciruja. Hasta que empezó a pasar algo muy increíble. Ese viernes ya había armado el bolso, me voy a comer a Primer Tiempo, en el Hilton, donde todo es fútbol. Estaba comiendo cuando veo el video por la tele en Estudio Fútbol y Pagani hablando de un hincha de Atlético festejando la clasificación a la Libertadores. Me empezó a sonar el teléfono: ‘Culiao, ese sos vos’, ‘Culiao, ese sos vos’, ‘Culiao, ¿ese sos vos?’ Te juro que no sé cómo le ha llegado el video a un porteño, que lo subió a Twitter y en minutos ya tenía 10 mil reproducciones. ¡Ha explotao!”.
“No había terminado de comer mientras Pagani hablaba del video, termina Estudio Fútbol, empieza Planeta Gol, y arrancan con el video. El celular me estallaba. Mi viejo, el famoso Profe Carlos, me mandaba mensajes: ‘¡¿Qué has hecho?! ¡Nos van a prender fuego la casa! Ya en Buenos Aires nos invitan a la inauguración de una peña en Buenos Aires y le pido a Leito con una mano en el corazón: ‘Mario, que Atlético juegue la Copa. Si no me van a cargar tanto que me voy a tener que ir de Tucumán’. Los hinchas de San Martín me cargaban que era la fase previa, que no había clasificado todavía. Yo siempre les digo cuando me cargan con el clásico: ‘Ganar el clásico se va a dar, pero no sé si ustedes van a jugar alguna vez la Copa’. El video lo dice todo. En Bendita TV lo siguen pasando hasta el día de hoy. Hasta mi abuela lo vio. Ahora ya soy papá, tengo un hijo de 1 año y 8 meses. Se llama Felipe. Y con él sueño con volver a jugar la Copa, con volver al Monumental”.