Cuando el partido se moría y una nueva derrota parecía inevitable,
Dylan Gissi se transformó en héroe y le puso justicia a una noche en la que
Atlético transitó por todas las emociones posibles.
Empezó con
la alegría de haber comenzado ganando desde el vestuario, sumado a los primeros síntomas distintivos de
Nicolás Aguirre, el Bicho, quizás el refuerzo del que más se espera por 25 de Mayo y Chile, pero de inmediato llegó
la desesperación.
Con el 0-1, Lanús se levantó rápido y buscó el empate con insistencia, rompiendo con facilidad la propuesta defensiva del equipo de
Zielinski. Fueron 20 minutos de resistir con aguante, en lo que el
Oso Sánchez, el palo y la mala puntería Granate se convirtieron en aliados para que el resultado no cambie.
Superado el sofocón y para el tramo final de la primera mitad, el equipo se asentó en la cancha. El debutante
Agustín Lagos dejó atrás los nervios y les demostró a todos por qué estaba ahí, cuerpeando hombro con hombro con el
Laucha Acosta y pasando en velocidad para convertirse siempre en opción de ataque.
Con aplomo,
Atlético se puso en ventaja primero y lo justificó después, dejando en claro que quería el triunfo y tenía con qué.
Se bajó el telón de la primera mitad, y en el descanso pasó algo que cambió el clima interno por completo. El defensor
Yonathan Cabral recibió la noticia de que la salud de
Benicio, su hijo recién nacido, se había complicado nuevamente, y decidió dejar el vestuario del José Fierro para trasladarse a la clínica. Eso abrió las puertas del debut de
Camilo Albornoz, pero alteró los planes y la concentración del equipo tucumano. Era muy difícil abstraerse de lo que estaba pasando el compañero que hasta hace algunos minutos los acompañaba en la cancha.
DESTACADO. Heredia jugó su mejor partido desde que llegó a Atlético. Foto: Prensa CAT.
Por su lado, la visita metió mano en el equipo, aprovechó la confusión y estuvo a punto de llevarse un premio inmerecido. La experiencia de
Fernando Belluschi y la frescura de
Pedro De La Vega revolucionaron la mitad de la cancha. Y el rubio juvenil estuvo a nada de convertirse en héroe, con dos golazos con los que había logrado dar vuelta el marcador.
Aunque
con el 1-2 para Atlético
todo era tristeza, en el medio apareció una noticia alentadora. El extremo derecho
Ramiro Ruiz Rodríguez también tuvo su debut oficial, y se ganó los aplausos de la Laprida. Rápido, encarador, vivo, el Oreja fue el punto más alto de las caras nuevas en los pocos minutos que estuvo en cancha.
Y cuando parecía que el 1-2 era cosa juzgada, apareció Dylan. Tomó la lanza desde su posición, en la defensa, abrió el juego a la derecha y se mandó con fuerza, velocidad y convicción buscando su premio, que era también la recompensa para un equipo que se había sobrepuesto a demasiadas adversidades como para quedarse sin nada.
Y ahí
llegó el alvio.
Leo Heredia, otro que se mostró en gran forma, mandó el centro de la muerte, y el defensor suizo conectó de cabeza, otra vez, como Aguirre en el primer tiempo, como los dos goles a los bolivianos, para poner el empate y bajarle la persiana a una noche que dejó a todos con las pulsaciones por las nubes y pidiendo que mañana mismo sea martes.