El Decano vivió un año inolvidable marcado por la clasificación histórica a los cuartos de final de la Copa Libertadores y un protagonismo absoluto en la Superliga. Mirá el video.
El Monumental fue testigo de conquistas históricas este año. Foto Soy Decano.
Viejo y Glorioso Decano, esta noche brindo por vos con la Copa llena, con esta hermosa costumbre que se repite. Es la copa que queremos jugar siempre y que cada año toma más forma y color. Es la copa que en este 2018 empezó a llenarse con el pie cargado de Romat. Fue en La Paz donde sonó la primera bomba de estruendo. Fue a 3600 metros de altura, ya sin aire, pero con el corazón lleno de esos hinchas que viajaron y creyeron como los miles y miles que vieron por Fox otra hazaña, como la de Quito, pero esta vez para que un equipo argentino sin la camiseta de la Selección, pero con la primera celeste y blanca de la historia gane en esa cancha después de 48 años.
Es la Copa que parecía romperse en el debut ante Libertad en el Monumental y contra nuestro querido Peñarol en Montevideo, pero que tomó envión en Bolivia con el cabezazo con suspenso de Toledo y ya en Tucumán para despachar al que venga: The Strongest con baile, a los uruguayos con Leandro para subirnos al alambrado de la ilusión y todos a Paraguay con una multitud que dejó chica la tribuna ese 17 de mayo inolvidable: fueron 90 minutos y un siglo de aguante en Asunción, la noche que vio la roja el Oso, con Batalla lesionado, pero con el Laucha en la platea para que Pizzicanella, orgullo del club, se ponga los guantes y la vuelta a Tucumán sea con el histórico pase a octavos de final.
Esta noche alzo la Copa por vos, Atlético de mi vida, Gigante del Norte con todas las letras, tan gigante que asustó a Monetti para que otra vez Leandro Díaz use todo el olfato de goleador, se bese el escudo que lleva tatuado en la piel como vos y otra vez pegue el salto de felicidad a los carteles para abrazarse con la Bolivia, parecido al salto del Bebe Acosta en el segundo tiempo para poner de cabeza el 2 a 0, y el grito de Cuello a la Chile, el pibe que también lo siente y simboliza a los pibes que aman al club que les dio la vida.
Es la Copa que vivió su noche más gloriosa de todas las noches gloriosas que hemos vivido en Medellín, en el Atanasio Girardot, la noche que nos fuimos aplaudidos por los hinchas del Atlético Nacional, rendidos ante el Laucha, el Laucha, el Laucha, Luuuuucchetti, Lucchetti, Lucchetti una y otra vez y el silbatazo pícaro de Gervasio sobre el final para que vos, Atlético de mi alma, logrés lo que sólo 13 equipos argentinos habían logrado en toda la historia de la Copa: meterte en cuartos de final, jugar en el Monumental que ya nos queda chico, tener que hacer más plateas porque no entra tanta pasión en una provincia, una pasión que ni un resultado adverso contra Gremio iba a impedir el viaje de los que creyeron y merecieron todo en Brasil.
Lo vivido este año en esta Copa que hoy levantamos para brindar por vos nos hizo más grandes y eso se vio en la Superliga desde la primera fecha ante Racing, el equipo al que este 2019 le vamos a pelear el campeonato palmo a palmo, con el Pulga si PR7 y Dios quieren, con nuestro ídolo máximo en su mejor momento, el emblema de 25 de Mayo y Chile, de Simoca, de Tucumán y de Argentina en Sudamérica. Porque Luis Miguel nos ha llevado con su magia a lo más alto, a ser punteros, a estar ahí, bajando a los grandes en sus canchas, liquidándolos a los chicos que vienen a Tucumán, y picándola, el rey de la picada picándola sin distinción de clases ni color.
Por Él, por los hinchas, por los que están y por los que alientan desde el cielo, por el Ruso Zielinski, por la dirigencia, por La Inimitable, por las hazañas de América, por los triunfos en Primera, por un 2019 cargado de más y más alegrías, Salud, Viejo y Glorioso Decano, de corazón sin igual, la banda de te lo agradece, y te alienta hasta el final.