Ya en Tucumán, uno de los fanáticos del Deca que viajó a Colombia escribe su última carta de esta etapa.
Queridos Decanos:
La carta más difícil, el regreso a Tucumán.
Pasaron varias horas desde el partido. Pido disculpas por no encontrar las palabras justas para describir lo vivido. La previa en el hostel fue tremenda: como estábamos armando quilombo se acercaron otros tucumanos y el agite fue espectacular, alrededor de 100 personas cantando por Tucumán.
Llegamos al estadio en un bondi alquilado con enfermos, la tribuna ya estaba al palo, había otros miles presentes.
Comienza el partido, y tuvimos 2 oportunidades claras de gol. Una que se encuentra el arquero tras un pelotazo de Aliendro y la otra del "Loco" Díaz pateando de afuera del área, desde nuestra óptica un tiro perfecto, pero pasó algo, una ráfaga de viento,¡una piedrita o no se qué! Y se desvió, salió besando el palo.
Nacional se agranda por el empuje de su gente y se nos viene con todo.
Y pasó lo que nadie quería que pase. Antes de los 15 no pudimos aguantarlo y nos clavan el primer gol.
En la tribuna se cantaba para sacar al equipo de ese bajón anímico producido por la primera piña recibida. Las caras transmitían nervios y angustia, algunos ya no tenían uñas para comerse y faltaba.
En la cancha los jugadores verdes estaban una furia iban para adelante nomás pero nosotros tenemos un ángel protector, el mejor arquero de nuestra historia apareció otra vez demostrando que de laucha sólo tiene el apodo porque con la camiseta celeste es un gigante. Primero con un manotazo salvador en un córner y después volando hacia su derecha rozando la pelota.
El tiempo no pasaba más, nosotros no dábamos tres pases seguidos y en algunos jugadores se notaba el nerviosismo.
Nacional no aflojaba y peloteaba con centros de aquí, de allá y de más allá. La defensa aguantó y jugó como en el barrio, pum para arriba, saque si quiere ganar.
Minuto 80 y monedas, Matos deja al Loco mano a mano con el arquero, era la clasificación pero le atajan el tiro, con la desgracia que en el rebote aparece un defensor de no se dónde y la tira al lateral.
Los segundos eran horas, si no se sufre hasta el preinfarto, no vale.
Llega el momento que nadie se imagino, ni el más optimista de los hinchas el árbitro da por terminado el partido y nosotros dejábamos a un gigante del continente afuera, pasamos a cuartos de la Libertadores. Otra hazaña de este Atlético de los milagros. La tribuna era un mix de abrazos entre familiares y desconocidos, llantos, gritos, rezos.
Más de dos mil personas en un éxtasis total.
Algunos ya hacen planes para ir a Porto Alegre, los primeros días de octubre, donde nos toca definir con el campeón defensor.
Y sí, este Atlético es histórico, tenemos la suerte de vivirlo y no queda otra que disfrutar por uno mismo, por los que ya no están.
¿Quién nos va a despertar de este sueño?
La canción ahora se puede cambiar, hasta el Mundial de clubes no vamos a parar.
Hasta siempre,
Pila Monteros.