salud pública

"Muy contentos por ella": la historia de Sarita, la pequeña tucumana que recuperó la movilidad de su brazo

Diagnosticada con parálisis braquial obstétrica a los pocos días de nacer, la niña superó casi cuatro años de tratamiento, una cirugía y un proceso de rehabilitación integral en el Hospital Avellaneda. Con el acompañamiento incondicional de sus padres y la labor de un equipo médico interdisciplinario del sistema público de salud, hoy lleva una vida plena y sin limitaciones.

22 Oct 2026 - 12:56

La historia de Sarita López comenzó a los cinco días de nacer. Oriunda de Tapia, en el departamento Trancas, sus padres, Patricia Suárez y Juan Eduardo López, notaron que al llorar la bebé solo movía la mano izquierda, sin lograr accionar el resto del miembro superior. Ante esta señal, acudieron de inmediato a la guardia del Hospital Avellaneda, donde los profesionales iniciaron la evaluación e informaron que la niña presentaba una posible parálisis braquial obstétrica (PBO), una lesión de los nervios que participan en la movilidad del brazo y que suele producirse durante el parto.

Recordando aquellos primeros instantes de incertidumbre, Patricia expresó: “Sentí miedo y angustia por esa nueva etapa que íbamos a empezar, pero sacamos fuerzas para que ella se mejorara. Esa era mi meta, que estuviera bien y recuperara el movimiento, porque es esencial para su vida”.

A partir de allí se inició un largo proceso en el consultorio interdisciplinario de PBO del Hospital Avellaneda, integrado por la traumatóloga ortopedista infantil Sabrina Campero, la kinesióloga y referente provincial Blanca Clemente, la psicóloga infantojuvenil Emilia Nattero, la enfermera Graciela Escalante y especialistas en terapia ocupacional. La recuperación demandó casi cuatro años de seguimiento constante, kinesiología y una intervención quirúrgica realizada cuando Sara tenía tres años de edad.

El compromiso familiar resultó crucial para complementar el trabajo médico, ya que la rehabilitación debía continuar diariamente en el hogar. Patricia y Juan Eduardo transformaron las rutinas de ejercicios en juegos creativos: colgaban globos de los árboles para que la niña intentara alcanzarlos y sumaron la natación para favorecer su desarrollo motor. Al evaluar el trato humano y profesional recibido, Patricia destacó: “Me tocaron excelentes profesionales. La doctora Campero, Blanquita, la kinesióloga, la doctora Constanza y quienes nos acompañaron nos trataron como si fuéramos una familia”. Asimismo, la mamá remarcó el rol activo de los hogares en estos procesos: “Es muy importante el apoyo de nosotros, los padres, para hacer la rehabilitación en casa”.

Por su parte, Juan Eduardo rememoró el impacto de los primeros meses y la satisfacción del alta médica tras años de esfuerzo: “Al principio me costó mucho, porque ver que no movía el brazo era un tema grave para mí. Con el tiempo se fue recuperando hasta que me dieron la noticia del alta”. De igual manera, dejó un mensaje para aquellas familias que atraviesan una situación similar: “Deben tener mucha paciencia, ser constantes y hacer lo que dicen los médicos y los profesionales. El grupo que nos tocó estuvo formado por excelentes personas y profesionales que supieron guiarnos por el buen camino”.

Desde la perspectiva médica, la doctora Sabrina Campero, a cargo del Servicio de Ortopedia Infantil de la institución, explicó que la PBO puede manifestarse de diversas maneras y que algunos pacientes recuperan la función de forma espontánea mientras que otros requieren cirugía y tratamientos específicos para evitar contracturas y deformidades. Respecto a la dinámica de trabajo, detalló: “Desde el primer momento, la paciente entra en contacto con el equipo de neonatología, que nos convoca a ortopedia infantil y rehabilitación. Ahí comienza el trabajo conjunto entre traumatólogos, kinesiólogos, psicólogos, enfermeros y otros profesionales”. En ese contexto, la especialista remarcó la importancia de la articulación con el entorno del paciente: “Esto solos no se puede hacer. Necesitamos de la interdisciplina, de los kinesiólogos y, fundamentalmente, del trabajo de las familias. Los padres forman parte del equipo de rehabilitación”. Y agregó: “Cuando el papá entiende la patología, el niño se recupera. Eso es lo más importante”.

El abordaje kinesiológico y de rehabilitación integral se enmarca en un dispositivo con más de 20 años de trayectoria que se consolidó en los últimos ocho años y que actualmente trabaja en la conformación de una red provincial. La licenciada Blanca Clemente, referente de la especialidad, precisó que los pacientes son derivados desde diversas instituciones públicas para recibir tratamiento conservador, preparación prequirúrgica y seguimiento posquirúrgico. Durante las distintas fases, se emplean recursos lúdicos y espacios de intercambio con niños operados para reducir la ansiedad previa a una intervención, sosteniendo los controles hasta la adolescencia e incentivando la práctica deportiva. Al respecto, Clemente afirmó: “Tenemos interdisciplina todo el tiempo. Desde el inicio del diagnóstico hasta el final estamos trabajando con distintos profesionales”.

A la par del tratamiento físico, el área de Salud Mental brinda contención psicológica a fin de procesar la información médica y canalizar las emociones que surgen ante un tratamiento prolongado. La licenciada Emilia Nattero explicó cómo intervienen en la rutina del consultorio: “Muchas veces a los padres les llega mucha información y, cuando vuelven al consultorio, sienten que no comprendieron cómo va a ser el procedimiento. Entonces trabajamos sobre eso, sobre cómo recibieron la información, cómo la procesaron y qué miedos aparecen”. Mediante entrevistas, dinámicas de juego con los niños y visitas guiadas a las salas del hospital previas a la cirugía, el equipo acompaña las necesidades afectivas tanto del paciente como de su núcleo cercano.

El caso de Sarita pone de manifiesto el impacto de la atención sanitaria integral en la provincia, respaldada por el Ministerio de Salud Pública conducido por el doctor Luis Medina Ruiz en la gestión del gobernador Osvaldo Jaldo. Hoy, la pequeña realiza sus actividades cotidianas, concurre a la escuela y practica actividad física a la par de sus pares, habiendo superado las secuelas de la parálisis.

Como síntesis de este recorrido, Patricia concluyó: “Muchísimas gracias, porque sin ellos no hubiéramos podido estar acá, con ella como está hoy en día. Estamos muy felices, muy contentos por ella”.


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