El centenario medio porteño expuso la trunca re-reelección de Sergio Pagani y la posterior invención de un "cargo a medida" tras el freno judicial que impidió que el rector del saabismo tenga un tercer periodo prohibido por el Estatuto. El periodista Luciano Román expone el esquema de "perpetuación en el poder" y la "lógica punteril" que dominan la histórica casa de altos estudios tucumana.
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La profunda e interminable crisis política e institucional que atravesó la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) traspasó las fronteras provinciales para convertirse en el caso testigo del deterioro académico nacional. El centenario diario La Nación se hizo eco de los escándalos que salpican al Rectorado tucumano a través de un artículo de opinión firmado por el analista Luciano Román, titulado "La universidad feudal: entre la perpetuación en el poder y el autohomenaje". En su escrito, el medio nacional puso en el centro del debate a la casa de altos estudios que, habiendo sido en el pasado "el polo intelectual y científico más importante del Norte argentino", estuvo durante meses totalmente *"atrapada en una crisis institucional derivada del afán re-reeleccionista del rector" Sergio Pagani.
El eje central de la publicación de La Nación se posó en el intento de Pagani de retener el sillón de la UNT violando la normativa vigente. El ahora exrector aspiraba a un tercer mandato consecutivo a pesar del expreso "impedimento estatutario" que se lo prohibía. Cabe recordar que la propia Asamblea Universitaria N° 50, reunida el 25 de abril de 2024, había rechazado de manera implacable —por 79 votos contra 34— cualquier posibilidad de habilitar el reinicio de mandatos, dejando plasmado en el artículo 190 del Estatuto una cláusula transitoria sin margen de interpretación: quienes cumplían su segundo mandato caducaban indefectiblemente en mayo de 2026.
Pese a la claridad del texto normativo, el oficialismo desató un complejo entramado procesal para forzar la candidatura. La pretensión de Pagani fue impugnada en la Justicia Federal por los decanos Miguel Ángel Cabrera y Virginia Abdala mediante la representación del abogado Manuel Gonzalo Casas. El asunto ingresó en un empantanamiento judicial con resoluciones contrapuestas, donde el juez de primera instancia Guillermo Díaz Martínez esquivó pronunciarse sobre el fondo estatutario al rechazar la acción por "duplicidad de vías", aunque debió imponer las costas por su orden, "reconociendo que los demandantes pudieron creerse con derecho a litigar". Sin embargo, la Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán dictó una cautelar categórica que suspendió la fórmula Pagani-Leal por violar los límites de la reelección, fallo sustancial que dejó al rector inhabilitado de forma definitiva.
Para sostener el control de la estructura mientras se dirimía el horizonte electoral, el entramado político del Rectorado desplegó una serie de maniobras de dilatación. La Junta Electoral presidida por saabista Fernando Valdez —funcionario cuyo sobreseimiento en la causa por el manejo fraudulento de fondos de YMAD fue revocado por la Cámara Federal— y secundada por Ángeles Igarzábal —designada por el propio Pagani—, junto a un Consejo Superior, suspendieron el proceso electoral y postergaron la Asamblea Universitaria. En paralelo, durante la gestión interina de la vicerrectora subrogante Cristina Grunauer de Falú, el histórico secretario general José Hugo "El Gordo" Saab y todo el gabinete de altos funcionarios procedieron a autoprorrogarse sus cargos en el Rectorado.
Tras la inhabilitación judicial consumada de Pagani, la maquinaria oficialista reordenó sus piezas y consagró a la fórmula integrada por Sergio Mohamed y Horacio Madkur. Lejos de una renovación, la primera medida del nuevo esquema fue ratificar de inmediato en su histórico puesto de la Secretaría General a Saab, operador que acumula cuatro décadas manejando los resortes claves de la universidad. La ratificación confirmó que el poder real continúa intacto, e incluso en el propio entorno rectoral admitieron ante las cámaras de Panorama Tucumano que Saab "tiene mucho poder" y constituye "un nexo entre la Universidad y el poder".
Pero el acomodo no terminó allí. Tal como lo denunció Román en La Nación, la conducción entrante fijó como prioridad absoluta resguardar al rector saliente: "Ahora acaba de elegirse un nuevo rector, cuyo primer objetivo es crear un cargo 'estratégico' para que ocupe su antecesor".
"Burocracia politizada" y "lógica punteril": la devastadora crítica del diario La Nación
Para el analista de La Nación, el laberinto tucumano excede lo local y retrata la degradación ética que carcome a las universidades públicas argentinas. Román sostuvo que lo acontecido en la UNT pone al descubierto "un problema estructural que atraviesa buena parte del sistema universitario argentino: la dificultad para aceptar la alternancia y la tendencia a perpetuarse en las poltronas de poder".
En uno de los pasajes más lapidarios de su columna, el periodista cuestionó la pérdida del prestigio académico en la conducción de los claustros, señalando que "ser decano de una facultad o presidente de una casa de estudios ha dejado de ser, en buena medida, un honor al que se llega por prestigio y trayectoria académica". En su lugar, denunció que la gestión institucional fue cooptada por intereses partidarios: "La mayoría de esos cargos hoy están en manos de una burocracia politizada que concibe cada parcela universitaria como un lugar de poder; una especie de feudo propio que se administra con una lógica punteril".
Frente al bochornoso cuadro de autoprórrogas, cargos inventados y elusiones estatutarias, Román interpeló de manera directa el rol que está cumpliendo la educación superior en el país. El analista contrapuso los abusos del poder con los principios de mérito y transparencia, preguntando si la universidad pública "busca aferrarse a los cargos, como en Tucumán, o garantiza la alternancia y la diversidad de voces". En sus reflexiones finales, Román advirtió sobre la consolidación de un clima enrarecido en las facultades donde prima la "subordinación y temor", concluyendo que "la defensa de la universidad pública exige una reivindicación del pluralismo y de la ética institucional" ante el avance inescrupuloso de los feudos universitarios.
El análisis realizado por el diario La Nación.-