Ante el deterioro persistente del poder adquisitivo, las familias argentinas comenzaron a financiar bienes de primera necesidad mediante esquemas crediticios con intereses elevados. Según un relevamiento, Jumbo y Carrefour ofrecen planes de pago cuyas tasas anuales rozan el 100%, transformando el costo financiero en un componente central del precio de la comida.
Foto de Cenco Malls.-
El actual escenario económico modificó los hábitos de consumo en los hogares. Mientras que anteriormente el uso de la tarjeta de crédito se reservaba para bienes durables o compras excepcionales, hoy se ha convertido en una herramienta de supervivencia para cubrir la canasta alimentaria. Esta tendencia se observa con nitidez en cadenas como Jumbo y Carrefour, dos de los grandes hipermercados que operan en Tucumán, que ofrecen activamente la posibilidad de pagar el "changuito" en cuotas con intereses que igualan o superan la inflación proyectada.
De acuerdo con un informe de La Política Online (LPO), una simulación de compra online en la cadena Jumbo reveló un sistema de oferta compulsiva de cuotas con tasas que resultan usurarias. Para planes de hasta seis cuotas, la Tasa Nominal Anual (TNA) se ubica en el 93%, mientras que para plazos de nueve a doce pagos, el interés asciende al 98%.
En términos nominales, el impacto es severo: una compra de $559.095 puede terminar costando $1.038.128 si se opta por el financiamiento en doce meses. Esto representa un recargo del 86% sobre el valor de contado de los productos, afectando directamente a artículos de primera necesidad y limpieza.
Por su parte, la cadena Carrefour presenta un esquema similar, aunque con variaciones dependiendo de la tarjeta de crédito, el banco emisor y el plan elegido por el consumidor. En ambos casos, la Tasa Efectiva Anual y el Costo Financiero Total se integran al precio final, haciendo que el valor real de los alimentos ya no sea el que figura en la góndola, sino el de la góndola más el interés del crédito.
Caída del ingreso y endeudamiento familiar
Este fenómeno de "financiarización del changuito" encuentra su explicación en la pérdida de ingresos de los hogares. Un informe de la consultora Equilibra destaca que, en mayo, el ingreso disponible de las familias (tras descontar gastos fijos) cayó un 2,1% respecto a abril y un 5,1% interanual. Si se analiza el ingreso real considerando la canasta actualizada, el retroceso acumulado desde el cambio de gestión de gobierno alcanza el 10,6%.
Ante la imposibilidad de afrontar los gastos al contado, el endeudamiento se ha vuelto una constante. Datos de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires indican que más de la mitad de los consumos con tarjeta de crédito se destinan actualmente a la compra de comida. En la misma línea, investigaciones del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) y advertencias de asociaciones como Adelco confirman que los préstamos personales y las tarjetas son hoy los principales instrumentos para financiar el consumo cotidiano.
La brecha entre la inflación y las tasas
Uno de los puntos más críticos señalados en el relevamiento de LPO es la brecha financiera. A pesar de que la inflación mensual ha mostrado una desaceleración hacia valores cercanos al 2%, el costo del crédito para las familias se mantiene en niveles del 100% anual.
Esta diferencia genera una rentabilidad extraordinaria para los intermediarios financieros y las grandes cadenas, a costa de una transferencia directa de ingresos desde los hogares hacia el sector financiero. En este contexto, el debate sobre el poder adquisitivo ya no puede limitarse a la comparación entre salarios y precios, sino que debe incorporar el costo de financiar la brecha cuando el sueldo se agota antes de finalizar el mes. Para una parte creciente de la sociedad, comer se convirtió en una operación financiera a largo plazo.