Comprovincianos y economistas, cuatro especialistas en la materia dan su punto de vista sobre cómo combatir la suba de precios que padece la sociedad argentina desde hace décadas. Hablan Eduardo Robinson, Alfredo Grassia, Gustavo Wallberg y Ariel Osatinsky.
(Foto: iProfesional)
El presidente Alberto Fernández anunció este viernes el inicio de la Guerra contra la Inflación. Con un mensaje grabado y sin demasiadas precisiones, el Primer Mandatario adelantó que, a partir del lunes, comenzarán a negociar con productores para frenar la variación de precios salvaje. “Vamos a defender y proteger la mesa de las familias argentinas”, dijo el titular del Poder Ejecutivo nacional, al tiempo que mencionó la creación de un Fondo de Estabilización y otras medidas de las que –reveló- hablarán otros funcionarios.
En este sentido, en las horas previas del anuncio, desde eltucumano.com consultamos a cuatro economistas tucumanos sobre las posibles estrategias del Gobierno para combatir, de forma efectiva, el fenómeno de la inflación. Ellos son Eduardo Robinson, Alfredo Grassia, Gustavo Wallberg y Ariel Osatinsky.
A favor y en contra, estrategias alternativas a las actuales y otras de vieja data. El punto de vista de los consultados es dispar y fundamentado. Dolarización de la economía, control de precios real, desmonopolización del mercado, intervención del Estado, equilibrio fiscal, ajuste de la clase política; son algunos de los conceptos que se desprenden de cada una de las opiniones obtenidas.
A continuación, la palabra de los especialistas:
Eduardo Robinson
En primer lugar, hay que trabajar mucho con las expectativas. Es decir, tener un programa de estabilización económico, que permita alinear las expectativas. Hay que ordenar las reglas de juego tratando de que el sector productivo empiece a invertir, a producir más, a traccionar más el crédito. Para eso es importante mirar claramente la cuestión fiscal. Yo creo que el Gobierno está apretando las clavijas fiscales, pero sin tener un programa que permita el crecimiento económico.Cuando hay reglas de juego claras, cuando los que pueden invertir empiezan a ver que va a haber mejor calidad de negocios, posibilidades de conseguir financiamiento y cuando el mercado interno empieza a robustecerse, porque empieza a mejorar el empleo y los salarios, empieza a generarse un circulo virtuoso y, entonces, de esa manera, se puede combatir la inflación. La inflación es un fenómeno que demora un tiempo en poder disminuir, pero todo depende, también, de las expectativas que se vayan generando. Hoy el problema que tiene la Argentina no es tanto un problema focalizado en la demanda, sino un problema focalizado en la oferta agregada. Es precisamente ahí donde hay que poner énfasis, en la producción, en la productividad, en tratar de ser más competitivos porque, de lo contrario, vamos a estar encerrados en un círculo complicado donde tenemos más inflación, menos salarios, menos poder adquisitivo, menos creación de empleo y eso se va a espiralizando.
Cuando el Gobierno habla de declarar la guerra a la inflación, habrá que ver qué instrumentos utiliza. Si utiliza los instrumentos con los que viene trabajando para contener la suba de precios, como son los acuerdos, precios cuidados o programas muy focalizados en el AMBA, ya que en el resto del país no se pueden controlar precios, sirve o tienen que estar enmarcados dentro de un plan macroeconómico más general, de lo contrario son medidas sueltas que no van en la dirección de alinear expectativas.
Alfredo Grassia
Hay tres puntos fundamentales a tener en cuenta: Primero hay que desdolarizar la macroeconomía argentina. Todos los productos que Argentina produce dentro de lo que son los commodities y lo que genera Argentina para el consumo interno, su precio está dolarizado, incluso en el mercado interno. Hay que tener un sistema que permita comercializar esos productos con nuestra moneda internamente y que exista la posibilidad de comercializarlos con moneda extranjera para exportarlos. Si no lo hacemos, como lo que sucede hoy, importamos inflación, siempre nos va a repercutir cualquier cimbronazo económico internacional sin importar su magnitud. Segundo punto: debemos tener un control muy estricto del costo de todos los productos que se comercializan en la canasta básica alimentaria. Hoy lo que tenemos un sistema en donde el precio lo impone el mercado, no sabemos cuáles son los costos de esos productos. Lamentablemente nosotros tenemos monopolizado el mercado: tenemos una empresa que tiene casi el 90% de la fabricación, distribución y comercialización de aceite, entonces ese mercado del aceite siempre va a decir que el precio es más de lo que tendría que ser. Por último, hay que determinar, también interviniendo, en la ganancia máxima de los productos que se comercializan. No podemos tener en el país productos que tienen entre 1500 y 2000 por ciento de márgenes de ganancia. Y eso sucede porque no se controla que, en otros países como Alemania, sí tienen un margen máximo, porque perjudica y destruye el bolsillo de los consumidores.Necesitamos un Estado que intervenga para equilibrar la macroeconomía, no para manejarla. Adam Smith en su primer libro dijo que el verdadero capitalismo es cuando el capital privado y los gobiernos logran un equilibrio de beneficio mutuo. Hoy, lamentablemente, el neoliberaismo produjo que únicamente lo maneje el capital privado. Cuando los países no intervienen se desestabiliza la macroeconomía. Lo que tenemos hoy no es capitalismo, es neoliberalismo puro y eso produce las desigualdades que tenemos.
Gustavo Wallberg
La inflación es esencialmente un fenómeno monetario. De base, hay que procurar que no se emita en exceso, que haya algún tipo de relación entre el ritmo en el que se emite dinero y capacidad de responder a la demanda de la gente por más bienes. Cuando hay demasiado dinero respecto a la capacidad económico, la diferencia va a ser la inflación. El primer camino para evitar ese exceso es tener equilibrio fiscal. Con esto se consiguen dos cosas: por un lado, no hay exceso de emisión y, por otro, tampoco hay deuda. Se atacan dos problemas importantes de una vez. El punto complicado es cómo conseguirlo, no hay una fórmula para todo lugar y época; ahí es donde el olfato político tiene que entrar en el quehacer.La guerra contra la inflación, por otra parte, no es algo exógeno, es un fenómeno propio de nuestro país en el que hay influencias, sí, de sucesos externos, en particular, al día de hoy, la guerra entre Rusia y Ucrania. De todos modos, esto último no es la causa de la inflación. Por supuesto que la situación en Europa complica cualquier guerra contra la inflación. Uno puede pensar cómo conseguir un equilibrio fiscal, pero tiene que adaptar las cosas a los cambios en situaciones que no dependen del propio gobierno.
La lucha contra la inflación no es un objetivo en sí mismo. No alcanza con no tener inflación para que las cosas mejoren en Argentina. Obviamente, es una mejora no tenerla, pero la inflación puede derrotarse a un costo social grande. No es fácil. Quien está a cargo del gobierno se presentó a elecciones sabiendo eso. Es algo que hay que hacer un planteo que va a demorar mucho tiempo, no alcanza con declaraciones rimbombantes, al estilo de eliminar a los especuladores. No son los empresarios los culpables de la inflación, no quiere decir que sean santos, pero la inflación se debe a la emisión de dinero. Punto.
También hay que tener en cuenta que hay dos formas rápidas de bajar la inflación. Las dos son muy costosas, por lo tanto, no es factible aplicarlas: una es dolarizar la economía. Con eso, el Banco Central, simplemente, deja de emitir dinero y se acabó el exceso de emisión. El problema que tiene es que el costo que tiene es que los sueldos en dólares se van a ajustar a la productividad de los distintos sectores de la economía argentina y los sectores poco productivos van a tener ingresos reales bajísimos, por su puesto sin inflación, lo que es una gran ayuda. Tranquilamente Argentina podría estar en una situación como la de Ecuador, con una inflación muy baja porque su Banco Central no emite, pero no es que parezca que Ecuador pueda ser una sociedad a imitar. Otra posibilidad es también complicada: si se eliminan los aranceles a la importación, prácticamente de inmediato, los precios de los bienes transables van a igualar el precio internacional, de modo que la inflación argentina va a ser aproximada a la mundial. El costo va a ser, que a los sectores poco productivos en Argentina van a quebrar.
Una última cuestión, el equilibrio fiscal que se logre no debe, al mismo tiempo, sacrificar el futuro de la actividad económica. Por lo tanto, no debe conseguir ese equilibrio fiscal subiendo impuestos. La forma de conseguir ese equilibrio es volviendo más eficiente el Estado y, a partir de ahí, bajar gasto público. En tal sentido, sería muy importante para una guerra efectiva contra la inflación, que los políticos den el ejemplo, empezando por el presidente. Si se pone a la cabeza de una lucha verdadera contra la inflación, debería bajarse sus ingresos. El presidente no paga impuesto inmobiliario, no paga alquiler, no paga comida, no paga electricidad, no paga transporte, no se vería muy afectado si redujera sus ingresos como presidente como una manera de gesto de acompañar una lucha que va a ser ardua.
Eliminar la inflación es un trabajo muy duro. Hay un camino claro que es que no haya exceso de dinero. Cómo se recorre ese camino es lo que depende de las circunstancias y va a depender de la habilidad de los políticos.
Ariel Osatinsky
El gobierno anuncia que el viernes empezaría la "guerra contra la inflación", lo que no pasará de ser el anuncio de los fracasos ya conocidos: los "precios congelados" de Feletti, los "cortes cuidados" de la carne, etc.El problema de la inflación no es nuevo. Todos los gobiernos capitalistas lo agravaron. Una de las causas es la emisión que se llevó adelante en pos de garantizar los pagos de la deuda usuraria e ilegítima, y los subsidios millonarios a grupos económicos concentrados durante años.
La inflación también se vincula con la estructura monopólica que controla la agroindustria y el comercio exterior, con el capital financiero y las empresas privatizadas que hicieron ganancias millonarias con todos los gobiernos.
El problema de la inflación se agrava ahora en el contexto de crisis mundial y de la guerra, que ocasionó un incremento de los precios de las materias primas, en particular de los alimentos, de la energía, de los combustibles. A eso, hay que agregar que el gobierno tiene como política el acuerdo con el FMI, que va a implicar mayores tarifas de luz, gas, agua, y nuevas subas en los combustibles, todo lo que agravará más la suba de precios.
La verdadera guerra que el gobierno viene librando desde diciembre de 2019 es contra los salarios, las jubilaciones, y los magros ingresos de los desocupados. Su política es de ajuste severo: este año, con una estimación de 55% de inflación o más, el gobierno pretende "aumentos" de 41% en cuotas en las paritarias, y acaba imponer que el salario mínimo alcance 46.000 recién el año que viene, cuando hoy ya la línea de pobreza está por encima de 70.000. La jubilación mínima es una miseria y los montos de los planes sociales no cubren siquiera la canasta de indigencia.
Para enfrentar la inflación hay que tomar medidas que significan una reorganización económica: control de la gran producción, confiscación de las privatizadas, nacionalización sin pago del sistema bancario, del comercio exterior, dejar de pagar la deuda externa y concentrar esos recursos en la industrialización y plan de obras públicas en función de las necesidades de las y los trabajadores ocupados y desocupados.
Las y los trabajadores debemos profundizar las luchas por aumentos de salarios por encima de la inflación (indexación mensual), salario mínimo igual a la canasta familiar, 82% móvil de jubilación, y duplicación de los planes sociales. Es la verdadera batalla contra la inflación y el ajuste que el Gobierno, la oposición patronal y el FMI buscarán imponer al conjunto de la clase trabajadora.