Desde hace tres semanas, un grupo de manifestantes en contra de la legalización del aborto se apostó en la vereda de la maternidad y perturba la calma de los vecinos con sus parlantes. “Están reza que te reza desde la mañana hasta la noche. Evidentemente, nada los ahuyenta, ni la cuarentena, ni el virus, porque siguen firmes ahí con su carpa”, dice un vecino indignado.
La carpa junto a la maternidad desde donde rezan todos los días.
Es un fraseo constante y monótono que se repite una y otra vez, de día, de tarde y de noche; como una plegaria que viene del más allá para hacerse eco dentro de la casa. La invocación cíclica y perturbadora en su insistencia, efectivamente, viene del más allá, del otro lado de la avenida Mate de Luna al 1500 donde se encuentra la maternidad. Ahí, sobre esa vereda y al costado de la entrada principal del enorme edificio, donde se ubican siempre un vendedor de algodón de azúcar con su bicicleta y un carrito que vende sanguches, se ha apostado desde hace casi tres semanas un gazebo con una pequeña mesa donde descansa la imagen de una virgen, micrófono y un parlante que lanza en loop el rezo del rosario. Cualquier desprevenido pensará que se trata de
otra de las acciones lanzadas por la iglesia católica para combatir la pandemia de coronavirus que azota a todo el mundo y al dengue que pica fuerte por estos lados, pero no. Un banner aclara el motivo que convoca desde entonces a ese pequeño grupo de gente:
“Reza por el fin del aborto”.
“Las tengo acá a las rezadoras al frente. Están hace como veinte días y rezan por el fin del aborto. No sé si son de la iglesia o un grupo de autoconvocados y están reza que te reza desde la mañana hasta la noche. Son hasta cuatro personas que hay siempre sentadas una al lado de la otra. Evidentemente, nada los ahuyenta, ni la cuarentena, ni el virus, porque siguen firmes ahí con su carpa”, cuenta el actor de 41 años Federico Cerisola que vive del otro lado de la avenida en la misma dirección en que está ubicado el gazebo. Él es uno de los vecinos perturbados por la emisión continua de rezos a través del parlante, aunque ahora dice con algo de alivio: “Desde el lunes que le mermaron un poco al tema del micrófono”.
Desde que esa pequeña carpa se ubicó al frente de su casa, la vida de Federico se ha vuelto un verdadero calvario. Es como si una voz lo persiguiera en cada rincón, en cada habitación, y no es la propia consciencia, sino una voz ajena que repite siempre lo mismo en forma de letanía: “Es una voz que escucho y que está presente todo el tiempo. Esa voz se torna molesta cuando está todos los días y a toda hora. Hasta el fin de semana se escuchaba en toda mi casa. Ahora también están con el micrófono y cuando dejan de pasar los autos las escucho, es como si fuera una mosca que está todo el tiempo dando vueltas”. Muchas veces, esa voz intranquilizadora lo ha despertado por la mañana o a la siesta en sus días de descanso. Cuando se asoma por la ventana del living o del dormitorio ahí están. No son muchos, dos, tres o cuatro refugiados bajo el gazebo, pero molestan a los vecinos. Y bastante. Los rezos comienzan alrededor de las 10 y se extienden hasta las 20 aproximadamente. “Todo bien, son dueños de creer en lo que quieran, pero que vayan a rezar a la puerta de sus casas”, reclama el actor.
“Después de todo lo que recomendaron por la situación del coronavirus me parece medio irresponsable que estén ahí parados cuando les están pidiendo a todos que respeten la cuarentena”, se indigna Federico que hoy empezó el aislamiento social en su casa después de recibir la licencia en su trabajo y confiesa que está preocupado por la situación, a la vez que reclama mayor responsabilidad de parte de todos para hacerle frente a la pandemia. Por suerte, desde ayer los rezos no replican en su hogar, pero cree que pueden volver a molestarlo tanto a él como al resto de sus vecinos de la cuadra: “Yo he vivido toda la vida acá, somos como una familia con todos los vecinos. Una chica de acá cerca me dijo lo mismo, que ella también los escucha. Más allá de estar a favor o en contra del aborto, el tema es que tenés a una persona hablando por micrófono todo el día al frente de tu casa y llega un punto en que te cansan. A veces, pedís que caiga una tormenta así se van”.
Hasta el momento, en los días en que la voz que reza irrumpe en su calma cotidiana, su técnica ha sido subir el volumen del televisor hasta que ese sonido tape el de las plegarias que llegan desde afuera. No es el único ruido perturbador en esa cuadra, ya que le llegan también los sonidos del tráfico constante de la zona y el barullo de las ferias que se hacen los fines de semana en el Parque Avellaneda. Pero esta parece ser la gota que rebalsó el vaso. “Cuando la municipalidad hace los recitales tampoco puedo dormir porque mi casa está a media cuadra del monumento del bicentenario. A eso lo entiendo más, pero a veces también le meten hasta las doce de la noche. Al menos es algo que es para toda la comunidad, pero estas mujeres están re-zan-do”, dice separando las sílabas en la última palabra para dejar en evidencia su indignación.
De acuerdo a las indagaciones de este medio, el grupo de manifestantes en cuestión pertenecen al grupo “
40 días por la vida” que se autoproclama como parte de la
“movilización pro vida más grande de la historia”. Según declaran a través de las redes sociales, se trata de asociación que tiene más de un millón de voluntarios y que opera en 816 ciudades de 56 países del mundo. Entre sus acciones se describen la oración, el ayuno, la integración comunitaria y la vigilia pacífica. También arrojan una serie de estadísticas que indican que han impedido 16.742 abortos, han cerrado 104 centros de abortos y han logrado 196 conversiones de trabajadores de lo que llaman “la industria del aborto”. Esta manifestación surgió después de que el presidente
Alberto Fernández anunció el envío al Congreso de un nuevo proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (I.V.E.). Para desdicha de Federico y el resto de los vecinos de la zona, el grupo anunció que la carpa continuará en el lugar hasta el cinco de abril.
En su casa, mientras cumple la cuarentena y, valga la redundancia, reza para que los rezos no se cuelen otra vez por su ventana, Federico suspira con un dejo de resignación y dice: “Supongo que no se quedarán de por vida, pero hace tres emanas que están a full. No es que quiero que se vayan, pero yo le diría: señora, apague el micrófono. Es como que yo saque el equipo de música y me ponga a cantar tango en la vereda. Yo voy a poner los parlantes en la ventana y le voy a meter todo el volumen a ver si les gusta. Es todo muy dantesco acá porque está la maternidad, estos que están en contra del aborto y los vendedores ambulantes que no me joden porque es gente que está laburando. Es como una película, esta es una cuadra muy aquelarre. Creo que esto es Macondo, definitivamente”.