Los productores dieron su versión sobre los pájaros sin vida hallados en su finca y pidieron disculpas a la comunidad. VIDEO.
“El pájaro no ha sido envenenado por el veneno que le tiramos a las frutillas; los pájaros ya estaban muertos al borde de las frutillas”, asegura Carme, que hace las veces de presentador en la filmación. El productor cuenta que la intención era bromear con sus amigos y que lamenta que la broma haya llegado tan lejos.
Serrano fue quien filmó. Al igual que su compañero, asegura que la muerte de las aves no tiene que ver con los productos que utilizan para preservar la fruta ─como casi la totalidad de los productores tucumanos─ sino por el accionar de “tramperos” que se dedican a cazar aves. “Yo llego, veo el montoncito de pájaros y empezamos a colocar uno sobre cada borde, en fila, porque este video ha sido armado, no es real; nunca se ha visto un caso de pájaros que mueren comiendo frutillas, eso ya sería el colmo”, se excusa el cosechero y camarógrafo. Y agrega una disculpa: “Yo me veo y me pongo mal, pido disculpas, también a la colectividad boliviana. Tal vez afecté, pero no ha sido queriendo; esto puede pasar a cualquiera, ha sido una broma”.
Los productores insisten en que la muerte de los pájaros fue producto de la caza, que “tramperos” los olvidaron en una bolsa y se asfixiaron. Y que fue entonces cuando decidieron grabar el video para hacer una broma. “Estábamos al cuete y fuimos a regar y hay momentos que nos ponemos a matar palomas, pero no lo hacemos como para hacer daño con el veneno y menos esa clase de pajaritos que son bonitos”, explica Serrano.
La semana que viene, ingenieros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y bioquímicos de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) visitarán la finca de Carme y Serrano para estudiar los cultivos y determinar la presencia de agroquímicos.
Javier Rovira, agente del INTA, explica a
eltucumano.com que en la horticultura existe un uso intensivo de agroquímicos que, si no son bien controlados, pueden llegar a la mesa de los consumidores. En este sentido, destaca las
acciones que se llevan adelante desde el organismo de control nacional para capacitar a pequeños y medianos productores en el correcto uso de productos agroquímicos. “La mayoría utiliza productos químicos de fertilizantes hasta lo que son fungicidas y herbicidas, y la mayoría no tiene que tener impacto en la salud si se aplican correctamente”, señala Rovira. A nivel provincial, el trabajo de capacitación es articulado con el Ministerio de Salud de la Provincia.
El especialista adelanta que se está promoviendo la sustitución de insumos con grados de toxicidad por insumos naturales inocuos para las personas. “Este hecho mediático nos encuentra trabajando en producir más sano, es el objetivo y es una tarea interinstitucional y a largo plazo. La idea es producir con sello de calidad, asegurar al consumidor que lo que compra es sano”, asegura y pone el foco en los controles que se realizan para garantizar el correcto uso de productos en alimentos. “Hoy los organismos de control no están funcionando muy bien”, reclama Rovira, que apunta a la desfinanciación que han sufrido a nivel nacional organismos como el INTA y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) en los últimos años, un desfinanciamiento tan crudo que ante la falta de fondos nacionales para pagar el alquiler de una oficina de extensión en Lules, debieron trasladarse a Famaillá, en donde la Municipalidad decidió hacerse cargo del costo, unos $7.000 mensuales. A esto se suma la incapacidad técnica y de recursos humanos de los municipios y comunas rurales para la regulación de los cultivos. “Sólo en Lules tenés 300 productores en 500 hectáreas, no hay capacidad técnica. En las comunas rurales, menos capacidad tienen, no es sencillo, pero se está trabajando”, señala.