Una pareja de tucumanos cuenta cómo es la vida cuando los hijos llegan todos juntos, el mismo día.
La familia Lazarte-Moeykens, en un microdocumental de eltucumano.com.
El 18 de junio de 2014 fue el día que cambió para siempre la vida de la pareja conformada por Érika Moeykens (40) y Ezequiel Lazarte (43). Ese día frío y con garúa en la ciudad nacieron –entre las 12.15 y las 12.20- sus hijos trillizos: Libertad, con 1,700 gramos; Orestes con 1,400 gramos y Eneas con 1,550 gramos. Y desde ese mismo momento, nada volvió a ser lo que era. Las alegrías, las tristezas, el cansancio, y el amor se multiplican por tres una y otra vez.
Foto de Ezequiel Lazarte
“Lo cierto es que cuando uno imagina ser padre, no aparece la posibilidad de tener tres hijos el mismo día”, sostiene Ezequiel, el
multipadre que relata a través de sus cuentas de
Facebook,
Twitter e
Instagram los desafíos de contribuir a que sus retoños forjen una personalidad definida más allá de su pertenencia al equipo que formaron desde la panza.
“Si tengo que definir cómo es la experiencia de una multifamilia, diría que es intensa”, agrega el psicólogo y fotoperiodista que admite que no hay ningún manual para desandar el camino. Ahí radica la exigencia de la experimentación en su rol como padres y la necesidad de apelar a abuelos, tíos, amigos y a toda aquella persona que quiera prestar una mano (o varias), aunque muchas veces ni los más próximos dimensionen la tarea titánica que supone atender las necesidades de a tres.
Foto de Ezequiel Lazarte
“A medida que va avanzando el embarazo cada familia va descubriendo la manera de buscar recursos o de recibir apoyo; también te vas encontrando con gente que está viviendo las mismas problemáticas: desde cómo darle la teta o la mamadera, cómo los cambias, cómo hacerlos dormir, si se molestan o no se molestan entre ellos”, ejemplifica. En este sentido, Érika, acota que “uno no está preparado, ni la sociedad te ayuda a prepararte porque no está en el imaginario tener trillizos”. Es así que en los primeros tiempos hay una cuota de desconocimiento, otra de inocencia y una -fundamental- de inconsciencia. “No sabíamos la que se venía cuando nos enteramos de mi embarazo, nunca habíamos tenido un bebé”, resume la mujer maravilla que durante siete meses albergó cuatro corazones en un sólo cuerpo.
Pero la aventuras y desventuras no se ciñeron sólo al embarazo. Una vez superada la gestación, vino un duro período en neonatología que los marcó para siempre. Si bien otras multifamilias les habían dado pautas para superar ese trance, la experiencia de volver a la casa sin sus hijos los atravesó. Más de una vez el horario de visita fue retardado o dejado en suspenso por algún problema que no sabían de qué se trataba o a quién afectaba.
“Yo pensaba ‘por favor que no sean los míos’ pero no podía abstraerme de la situación de que si no eran los míos, era el bebé de cualquiera de las personas que estaba a mi lado, y con quienes formamos una comunidad para superar esos días tan difíciles”, recuerda Érika mientras un nudo se le arma en el pecho y suspira profundo para desatarlo. Afortunadamente, Libertad, Orestes y Eneas fueron dados de alta tiempo después para inaugurar su vida en el hogar que con tanto amor les prepararon sus padres. Claro que primero toda la familia aprendió una lección que aplican a diario: todo con paciencia, esperando turno.
“Para nosotros la constante de una familia múltiple es que
tenés cero planificación. Sobre la marcha vas viendo qué necesitas o qué hacer y vas tomando decisiones”, aporta Ezequiel, quien vuelve a remarcar la contención que encontraron en la
Fundación Multifamilias, que
nuclea a familias con mellizos,
trillizos,
cuatrillizos y más que suplen la poca literatura que existe sobre la temática con su experiencia diaria.
“Aunque a los seres humanos nos cueste, es fundamental poder aprender de la experiencia ajena, sobre todo en estos casos”, recomienda Érika, quien aclara que la falta de planificación no significa desorganización, sino todo lo contrario.
“Tener trillizos requiere de una estructura organizativa diseñada para que las cosas funcionen”, completa para recordar que cuando los chicos eran bebés, cumplir a rajatabla la rutina era fundamental para que la vida familiar no colapse de buenas a primeras. Cena, baño, pijama y a la cama con horarios precisos fue un método válido que, sin embargo, no quitaba las renuncias personales que todos los padres conocen.
“La base de la organización es resignar tu vida en el 98% de las cuestiones; el otro 2% que quedaba era para el trabajo”, lanza Ezequiel. Es así que, cada tanto, el cansancio crónico aparece porque no existen feriados ni fines de semana para la tarea de ser padres. “Cuando llega el fin de semana, una familia múltiple tiembla”, dice entre risas. Sin embargo, los trillizos no permanecen ajenos a esas situaciones en donde la familia colapsa.
Érika dice que le pasó en reiteradas oportunidades de llegar a llorar de cansancio pero que siempre halló contención en sus propios hijos. “Te encontrás con tres personitas que se calman y te dicen ‘mamá te quiero’ o ‘mamá no llorés’ y te dan un beso. Y no es uno, son tres. Por eso digo que así como colapsás ellos mismos te ayudan a salir adelante: es ahí cuando sabés que nunca más vas a estar sola”, dice a modo de mensaje para otros padres que preguntan ‘¿cómo vamos a hacer?’.
Cotidianeidades múltiples
Los multipadres reparan durante la entrevista que entre las cotidianeidades de una familia múltiple se destaca encontrarse una y otra vez con leyes que no contemplan su situación. En el caso de los Lazarte-Moeykens lo vivieron desde el mismo momento que se enteraron del embarazo de trillizos.
“Tuvimos que recurrir a nuestro obstetra para que explique en la obra social que una única césarea iba a requerir de un médico, dos ayudantes y tres neonatólogos porque los chicos iban a nacer antes de los nueve meses”, explica Érika.
Ezequiel agrega que una situación similar vivieron en al solicitar la autorización de las ecografías: si bien se trataba de un solo acto médico, significaba el control de los tres bebés, de manera que había que solicitar tres turnos con el especialista, aunque sólo les reconocieran el costo de uno.
La vuelta al trabajo trajo aparejado enfrentarse al convenio colectivo de trabajo de Érika. “Un contrato de este tipo contempla cuando tenés un niño, en algunos casos puede considerar si tenés dos hijos, pero ninguno tres o más simultáneamente”, refirió la multimadre abogada y docente de la Facultad de Derecho de la UNT.
También hay un vacío en las cuestiones relativas a la escolaridad: no hay normativa ni una legislación específica sobre los criterios para la educación formal de los hermanos múltiples pero, por lo general, se los separa en post de forjar la personalidad por separado, sin que uno opaque a otro.
“El criterio tiene que ser única y exclusivamente de los padres, o bien se puede tratar en conjunto con un gabinete psicopedagógico. Pero la realidad es que muchos papás acatan o no quieren discutir estas situaciones en la escuela pública o privada”, completa Érika, quien propone revisar esta postura.
Hijos de la vida
La multimadre señala que el modo de crianza que eligieron para los chicos fue conversado en la pareja. “Siempre hemos coincidido en que queríamos formar hijos independientes, por mucho que a los padres nos cueste ir desprendiéndonos de a poco. Hace poco me dijeron que los hijos no son de uno, sino de la vida. Es algo muy cierto pero sumamente difícil de asimilar”, reflexiona.
Foto de Ezequiel Lazarte
Con este objetivo es que los Lazarte-Moeykens abandonaron su departamento en el centro para mudarse a una casa muy cerca del cerro para brindarle a sus hijos la posibilidad de crecer sin miedo a los robos, alejados de tanto ruido y contaminación, y en mayor contacto con la naturaleza. Así esperarán al cuarto bebé que viene en camino, Leónidas, "el que tenía que llegar primero", según sus padres. “Pienso que era el hijo que buscábamos en un primer momento pero en el transcurso pasaron cuatro años y llegaron los hermanos mayores”, agrega Ezequiel.
A la hora de pensar en lo mejor de ser multipadres, ellos no dudan: “puede sonar trillado, pero todo es por tres: lo bueno y lo malo”. “Los chicos te colman, te sobrepasan. Cada noche, cuando se van a dormir, los veo, los cuento, los huelo, los escucho respirar y es único”, reconoce la multimadre. Y completa Ezequiel: “dejás de tener tu identidad como persona y pasa a ser la de padre, la de multipadre, ésa es la clave ahora”.
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