Un ex legislador recordó una insólita situación generada por el desabastecimiento del endulzante durante el mandato de Celestino Gelsi.
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“Por orden del mismo Salomón Deiver, yo tenía entrada permitida a su despacho, siempre que no estuviera en audiencia privada, y desde entonces fui testigo de muchos sucesos, como cuando prohibió el paso con destino a Tucumán de un tren que llevaba ganado en pie listo para faenar.
¡Que había pasado! -que su gobernador, Celestino Gelsi, prohibió que saliera un gramo de azúcar de los ingenios tucumanos hasta que se solucionara el problema de los bajos sueldos de los zafreros tucumanos, medida que causó el desabastecimiento de azúcar.
Deiver haciendo las veces de un quijote justiciero, contestó haciendo bajar en Villa María el ganado con destino a Tucumán, y emitió un decreto que me leyó en su despacho y que más o menos decía: “Mientras las madres de Villa María no tengan azúcar para darle a sus niños, calmando sus llantos por la abstinencia que quita sabor a sus meriendas, Tucumán no verá un solo gramo de carne, pues toda carga de vacunos con destino a Tucumán, será retenido en Villa María”.
Gelsi, político astuto, sabía que Deiver podría dar con sus huesos en la cárcel por este atentado en un predio federal. Pero era una noticia que celebraba todo el país, y se preguntaba quién era ese quijote simpático y osado, que desde Villa María, desafiaba a Gelsi y a las leyes nacionales.
Uno de los diarios nacionales de mayor circulación ilustraba su edición del día con un dibujo a dos páginas, en las que se observaba un duelo a espadas entre un Deiver con un sombrerito turco en la cabeza, enfrentando a una caricatura de Gelsi con un casco del Ejército alemán usado en la Primera Guerra Mundial.
El gobernador tucumano decide entonces contestarle en el mismo tono, aunque en forma conciliadora: “Señor intendente, no ha sido mi intención que las madres villamarienses sufran por ver llorar a sus niños por la falta de azúcar para endulzar sus meriendas. He ordenado por lo tanto, enviar a Villa María dos vagones en carácter de donación a la Municipalidad, conteniendo tantas toneladas de azúcar tucumano para que las madres solucionen el problema de sabor en las meriendas”.
Pero Deiver no era tonto, hizo como que no veía la ironía y liberó las vacas, previo pago de la estadía de tres días en Villa María (...).