Guillermo Katz: "Drama es una obra que se pregunta si caducó la intimidad"

ENTREVISTA

"Es una especie de prueba de los diagnósticos. ¿Caducaron esos vínculos? ¿Se transformó la intimidad? ¿Tenemos que vincularnos de otra manera?", se pregunta el dramaturgo tucumano que este viernes a la noche sacudirá la escena teatral con una obra tan potente como incómoda.

Guillermo Katz, el dramaturgo tucumano que encuentra livings en las calles.


Nov
08
Viernes
Teatro

Drama

22:00
Sociedad Francesa
Agenda el tucumano


Guillermo Katz vive con una agenda blanca a lunares negros. Ahí anota cada paso que da. Por ejemplo, venir a la redacción de el tucumano con zapatillas Reebok. Quizás las compró cuando hacía entrenamiento funcional hasta que Juliana González y el reparto de notables que lo acompaña jadeó sobre las tablas y fin del tema. "Tener una agenda", "Comprar zapatillas", "Entrenar", "Entrevista en el tucumano": palabras escritas, deseos, metas y obligaciones mundanas de un director teatral que también saca del morral beige un pequeño bisturí para meterse en un laboratorio de operaciones dramáticas hecho obra y titulado Drama (típico teatro de living).

El diario queda en la calle Moreno. Mientras Guillermo Katz cruza, aquí al lado de la redacción se está montando otra obra: se está ejecutando un desalojo y de repente el living donde vivían quienes fueran los vecinos está en la calle: la heladera, el sillón, esas cosas que esperarán por nuestro protagonista al finalizar la entrevista como cierre cíclico de lo dicho en este escenario atípico de living para las fotos que ilustran todas las ideas que confluyen en la obra de 35 minutos que este viernes tendrá su segunda función a las 22 en la bella Sociedad Francesa.

Ideas, por ejemplo, como cómo todo lo que nos rodea influye: los trámites, la calle, el clima, un sillón en la vereda, fin de mes, la plata, la crisis, el drama de la cotidaneidad, todo eso cómo influye en la obra de Katz, si es que incluye, claro: "Influye. Totalmente influye. Esta obra tiene mucho que ver con un proceso en relación a la relación entre arte y dinero. Me hartó la burocracia para hacer una obra e inicié un proceso, ya hace casi dos años, marcado porque no quería hacer nada vinculado a la institucionalidad, a la burocracia, a la guita. Si había un subsidio, buenísimo, pero que no fuera un impedimento para hacerlo. Es notoria la diferencia en relación a cómo yo estoy ubicado como persona frente al trabajo. Disfruto absolutamente todo. Por supuesto que la plata siempre es un tema: al fotógrafo le pagamos dentro de seis meses, gente nos presta cosas, en fin. Pero tengo absoluta libertad para hacer lo que quiera. La relación arte-dinero nos atraviesa".

Las primeras palabras pronunciadas por Guillermo Katz en la mesa de entrevistas con las luces apagadas (entra la luz de la tarde por el ventanal) las dice después del primer mate con un chorro de edulcorante (Barly es la marca). La luz, el mate, lo que hay, lo que falta, se mete en el diálogo que rechaza de plano la idea de romantizar la ausencia del Estado y sus políticas culturales cajoneadas como un expediente amarillo sin sellos. "No estamos esperando que nos venga la plata. Lo que hacemos no lo estamos haciendo por guita. Así lo planteo con mis actores desde el principio. Está buenísimo que se pongan las cartas sobre la mesa. La gente que está participando no se ubica en el reclamo del 'Che, a mí no me están pagando'. El lazo se vuelve más fluido cuando está todo claro. Tengo la necesidad de mencionarlo siempre. Cuanta más claridad haya menos complicaciones tenés".

Con esa tranquilidad a cuestas, Guillermo Katz comezó a escribir las escenas de Drama, un proceso riquísimo para el autor que, en una obra que retrata la intimidad, abre las puertas y revela cómo crea: "¿Necesito paz para escribir? Me parece que no hay paz. Cuando hay mucho deseo no me hace falta sentir que estoy tranquilo, las ideas inevitablemente aparecen. Cuando hay que hacerlo porque sí necesito organizarme. Tengo mi agenda, tacho con fuerza. Eso me da mucha paz. Lo que saqué de mi cerebro, lo llevé al papel. A los ensayos de esta obra no los tacho. Son espacios que no tienen que ver con la obligatoriedad, son un pequeño oasis en esta maraña de tachoneos. Escribo en cualquier momento. Tengo mi otra agenda que es el celular donde me mando mensajes a mí mismo. Las ideas aparecen y se vuelven más fácil a medida que lo vas haciendo. Ya sé exactamente cómo funciona el proceso. No tengo un proceso prestablecido, sí papelitos sueltos en mi casa, donde anoto ideas, pensamientos, reflexiones. Tengo mucho en el celular: en el diálogo conmigo mismo hablo de cincuenta cosas a la vez: 'Cosas para pensar el año que viene en la cátedra de la facultad', 'Cosas para el ensayo', 'Mandarle un mensaje a mi hermana por el zapato'. Cosas así".

"El proceso creativo es muy caótico, así como hablo en esta velocidad, así funciona mi cerebro y así funciona la dinámica en relación a lo creativo. Hoy estaba leyendo... ¿qué estaba leyendo? (Piensa) Ah, no, me había mandado la música el músico, me puse yo a hacer la escena con la música de fondo a ver si quedaba bien o no: leyendo el texto me doy cuenta que hay una enorme conexión con otra escena que nunca en la puta vida me hubiera dado cuenta. Un personaje está aprendiendo a moverse de determinada manera, le están enseñando a hacer ciertas cosas, en otra escena el personaje hace esas cosas pero nunca había relacionado ambas escenas. Entonces miro cómo queda y disfruto: 'Am, mirá, um, qué lindo'. Esos hallazgos se los puedo comunicar al actor. Lo creativo aparece así, azarosamente. Me pasa mucho mientras camino yendo a hacer un trámite, mirando a la nada, escuchando música, aparecen trabas, obstáculos y soluciones".

Uno de los mayores desafíos que se plantea Guillermo Katz al frente del grupo de trabajo que ha subido Drama a escena es lograr que se entienda qué quiere hacer: "Al músico le digo: 'Tenés que embarrar la canción, disculpame que no tenga el lenguaje técnico, pero no puedo decirlo de otra manera'. Es difícil que te entiendan, pero es hermoso cuando te encontrás con otros artistas que se animan a hacer lo que interpretan, y no es lo que te imaginabas sino que es mucho mejor porque han puesto su creatividad. Me llevo bien con las ideas superadoras. Me duele el ego cuando no hay esa pequeña voluntad primera a probar lo que yo estoy tirando. Nunca había laburado con los otros lenguajes del teatro como ahora: escenógrafa, iluminadora, vestuarista. Con los actores no tengo problemas: entiendo los procesos, vengo de la actuación. Les digo: 'Hacé un cortocircuito del gesto' o 'Hacé como si estuvieras recordando algo lejos'. ¡Mezclar un recuerdo con distancia! Y el actor hacía algo gestual muy bueno. ¡Sí! ¡Sí! El lenguaje viene de lo visual, de lo espacial, embarrame la canción, así pienso".


Tucumán y su inmensidad atraviesa la búsqueda constante de Katz, enamorado de esta provincia hasta cuando duele: "Vivir en otro contexto que no sea Tucumán no tiene sentido. La red de contención la tengo acá. Es muy piola laburar en Tucumán. El otro día tenía que encontrar cinco telones para acustizar el espacio y aparecieron al rato. Esto no sucede en otro lugar. Ya tengo la red de trabajo y hay mucha gente en la que puedo confiar, conozco cómo son los actores, con quién hay que hablar. Y hay una red de contención afectiva: están todos mis vínculos primarios acá. Yo viví un año en Inglaterra y para pedir un espacio chiquito para montar una obra tenés que hacerlo con 18 meses de anticipación. ¡O sea, no! Toc, toc, golpeás la puerta dos días antes: '¿Che, tenés fecha?' Y listo".

"Aquí es cuando aparece la contracara nuevamente de que no hay guita. Pero podés hacer cualquier cosa. Quiero la guita de Europa, pero acá. La dinámica cotidiana macrista de tener que estar pensando cómo pingo hago para llegar a fin de mes influye. No le encuentro sentido vivir en otro lugar. ¿Para qué me iría a vivir a otra ciudad? ¿Qué me ofrece otra ciudad que no me ofrezca Tucumán? Estuve en Buenos Aires. Allá hay gente que le paga a directores conocidos para que dirijan su obra y los visibilice. Es más mercantil, pero no hay garantías. No me iría a vivir a ningún lado porque no le veo beneficios para mi existencia. Tucumán está buenísimo por la tradición del teatro, porque la entrega es hermosa. Tucumán es una masa en todos los sentidos. No vamos a decir que el calor me encanta, me gusta la espontaneidad de encontrarse con el otro: 'Che, ¿qué hacen? Vamos a tomar una cerveza'. Y listo. Hay tanta vida nocturna y en otras ciudades no ocurre. El clima no es lindo, huele a mierda, vivo con miedo de que un motochorro me robe el celular que me compré después de haber ahorrado cinco años, no aprovecho los cerros, pero me encanta", jura Guillermo Katz, quien tiene cosas más importantes para decirle al psicólogo después de esta entrevista pero antes tiene que hablar de la identidad de la tucumanidad en su obra.

"Está muy bueno en que se hable en tucumano, todo aparece inconcientemente, no es una voluntad de pararse en un lugar regional. Cómo dialogo con el público, cómo elijo los espacios, todo eso tiene que ver con una dinámica muy tucumana, estamos muy teñidos de otros lugares. Acá hay 60 estrenos por año, en Buenos Aires hay 1800 estrenos, no hay punto de comparación. Este año hubo muchísima producción como gesto de resistencia a la destrucción neoliberal. Durante los años del kirchnerismo el teatro ha ido encontrando ciertos mecanismos de estandarización, el contexto nos había dado ciertas comodidades, vino el macrismo y en vez de pelearle al modelo neoliberal, mantuvimos los beneficios dados. No sé si hubo tantas obras de denuncia últimamente, están más vinculadas al movimiento Ni una menos y a las luchas del feminismo, pero también aparecen directores varones heterosexuales hablando de la mujer y te preguntás por qué. En síntesis: estábamos muy cómodos y llegó el macrismo".

A horas de la segunda función de Drama, mientras ya están instalados el sillón, la heladera y las cosas del living en la vereda de la calle Moreno, aquí al lado de la redacción del tucumano, Katz le pasa la lengua al bisturí y ahora sí opera mientras se abre el telón: "Hago teatro para mí y para que el espectador tenga una experiencia sensible, la pase bien. Eso no significa un mundo feliz. La obra se llama Drama. Espero que el espectador no tenga ganas de irse en medio de la obra porque la angustie, aunque hay cierto placer en la angustia. Podemos traer todo lo que venimos hablando y aplicarlo a la obra. Consiste en lo siguiente: hay una sensación de que, ante este mundo neoliberal adulto, ese mundo te dijera: 'Dejá de hacer teatro, para qué pingo hacés teatro'. Eso por un lado. Y por el otro lado hay una tendencia a pensar que todo lo viejo del teatro ha caducado: la actuación, la ficción, la historia, los personajes, todo eso ha cadudado porque reproduciría cierta política conservadora".

¿Qué encontrará el espectador, entonces, este viernes a la noche cuando se corra el telón? "Drama está centrado en los vínculos de intimidad, algo viejo que me gustaría seguir manteniendo y tiene que ver con la intimidad que teníamos antes de la aparición de los celulares. Aparece una especie de nostalgia ante la intimidad tan atravesada por lo directo, por el cara a cara, que no ha dejado de existir, pero que es evidente que se ha transformado con las redes sociales, con si alguien te clava el visto, o por qué no me contesta. '¿¡Por qué me llama por teléfono!? ¿¡Por qué no me manda un mensaje!?' Como si el hablar por teléfono ya fuera un desborde de la realidad de los vínculos. Sigo queriendo esos vinculos viejos en donde las cosas no se miden tanto, donde hay que mirarse a los ojos, buscarse, transitar. Me cuesta un montón, pero lo sigo deseando".

"Sin embargo el mundo nos dice que esos vínculos ya han cadudado: si no tenés whatsapp no existís, si no subís una historia al instagram no ha pasado, qué hago yo con ese deseo de los vínculos viejos, de ese teatro viejo. La obra trata de probar si esos vínculos siguen existiendo. Sí, la obra es una especie de laboratorio de operaciones dramáticas. No digo arbitrariamente esto: la escenógrafa me dijo esa palabra y ha sido precioso encontrarlo. Drama es una especie de prueba de los diagnósticos. ¿Caducaron esos vínculos? ¿Caducó la intimidad? ¿Se transformó la intimidad? ¿Tenemos que vincularnos de otra manera? ¿Qué hacemos con el teatro? ¿Qué hacemos con la actuación? ¿Podemos seguir sosteniendo vínculos sólidos? Mi respuesta primera es sí, voy a tratar de... Es como si la obra se acercara todo el tiempo a esas certezas del pasado, la lleva a un extremo y puede sostenerse con el espectador". 

"El espectador se va a encontrar con una obra de teatro donde va a haber personajes y una historia: hay una amiga que se está por ir de viaje, invita a sus amigas más íntimas, en esa despedida aparecen personas que no habían sido invitadas, resentimientos, confesiones, cosas nunca dichas. Se retrata en 35 minutos la intimidad amorosa, de amistad, familiar, pero ese cuentito que te cuento está llevado al extremo: la historia, el espacio, todo eso está corrido de lugar, es difícil bajarlo a tierra, ir a ver si la intimidad de los vínculos es la misma de antes o si ya no tiene efecto, interés, resonancia en nosotros. Reflexiona sobre la intimidad de las relaciones. Por eso el nombre de la obra: 'Drama (típico teatro de living). Uno tiene determinadas expectativas: ¿qué pasa con ese horizonte de mundo cuando lo corro de lugar? ¿Lo extraño? ¿Quiero que vuelva? ¿Disfruto? ¿O me parece una cagada y me quiero ir corriendo? Lo que viva y transite el espectador es incontrolable", cierra Guillermo Katz, y se dispone a ocupar su lugar en el sillón de la vereda, al lado de una heladera apagada y vacía, todo un living, ya lo ves.

Drama (Típico Teatro de Living)

Dirección y dramaturgia: Guillermo Katz

Actuación:
Daniela Bazzi
Luciana Dimarso
Juliana González
Martín Lombardelli
Belén Mercado
Matías Vega

Asistencia de dirección: José Padilla

Diseño de escenografía, iluminación y gráfico: Aída Navajas

Diseño de vestuario: Montserrat Luna

Música original: Manuel Mercado

Producción general: Fernanda Obeid

Fotografía: Agustín Indri

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