"¡Yuteros!": estudiantes, policías y la historia increíble en Chicano y Tic Tac Toe

HISTORIAS DE ACÁ

Freddy Ferré faltó esa mañana a la escuela de Agricultura con su compinche Jorge Dip. Los videojuegos más emblemáticos de la provincia fueron el escenario de un momento que refleja la época y revive en Tucumán a través de una foto.

Tic Tac Toe, un clásico de los 80 y 90 en Tucumán. Las fotos son de Edgardo Juárez.




Antes de empezar a narrar la siguiente historia, ¿ustedes adónde iban? ¿En cuál de todos se viciaban? ¿Adónde pasaban las mañanas? Si no habían estudiado, si faltaba la profesora, si había hora libre, la propuesta susurrada en ronda era siempre la misma: “Vamos a los videojuegos”. Y la respuesta podía variar según la época, claro: “Vamos al Bowling de la 24”, “Vamos a Chicano”, “Vamos a Tic Tac Toe”, “Ya está abierto Pin Ball”, “Se impone X”, “¿Sale Sacoa?”, “¿O Carroussel?”, “¿Y Winners?” ¿Se acuerdan de Crisol? ¿Y de Cosmos?

Bueno, hayan ido donde hayan ido, la historia que cuenta el gran Freddy Ferré pasó en el 83, a semanas del regreso a la democracia en la Argentina. Fue una mañana y Freddy estaba en 4° año de la escuela de Agricultura. “Éramos un grupo decidido a hacernos la yuta. No recuerdo exactamente si habíamos faltado directamente a clases o nos habían dado las horas libres. En esa época, con el tema de la autodisciplina de las escuelas experimentales de la universidad, si teníamos horas libres podíamos salir de clases y la idea era siempre la misma: ‘Vamos a algún antro a viciar, a gastarnos las monedas, las fichas, la plata que nos daban nuestros padres’”.

¿Cómo se musicaliza lo que pasó a continuación? “Sonaba Rod Hatson y te ponías a jugar. Nos tomábamos el 4 o el 10 y caíamos a Chicano, que quedaba en la 24 de Septiembre al 700, donde hoy queda la distribuidora Lamadrid. Tic Tac Toe era para mí más de los fines de semana. Mi papá descansaba los domingos y me daba plata para ir con mi hermano menor. Mi viejo me daba para 10 fichas. Y las tenías que hacer durar, estirarlas. Si no sabías jugar, en 10 minutos te quedabas sin fichas y tenías que quedarte mirando jugar a los otros. También jugábamos por la ficha en los que se competía de a dos como en el de boxeo que quedaba en Tic Tac Toe, o ya en el Street Fighter, que era muy avanzado para nosotros. Pero yo soy de los primeros videojuegos, una simple línea, un fondo negro y nada más. Si eras bueno en un juego, podías hacer durar la ficha 30 minutos”.

Esa mañana del 83, Freddy, el Turco Jorge Dip y otros alumnos de distintas escuelas y colegios de Tucumán se repartían entre Chicano y Tic Tac Toe pasando la mañana hasta que se hiciera la hora del almuerzo. Cuenta Freddy que esa mañana dominaba el flamante Donkey Kong, creado en el 81 por Nintendo, la rompía en el Gálaga, después en el Night Driver y hacía temblar al flipper cuando de repente se escucharon las botas, los zapatos, una patada a la puerta y todos quietos al grito de: “¡Esto es una redada policial, no se mueva nadie!”

La tensión se sintió en el ambiente. Solo sonaba de fondo la música orquestal de los videojuegos. Había otros chicos con los delantales, chicos más chicos que empezaron a llorar. Freddy y el Turco tenían 16 años y ya se habían curtido en un par de billares de la ciudad como el Colón o el que quedaba entre la Federación Ecónomica y Salvic que ahora es el McKio. “Los viejos te dejaban entrar porque sabíamos jugar. Te veían más chico y te querían jugar por guita. Tenía como 20 mesas ese pool. Pasábamos horas jugando al snooker y había mañanas que nos encontrábamos con las chicas de la escuela Urquiza en el parque Avellaneda, esa era toda nuestra actividad social, era la única red social que teníamos”, se ríe Freddy en diálogo con eltucumano.com a propósito de la foto de Tic Tac Toe que se publicó en Fotos Antiguas de Tucumán y que inmortalizó Edgardo Juárez, fotógrafo y creador de la página Historia del videojuego en Tucumán con fotos inolvidables que marcan la adolescencia de miles y miles de tucumanos.



Freddy comentó esa foto con la historia que detalla en profundidad: “Eran los últimos días del proceso, faltaba poco para que se votara, y entraron los policías con todo: era un operativo de 20 efectivos. Se cerraron las puertas del local y nos pusieron a todos los alumnos paraditos y quietos en las máquinas donde cada uno estaba jugando. Nosotros no teníamos uniforme, pero sí las carpetas. Había alguno que se quería escapar, pero era imposible: también había policías en la vereda. Nos dijeron que no podíamos estar ahí, que era hora de estar en la escuela, y armaron un pasillo con canas de un lado y del otro. Fuimos saliendo uno por uno por la puerta y en la puerta nos esperaba un colectivo vacío del 4 para subirnos y llevarnos a la Jefatura”.

Todos detenidos en el colectivo, Freddy Ferré y el Turco Dip eligieron los últimos asientos del 4, la última fila de cinco asientos pegados: “Nos sentamos en el medio, cruzamos las piernas, lo tomábamos como una joda, otros seguían llorando. Nos estaban llevando a la Jefatura y desde ahí recién podíamos llamar a nuestros padres para que nos fueran a buscar. El padre del Turco era el director de la Escuela de Agricultura, imaginate el papelón que era si alguien se enteraba”. Y Tucumán se enteró: “Íbamos derecho a la Jefatura de la Sarmiento y Salta cuando de repente para el colectivo y sube un fotógrafo de La Gaceta, el Negro Font. Desde adelante del colectivo, bum, saca la foto. Yo me las había ingeniado para que fuera a buscarme mi padrino y no le contara nada a mi viejo, pero al día siguiente vimos la nota: página 3, la foto grande de nosotros con una fajita en los ojos porque éramos menores, pero todos se habían dado cuenta que éramos nosotros. La nota se titulaba con letras negras y en mayúsculas: ‘YUTEROS’. Sí, se enteró todo el mundo”.

Freddy, el Turco y todos los alumnos fueron liberados en el día: los mayores los agarraron en la casa, algunos se rieron como el padre de Freddy, otros pusieron cara de pocos amigos, pero con el tiempo todo fue volviendo a la normalidad y la yuta nunca dejó de ser un clásico permitido de vez en cuando para los alumnos de la secundaria en Tucumán: “Más allá del hecho puntual era una época muy linda la de los videojuegos. Ya no es así. Los veo a los chicos en la 25 después del colegio. Y alguna vez he intentado jugar con alguna Play, pero te juro que a esos juegos no los entiendo. Hasta el Family Game llegué. Lo que no se me olvida es cada vez que paso ahora por esas esquinas. Leí que los chicos que trabajan ahora en Mac Donald’s no saben que ahí, por ejemplo, funcionaba Tic Tac Toe. Hoy tengo 52 años y cada vez que paso por ahí todos los recuerdos vuelven a mí, todos esos recuerdos vuelven a mí”.


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