"Las luces me encandilaban": el relato de Rubén R. y la gran pregunta: ¿ovnis en Tucumán?

HISTORIAS DE ACÁ

El músico y cantante había tocado en Catamarca y cuando volvía su casa en Alberdi vivió una experiencia que retumba en su cabeza todos los días. El testimonio en primera persona de un caso para analizar. VIDEO

Las rutas esconden misterios que la ciencia intenta dilucidar.




Hace más de 30 años que hay una historia que todas las noches le quita el sueño a Rubén R. Es la historia que empezó a escribirse una noche fría y lluviosa del invierno del 87 sobre la ruta que une Catamarca con Alberdi. Ocurrió cuando Rubén R., músico y principal protagonista de lo que aquí se cuenta, volvía de la provincia vecina luego de una actuación con su grupo a bordo de un Renault 9. Es la historia que después de más 30 años, Rubén R. cuenta para el equipo de investigación de Ovni Tucumán.

A bordo del Renault 9 venían cuatro personas: Rubén R., Carlos y dos integrantes más. Dicho esto, cuenta Rubén R.: “Terminamos una actuación en Los Altos y eran las seis y media (6.30) cuando decidimos pegar ya el regreso. Carlos conducía el auto y se ofrece a traernos a nosotros. Le agradezco y le digo que no se vaya a dormir. Él me dice que cuando pasáramos la Caminera, me dejaba manejar a mí. Estaba fresco y medio lluvioso. Cuando pasamos Rumi Punco, Carlos se decide a darme el vehículo a mí. Eran las siete menos cinco (6.55). Como era invierno estaba oscuro”.

Con Rubén R. al volante, pasa lo que hasta el día de hoy Rubén R. relata pero sigue asombrándose cada vez que lo cuenta. Lo siguiente: “Cuando me siento al volante, me acomodo, salgo y en eso ya veo las luces comunes, como las de la calle, amarillas, eran tres que un poco me llama la atención porque digo cómo pueden colocar las luces estas sobre el nivel de la ruta. Me encandilaban, pero paso. Entonces ahí es cuando noto que el auto empieza a tomar velocidad. Carlos iba de copiloto, mi compañero y el compañero de Carlos iban atrás, dormidos los dos. Noto que el auto iba a una velocidad más fuerte a la que suelo manejar (80kms/h, 90 kms/h máximo), sobre todo si estaba medio lloviznando y los vidrios se empañaban. No parecía que íbamos a la velocidad que íbamos: íbamos mucho más rápido. De hecho, la línea que delimita la ruta parecía una sola raya de la velocidad a la que íbamos”.

¿Qué eran esas luces amarillas todavía en la noche de la ruta vacía? ¿Qué fuerza provocaba que el auto fuera a una velocidad mucho más rápida que la que marcaba el velocímetro? En esas cosas pensaba Rubén R. En esas y en una opción más: “A todo esto yo digo: ‘Se me ha roto el acelerador, se me ha ido a fondo’. Pero levanto el pie y nada. No respondía. Decido apretar el freno, embrayo y nada. A todo esto, me dice mi compañero: ‘¿Que vas con mucha calefacción? Aquí atrás está que pela’”. Entonces, de nuevo: si no estaba encendida la calefacción del Renault 9, ¿qué generaba tanto calor en la parte trasera del auto donde dos personas viajaban dormidas?

Rubén R. seguía manejando y la velocidad del auto no mermaba: “A La Cocha no la he visto. No sé en qué momento la hemos pasado. Lo único que hacía era mover el volante para ver si tenía el dominio del auto y sí lo tenía. Me toca enfrentar una curva, pasamos y la velocidad era constante. Recién cuando pasamos la zona que se conoce como Villa Cariño, siento como una desaceleración. Toco el freno y ya tenía el dominio del auto. Llegamos a Alberdi, los acompañantes del viaje se bajan y se van: no me dicen ni chau ni nada. Mi compañero de banda se bajó, cerró la puerta y se fue”.

El viaje iba llegando a su fin para Rubén R., ya solo en el Renault 9. Hace rato que habían pasado las siete menos cinco (6.55) de la mañana, la hora cuando el adormecido Carlos le había dado el volante para que él manejara. Concretamente le había dado el volante a las 6.55 en Rumi Punco y Rubén R. ya estaba en Alberdi. Y hay 49 kilómetros de distancia entre Rumi Punco y Alberdi, unos 34 minutos de viaje. Entonces es cuando sucede lo inexplicable para Rubén R.: “Me bajo a tres cuadras de mi casa porque quería tiempo para ir caminando esas cuadras pensando qué había pasado. Y cuando yo me bajo, suenan las campanas de la iglesia: eran las 7 en punto. El volante me lo dio a las siete menos cinco”, relata Rubén R., preguntándose ante las cámaras de Ovni Tucumán cómo es posible que todo lo vivido haya sucedido solamente en cinco minutos.

“Al otro día mi compañero viene y me pregunta: ‘¿Che, qué ha pasado anoche? Veníamos a las chapas, ¿qué es lo que pasado?’ No te lo puedo decir. Sólo el que vive esta experiencia puede contarla, otro puede tomarla a chiste”, se despide Rubén R., quien esta noche volverá a pensar en ese viaje, en esas luces amarillas, en la velocidad del auto, en el calor de atrás, en un testimonio de espacio-tiempo, una alteración que lo seguirá acompañando, un relato que se suma a otros relatos similares ocurridos en otros años en la misma zona, como el testimonio de Galo registrado el último 20 de junio por el mismo equipo de investigación en Alberdi. Creer o reventar: en Alberdi, en la misma zona.


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