"Es el mismísimo Belcebú": el misterioso gato que causa terror en barrio Norte

HISTORIAS DE ACÁ

Gaspar se llama su dueño y lo adoptó como una simpática mascota hace un año. Pero todas las noches, al volver del trabajo, empezaron a pasar cosas extrañas en el departamento ubicado en el piso 12. "Pensé que lo había visto todo, pero lo último fue extremo, apocalíptico". ¿Qué dicen los vecinos?

Wino, el gato del momento.




Gaspar se había mudado en la misma cuadra de la calle Salta al 500, pero a otro edificio, frente a la ex Casa Succar. También al frente está Gendarmería, pero mejor ni nombrarlo al tema. Lo cierto es que Gaspar ya había hecho la mudanza breve, el traspaso de muebles de un departamento al otro y había terminado de ordenar las cajas, los muebles, su colección única de 400 vinilos. Fue cuando se sentó en su flamante living que sintió que algo le faltaba a su nuevo hogar: “Tuve el deseo de tener un gato siendo una persona anti gato. El hermano de una amiga había encontrado un gato en el techo y me dijeron que estaba en adopción. Decidí adoptarlo sin mirar la foto. Ahora que lo miro me doy cuenta que tengo al mismísimo Belcebú en la Salta y Corrientes”.

Belcebú, el innombrable, el señor de las tinieblas, el mismísimo demonio adopta muchas formas, pero nunca Gaspar imaginó que esa forma tuviera forma de gato. Se sabe que últimamente los gatos andan más dañinos que nunca, pero no esta belleza de pelaje blanco, ojitos color cielo y naricita marrón. “Es muy lindo, tiene mucha facha. Aprendí con el paso del tiempo que los gatos son distintos al perro. No tenés que darle bola tanto tiempo: aprendí que hacen lo que quieren”.

Lo primero que hizo Gaspar fue bautizar a su gato: le puso Wino (se pronuncia Guaino), que en inglés significa borracho. “Le puse así por los X-Pensive Winos, la banda de Keith Richards”. Y con las noches, después de llegar del trabajo, se convirtió en ritual para Gaspar poner un disco de Richards o Sus Satánicas Majestades, de los Stones, preparar la cena para él, el alimento para Wino, poner una serie en Netflix o Cementerio de animales, momentos lindos para compartir con la mascota elegida hasta que una noche Gaspar empezó a volver a su casa y comenzaron a suceder cosas extrañas.

“Con el paso del tiempo el gato, que está castrado, empezó a andar inquieto: primero empezó a tirar los adornitos, después a caminar por las computadoras, luego a subirse a la heladera, más tarde empezó a romper cosas de vidrio. En un momento de la convivencia, empecé a adaptarme yo al gato, dejé de poner cosas al alcance del gato, pero lo mismo una noche llegué y pasó algo que hasta el día de hoy no puedo explicarme: llegué y me encontré con que me abrió el freezer, no sé cómo pudo haberlo hecho, me lo descongeló completo. Pensé en ese momento: ‘Esto debe ser lo más duro que me puede pasar, pero no’”.

El tema empezó a ponerse tragicómico cuando el gato Wino quedó solo toda la mañana: Gaspar había salido temprano y, sin subir a su departamento, esperaba en la puerta de su edificio a un amigo para ir a almorzar: “Lo estaba esperando para ir a comer cuando agarro el teléfono y salta un mensaje el grupo de WhatsApp del consorcio del edificio: ‘Che, está cayendo agua al 9° piso, el agua está por entrar al ascensor’. Pienso en ese momento: ‘¿Qué habrá pasado? Yo vivo en el 12° piso. Entré al edificio, llamé al ascensor y cuando estaba por apretar el botón para subir, escuché los golpes del agua cayendo en el techo del ascensor. Ahí me di cuenta y pensé: ‘¡No, El Wino!’”.

Cuando una constructora pone en marcha un edificio contempla ciertos escenarios posibles: alguien, por ejemplo, mientras trazaba los primeros planos dijo: “Pongamos un ascensor extra, por cualquier cosa”. Por ese ascensor subió Gaspar con la esperanza perdida de que su gato no tuviera nada que ver con la inundación del edificio, con el agua que no paraba de caer golpeando el techo de los ascensores delanteros, cayendo como una cascada por las escaleras hasta la planta baja, antes empapando los muebles del departamento, el pallier, todo lo que el agua pudiera tocar. “Subí por el ascensor de atrás hasta el piso 12. Abrí la puerta y sí, estaba todo lleno de agua. Antes de entrar a mi departamento, empecé a chapotear. Había agua literalmente por todos lados. Cuando abro la puerta, escucho un chorro muy fuerte. Entro al baño, donde está la cajita con las piedritas del gato, y veo el chorro de agua del bidet pegando en el techo del baño desde hace horas. Cuando veo el techo, ya había una mancha de humedad y se había caído la pintura”.

Mojándose las zapatillas, el pantalón y un poco la cara, Gaspar se estiró y bajó la palanca del bidet que Wino había levantado provocando la inundación: “Me puse nervioso por lo extremo de la situación, la escena parecía apocalíptica. Y no lo encontraba al gato. Hasta que corrí una puerta y ahí estaba, como lo ven en la foto, pero con las patas mojadas. No recuerdo cómo lo cacé, y lo alejé de la escena. Atiné a llamar a una señora que me había limpiado el departamento hace dos días y con dos haraganes metíamos el agua de afuera a mi departamento y sacábamos el agua por el resumidero del balcón. Estuvimos una hora sin parar con el agua. Todo el hall estaba inundado, me mojó todo pero por suerte no se arruinaron los vinilos”.

Agitado por el trabajo con el haragán, Gaspar recibió el mensaje de la constructora: “¿Dónde está la pérdida de agua?”. La respuesta fue la verdad: “El ascensor volvió a funcionar a los dos días, una vez que se secó todo. Afortunadamente, todos mis vecinos son un lujo, personas muy contemplativas. Un vecino me prestó un haragán y en el grupo de WhatsApp se hicieron bromas muy tenues: ‘¿Qué clase de gato es?’, me preguntaban. Estaba mal porque pensé que tenía que deshacerme del gato, pero aquí está Wino, mirándome mientras hacemos la nota”.

Ya más tranquilo, Gaspar compartió en una historia de Instagram un resumen de lo que le cuenta a eltucumano.com, con la foto de Wino sentado en el sillón verde y mirando fijo a la cámara del celular, dice: “Este hijito de puta el viernes pasado –estando solo- abrió el bidet y el chorro de agua estuvo dando en el techo durante horas. Inundó todo mi departamento, arruinó un ascensor y cayó agua hasta planta baja (vivo en un 12vo). Maldito engendro de Satanás”. Ahora, que las aguas están mansas, jura Gaspar: “Ya tomé precauciones para que no vuelva a pasar. Dejo todo con llave y sellado. Hablé con un amigo veterinario que me recomendó que le comprara rascadores, ratitas de hilo sisal y cajitas de cartón. El gato está mucho tiempo solo. Compré las cajas en Atenor y cuando vuelvo solo tengo que barrer lo que Wino arañó. Antes que volver a ver tanta agua, prefiero hacer cualquier cosa”.

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