“No era un ser vivo”: el relato de los sepultureros de Cevil Pozo

HISTORIAS DE ACÁ

Los trabajadores del cementerio ubicado al este de la ciudad registraron a Tucumán Paranormal lo que vivieron mientras desarrollaban sus tareas con normalidad: "Fue en un área bastante solitaria en una de las esquinas del enorme camposanto".

Cementerio de Cevil Pozo.




“Hay muchas personas que conviven día a día con la muerte, y pasan muchas horas de su jornada laboral al lado de cadáveres. Son famosas las historias de los médicos que han visto a mujeres vestidas de enfermera, o de figuras que deambulan en los pasillos de hospitales y sanatorios y que desaparecen de un momento a otro. Pero, ¿qué hay de las personas que trabajan en los cementerios y caminan entre tumbas todo el tiempo, a veces completamente solos? ¿Qué han visto en sus guardias nocturnas? ¿Qué es lo más extraño que han presenciado? ¿Qué pasa al caer la noche cuando la oscuridad cubre el cementerio?”.

De esta manera, Augusto Bellido nos introduce en una nueva historia de Tucumán Paranormal, el sitio furor del año que comparte las historias más espeluznantes a través de relatos, transmisiones en vivo y fuertes testimonios de las personas que acompañan los videos que Bellido y su grupo de investigación plasman una vez por semana en su sitio.

Hablamos con Miguel y José, dos sepultureros que trabajaban en un cementerio ubicado al este de nuestra ciudad. Miguel lleva 30 años de su vida entre tumbas, nichos, mausoleos y fosas comunes. Desde los 24 años comenzó a trabajar. Lo que nos contó fue hace mucho tiempo, su tarea transcurría normal hasta que presenció algo que lo impactó”, indica la historia anclada en el cementerio de Cevil Pozo, donde transcurre lo escalofriante que relata a continuación en el caso de Miguel.

“En su labor nocturna, cuando estaba completamente solo, el sepulturero se encontró con algo inexplicable: a unos 70 metros de él vio a una mujer vestida con ropa vieja. Trató de ahuyentarla porque sintió que eso no era un ser vivo y le tiró una piedra, pero ella no se movió, por el contrario siguió su camino flotando —no tenía pies—, la escena dejó helado a este trabajador que afirma no ser el único que la ha visto”.

“José también ha presenciado el espectro de esa mujer. La vio junto con sus compañeros pasadas las seis de la tarde. Un día, después de su jornada decidieron tomarse unas cervezas porque hacía calor, y esa aparición fue en un área bastante solitaria en una de las esquinas del enorme camposanto. Él y otros sepultureros vieron a la mujer que se desplazaba sin rastro de pies y flotaba entre los pasillos, justo en la misma zona que la vio Miguel antes”, relata Bellido, quien visitó a Miguel y José, empleados municipales, quienes atendieron a Tucumán Paranormal en el cementerio.

Pero no quedó ahí: “En 2016 el personal administrativo del cementerio se encontraba trabajando más tarde de lo común por ser inicios de noviembre. Aquellos días terminaban su jornada ya caída la noche. Uno de esos días mientras alistaban todo para cerrar el recinto sucedió algo que los asustó bastante. Pasadas las ocho de la noche dos secretarias del área administrativa le pidieron a un sepulturero que revisara los sanitarios porque un señor había ingresado según ellas y aún no salía. Él se dirigió a los baños, pero para asombro, no había ningún hombre, por el contrario los baños estaban cerrados”.

“Buscaron por varias partes y nada. Las puertas de los sanitarios estaban completamente cerradas. Las trabajadoras se apresuraron a guardar sus cosas e irse lo más rápido de ahí. Nunca volvieron a trabajar después de que se oculta el sol. Las tumbas de los niños siempre buscan dejar de lado el luto y mostrar que en ese lugar yace un menor que aún tiene ganas de jugar y reír. Las familias les dejan juguetes para despedirlos. Los trabajadores aseguran que en varias ocasiones han escuchado las risas de niños y el movimiento de los juguetes”, agrega Bellido.

Y nos deja temblando con lo último que escuchó de Miguel y José, los sepultureros de Cebil Pozo: “Un menor que fue enterrado hace unos siete años los asusta, varios enterradores ya se han acostumbrado a vivir con las risas y los sonidos de sus juguetes que salen del mausoleo. José lleva pocos años en el oficio como sepulturero. En el cementerio se dedica a fabricar cruces, jarrones, decoraciones de criptas y mausoleos en el lugar. Explica que su labor es preparar el granito de mármol para adornar la última morada de los muertos y también nos contó que ha sentido miedo en más de una vez”.



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