"Cuando vi la herida casi me muero": de quién es el pañuelo que salvó a Mariano

HISTORIAS DE ACÁ

Mariano tiene 13 años y todos los días le dice a su mamá que lo busque media hora después de clases. Cuando suena el timbre de salida de la Comercio 1, Mariano y sus compañeros sacan la pelota de la mochila y se van a jugar a cancha de la UTN. ¿Qué le pasó? ¿Quién lo ayudó?

Mariano fue llevado al Padilla.




Mariano tiene 13 años y todos los días le dice a su mamá Adriana Aguilera que lo busque media hora después de clases. Cuando suena el timbre de salida de la Comercio 1, Mariano y sus compañeros sacan la pelota de la mochila y se van a jugar a la cancha de la Técnica, lindante con las aulas de la escuela.

El jueves, fiel a su costumbre, Mariano se fue con los changos: pan y queso, elección de los jugadores, pique y a jugar. Las acciones del partido, cuentan los testigos, eran las típicas de un partido de niños casi adolescentes: cada uno intentando demostrar sus cualidades con el balompié, las trenzas de las zapatillas desatadas, la ausencia de pases, hasta que llega el pelotazo en profundidad, pica Mariano y cae derribado y herido como si lo hubiera agarrado el defensor más duro de un campeonato de veteranos.

Pero nadie le había pegado a Mariano. Ni Mariano había disimulado. La sangre le salía a borbotones de su pierna derecha, los gritos de dolor y desesperación tenían eco en los pasillos de la universidad. Hasta allá llegó el desgarro, hasta los oídos de un estudiante que escuchó y vio a un grupo de chicos en ronda, y a uno tendido, tiñendo el color marrón de la tierra. “No pueden jugar en la Comercio. Y fueron a la UTN. Mariano estaba jugando y no vio un pozo profundo con rejas y alambres”.

Quien habla es Adriana, la mamá de Mariano, quien iba a buscar a su hijo como todos los días cuando le sonó el celular: “¡Señora, venga, rápido, rápido, Mariano se ha cortado! ¡Le sale mucha sangre!”. Adriana, que conoce a los compañeros de su hijo, pensó que exageraban: “Cuando vi la herida casi me muero”.

Antes de ver la herida con sus propios ojos, había aparecido en escena el estudiante de la universidad con un pañuelo atado al cuello. Vio la escena e intentó tranquilizar al chico: “Mariano ya había gastado todos los pañuelitos de tela que lleva y había sacado las hojas de las carpetas para intentar controlar el sangrado, pero no había forma. Entonces el muchacho le hizo presión y una especie de torniquete que lo salvó”.

No exagera Adriana cuando habla. Ayudada por los compañeros de Mariano, llegaron al auto y manejó a toda velocidad hasta el Hospital Padilla. “Lo vio un médico cirujano y lo cosieron. Era profunda y grande la herida, me confirmó. Me dijo que el chico que ayudó a mi hijo actuó muy bien”, relata mientras Mariano continúa vendado, en reposo, cuidado por su mamá que ha quedado con una sola pregunta después del mediodía accidentado: “Quiero saber quién es la persona que ayudó a mi hijo. Cuando llegué, ya no estaba. Lo salvó con su pañuelo. Quisiera regalarle uno nuevo, algo, conocerlo, agradecerle. Si sos vos, o si lo conocés, gracias”.

Adriana y Mariano, en casa, después del susto.

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