"Gracias, Tucumán": el regreso soñado de Lucas y sus perros Pilsen y Serena

HISTORIAS DE ACÁ

El joven de 24 años conmovió a miles de tucumanos cuando conocieron su historia: no podía viajar en colectivo con sus perritos que había adoptado en el camino, y decidió regresar a su casa haciendo dedo sin abandonarlos. La cadena de favores y la sorpresa de un final feliz.

Sol, Lucas, Serena y Pilsen, antes del regreso. Las fotos son de Lucas.




Lucas, Pilsen y Sirena ya están sanos y salvos en su casa de Rivadavia, Mendoza. Es el joven de 24 años que revolucionó las redes sociales con una historia marcada a fuego por la fidelidad mutua: ni él abandonó a sus amigos, ni ellos a él. Es la historia que empezó en Mendoza hace un año y que tuvo en Tucumán un capítulo fundamental para el final feliz que Lucas le cuenta a el tucumano mientras Serena juega en el living y Pilsen salió a dar una vuelta con Sol, la compañera de este viaje único que junto a ellos ha trascendido las fronteras.

“Fue genial lo que viví en Tucumán. Le doy las gracias a Tucumán. Es donde la gente más amor me dio, donde me abrumó lo que pasó en las redes con la nota y todo lo demás. Nosotros habíamos salido a dedo desde Mendoza hace un año cruzando a Chile. De ahí empezamos a subir. En Valparaíso conocimos a Pilsen y en La Serena a Serena. A partir de ahí empezamos a viajar juntos hasta Perú. En algunos colectivos de Bolivia nos permitieron subir con los perritos, pero en general fuimos haciendo dedo”, explica la ida.

La vuelta empezó cuando Lucas, Sol y Pilsen bajaron desde Perú hasta Chile y cruzaron a la Argentina a través del Paso de Jama, la frontera con el país trasandino. Imaginen la cara de los carabineros, los policías chilenos, cuando los vieron llegar con las mochilas y los dos amigos hechos en el viaje: “Nos miraban raro, pero no nos hicieron problemas. Durante todos estos meses los cuidamos, les pusimos todas las vacunas y teníamos los papeles. En ninguna frontera nos hicieron problemas”.

Los problemas, en cambio, empezaron cuando en Abra Pampa les robaron todo: la plata, las mochilas y los celulares. Incomunicados, apelaron a contactar a sus familias en Mendoza: el padre de Sol se tomó un colectivo y fue a buscarlos, pero la vuelta fue el problema mayor: “No nos dejaban subir a ningún bus con los perros. El padre de mi compañera quería que buscáramos una empresa de camiones, pero íbamos a gastar muchísima plata en hotel hasta y en ese tipo de viaje. Era más fácil que alguien me alzara a mí solo con los dos perros, que a mí, a mi compañera y a los dos perros. Entonces quedé solo con los perros en San Salvador de Jujuy y calculé que a Mendoza volvería en ocho días, un día por provincia. Hasta que, gracias a Dios, pasó lo que me pasó en Tucumán”.

Lo que pasó en Tucumán es motivo de orgullo para quienes lo han ayudado en su aventura sin pedir nada a cambio, con el único interés de que Lucas, Pilsen y Serena llegaran a casa. Desde que pisó nuestra provincia, una cadena humana de favores se ha ido generando con dos grandes protagonistas: Ninoska y Evelyn, dos hermanas tucumanas que volvían del Congreso Internacional de Educación en Trancas, lo vieron en la ruta con los perros, lo reconocieron por una publicación que ya circulaba en las redes y lo levantaron.

“Cuando quedé solo en Jujuy empezamos a caminar por la autopista. Ahí unos chicos me llevaron por Pampa Blanca, pasé la noche ahí, luego unas señoras que iban en un traffic nos dejaron en la entrada de Salta, luego en la circunvalación y ahí aparecieron Ninoska y Evelyn, quienes me ayudaron con dinero, galletas y agua. Luego, apareció Francisco de Monteros que me dio otro tirón. Cuando estaba buscando un arbolito para que pasáramos la noche ahí porque ya tenía los pies ampollados y los perritos estaban cansados, apareció de nuevo Ninoska, su hermana y su mamá”.

La familia tucumana que había hablado con este diario ese sábado a la tarde se había quedado con las ganas de poder hacer algo más: “No podía creer cuando las vi aparecer en el auto. Me encontraron en la ruta. Se fueron hasta Monteros para que pasara la noche en su casa con los perros. Pude darme una ducha, cenamos unas riquísimas milanesas con arroz, los perritos descansaron bien y arreglaron todo para que al día siguiente emprendiéramos el regreso a Mendoza”.

En esta parte de la historia aparece Natalia Ponce que por esas cosas maravillosas de la vida tiene un tío que trabaja en los ferrocarriles de Mendoza, el tío José que estaba descansando unos días en Tucumán y adivinen qué: al día siguiente tenía que volver en el auto a Mendoza: “Viajamos con él en el auto. Los perritos descansaron todo el viaje y llegamos en menos de un día. Me dejó en Mendoza centro, pero las chicas se habían encargado de buscar otra persona que desde ahí nos dejaba en Rivadavia, donde aquí estamos ya instalados, con mi familia, con mi compañera, con Pilsen, y con Serena”.



Lucas, la familia Ponce, Serena y Pilsen, despidiéndose de Tucumán rumbo a Mendoza.

Lucas esta noche en su casa de Rivadavia, Mendoza, con Serena.


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