El Billy Elliot tucumano que necesita ayuda para dar un gran salto

HISTORIAS DE ACÁ

Se escondió. Rogó. Insistió. Y convenció a todos del talento que tiene. Sin embargo, pese a haber ganado varias becas, no pudo disfrutar de ninguna por no poder pagar los pasajes. Ahora se abrió una nueva puerta, pero necesita ayuda.

Agustín entrena cinco horas diarias, seis días a la semana. (Crédito: Gentileza de Agustín Maximiliani Díaz)




Como en la historia de la película de Billy Elliot, Agustín Maximiliani Díaz, con 14 años, es un prometedor bailarín tucumano que se enfrentó a los prejuicios y tabúes de su familia y de la sociedad. Y ganó. Ahora, espera poder vencer las dificultades económicas para tener acceso a un gran salto en su carrera profesional.

Con el inicio del nuevo milenio, el mundo se encantaba con la historia cinematográfica de Billy Elliot, un niño inglés de una familia proletaria que amaba la danza clásica y que a pesar de los prejuicios de su padre y su hermano, siguió su sueño.

Casi dos décadas después del estreno de aquella película, Agus ─como le dicen en su casa su mamá y hermanos, con quienes vive─ pareciera vivir en carne propia una historia muy parecida. A los 4 o 5 años, según él mismo recuerda, se despertó su amor por la danza clásica. Sin embargo, tuvo que esperar mucho para tener su primera oportunidad de aprender.

De chiquito, se quedaba atento frente a la pantalla para ver los dibujitos de Angelina Ballerina. "Veía lo que ellos hacían y comencé a imitarlos. Mi sueño era hacer el Grand Jete", recordó en una carta en la que cuenta su historia.

Por aquellos años, Agustín le pedía a su mamá que lo dejara bailar, pero ella se oponía ─según relató Maxi─ por los tabúes que existen en relación con la práctica del ballet y los hombres. Los años pasaron y, pese a no ir a clases de danza, el deseo de aprender seguía. De hecho, aprendió de lo que veía en internet y en la televisión. "Elongación, esas cosas...", comentó.

Un día, Lourdes, una de sus hermanas mayores, sin decir nada a nadie, empezó a buscar una profesora que lo aceptara como alumno. "Comenzó a buscarme un lugar para poder mandarme a formarme, mandó mensajes a muchas escuelas y ninguna me aceptaba o quería probarme, hasta que dio con mi ahora maestra de danzas, Adriana Soria, que no dudó en pedirle que me lleve así me vea en una audición", detalló el bailarín.

Al principio, Rosa Reyes, la madre de Maxi, no quería. Pero el pequeño -por entonces tenía 9 años- ganó por cansancio. Y lo llevó para que dejara de llorar. Ese día, llegaron tarde. Pero la prueba salió bien. "Para sorpresa de todos quedé", recordó el adolescente. "Desde entonces comencé mi formación con tan sólo 9 años y hasta ahora no paré". Era el 13 de julio de 2013. Cinco años después, Rosa, su mamá, confiesa que lo llevó vestido con ropa inadecuada. Y que lo hizo llegar fuera de horario. Nada desanimó a su hijo.

Luego de cinco meses de clases, debutó en El Cascanueces. También participó del Danzamérica, en donde primero ganó la medalla de bronce y luego, la de oro. Por aquellos días, también debió enfrentarse al bullying. Pero eso se detuvo hace tiempo y finalmente, el acoso escolar cedió y logró hacerse de un grupo de amigos en el colegio.

Paralelamente, Agus siguió creciendo en lo suyo. "Gané varias becas, pero no pude gozar de ninguna, porque no pude ir, porque el dinero no alcanzaba para costear los viajes", lamenta. Sin embargo, esta vez, la vida le ofrece una revancha. Este año obtuvo becas para Brasil y Estados Unidos, además de la máxima medalla en Danzamérica.




Un paso más

Rosa reconoce el momento exacto en el que cambió de parecer. "Cuanto yo lo vi bailar, vi que es lo que él realmente ama", confesó la mujer que tiene un hijo y dos hijas más. Por estos días, mantiene el hogar con lo que le pagan en sus tres trabajos: en una dependencia pública, en un consultorio y, además, en una casa en donde cuida a dos niños pequeños.

Cuenta que Agus sueña con ganar algún día el Prix de Lausanne. Mientras tanto, su hijo tiene la oportunidad de acceder a becas de formación, pero lo económico es un obstáculo, ya que al ser menor, ella debe acompañarlo, costear los pasajes y el hospedaje. De hecho, el bailarín ganó dos becas: una para San Pablo y la otra para Río de Janeiro, en Brasil. También ganó una beca para la Miami City Ballet School, a cursar en Julio 2019.  "Por lo menos a una de todas las becas que tiene ganadas me gustaría mandarlo", anhela.



Agus, que entrena 5 horas por día de lunes a sábado , cuenta que además de cursar el secundario y de dedicarle buena parte de su día a la academia de baile, piensa en cómo recaudar dinero para poder viajar. "Le tiro ideas a mi mamá para vender rifas, cosas dulces, todo eso", dice a modo de ejemplo.

Y sueña con ir más lejos. "A pesar de las dificultades, no abandonen", recomienda. "Voy a bailar al ballet en la Scala de Milán", proyecta convencido el Billy Elliot tucumano, que este verano piensa en cómo viajar a Brasil para disfrutar de una de tantas becas que ganó y que aun no pudo disfrutar. 

Si podés ayudar a Agustín, podés comunicarte al 381 639-7570.


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