Voto plastilina

Opinión

El politólogo Luis Karamaneff interpreta que, a la luz de los resultados electorales del domingo pasado, el electorado "dictó sentencia" sobre el gobierno Mauricio Macri. ¿Qué intereses guían a los argentinos a la hora de votar y quiénes los representan?.

El electorado quiere ser representado, no 'modelado' según los intereses que guían cada lado de la grieta.


Colocando sistemática y estratégicamente al kirchnerismo como su “sparring” preferido, el gobierno de Mauricio Macri apuntó durante estos cuatro años el escenario electoral del domingo. La paradoja es que si bien logró su objetivo de polarizar, al subir al ring lo hizo con pies de barro: inflación sin control y -hasta la devaluación de ayer- una pobreza del 35%. Pidió que al final de su mandato lo juzgaran por su capacidad para reducir la pobreza y ordenar la economía. Este domingo le dictaron sentencia.

Los fundamentos de ese veredicto fueron los que siempre se le señalan a los sectores conservadores en Argentina: ser meros agentes de intereses angostos, egoístas y minoritarios sin capacidad de cumplir su promesa de modernidad inclusiva y tolerante. Sectores a los que les resulta fácil olvidar que gobiernan un país donde los grupos populares amenazados pueden mostrar, como tantas veces en su historia, la capacidad de resistir y vetar políticas. Esa capacidad, por lo general, asume el nombre de peronismo. El punto de quiebre ya se lo habían señalado dos años antes, con la reforma previsional, que incluyó una plaza reprimida.

Con idas y vueltas atravesamos el proceso democrático más largo de nuestra historia. En ese tránsito elegimos creer que incorporamos las reglas, la idea de que el gobierno tiene que concluir su mandato y en el medio elegir de nuevo. Sin embargo, el final no está escrito. Lo que falta saber es, si además de creerlo, logramos hacerlo. Esto requiere que, además de grieta, la dirigencia política también represente a quien no quiere amoldarse a sus deseos de representación. Pareciera que, cada tanto, la ciudadanía se niega a ser plastilina.

Para Macri la culpa es de los buscadores de atajos que se agotan en el cruce del rio sin orillas y para el kirchnerismo -versión 2015- es la clase media egoísta a la que no la moviliza la solidaridad. Son aquellos cuya vida oscila entre el exterior en 12 cuotas y esconder Pindonga porque no alcanza para la primera marca. Los que se sueñan emprendedores pero despiertan precarizados.  Los que los mueve la idea de progreso pero las oportunidades le son ajenas. Los que caen con cada bandazo de la economía. Aquellos que les cuesta decir por quién votan o lo hacen con vergüenza porque no coincide con su grupo de identificación.

En definitiva, son los que cansados porque la era de las tasas chinas, el consumo de electrodomésticos y el boom automotriz no transformó su horizonte de posibilidades, hicieron presidente a Macri. Son los mismos que curtidos por el Rodrigazo, la dictadura, una guerra, la híper y el 2001, le ponen fin a su aventura. Tal vez de lo que se trate no sea de moldearlos sino de representarlos.

Luis E. Karamaneff es politólogo e investigador del CONICET-ISES-UNSAM.  


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