Allá están goleando

Opinión

Todos tenemos un amigo, un vecino, un compañero de laburo que siempre tiene a mano un remate burlón para cada pregunta. En cada barrio hay uno de esos famosos goleadores verbales. Acá te contamos cuáles son las mejores goleadas tucumanas. Y sí, allá también están contando.

El "Allá", una de las expresiones esenciales de nuestro vocabulario. En la foto, Miguel Martín y su diccionario de tucumano básico.


En una de las esquinas del barrio donde crecí – que los más refinados llaman Extensión Barrio Norte y otros con menos aspiraciones denominan, simplemente, Villa 9 de Julio - , era común ver apostado a un cincuentón de vida displicente a quienes todos conocíamos como “Pipa” o “Cara i bota” debido al carácter excesivamente pronunciado de su mentón, siempre al límite del offside. La más evidente y acaso la única cualidad que le conocíamos entonces a Pipa era la de golear, no precisamente por su condición de romperedes a lo Pulga Rodríguez o a lo Ratón Ibáñez, sino que el tipo era un auténtico as del remate verbal. Al saludarte, siempre te llamaba por el nombre de otro y, cada vez que uno trataba de devolverle la chanza y mandarle un nombre cambiado, rápido de reflejos, te mandaba un “bañalo”. Si ibas con alguien más, entonces saludaba al otro con un “¿qué hacés solo?”. Era un crack del remate, una fiera del área chica lingüística: si la dejabas picando, olvidate, a sacar del medio. 

Apenas una cuadra más allá de esa esquina que era el hábitat natural de Pipa, estaba la placita y en esa placita el banco que era el punto de encuentro de la changada. Se iban rápido las tardes en esa otra esquina entre el anecdotario de aventuras barriales, el debate intrascendente y la filosofía a la intemperie. Eran los noventa, éramos tan jóvenes, sobraba el tiempo, escaseaban las obligaciones. Algunos estudiaban y otros, acaso los menos, laburaban. En estos tiempos se ha vuelto común escuchar el “agarrá la pala”, pero entonces, casualidad o parábola neoliberal de por medio, era más común el “buscate un ocho horas”. Como suele suceder en cada rincón de la provincia, donde se ha vuelto una arraigada costumbre saludar a los gritos, si alguien pasaba en moto, en bicicleta o estirando el cogote por la ventanilla del auto, se despachaba con el clásico “buscate un ocho horas” cargado siempre de cizañera envidia. Nuestro goleador de cabecera, cuya asistencia era perfecta en el banco por las tardes, respondía con un lapidario: “Buscá dieciséis para los dos”. 

¿Quién en Tucumán no conoce  a un goleador o ha sufrido en carne propia su espontánea verborragia? Los hay de todo tipo, entre ellos, los más procaces que optan siempre por sexualizar los remates y, después de preguntar inocentemente por la foto, cuando la víctima impávida responde ¿qué foto? se la manda a guardar con un “de tu culo y mi choto”. Si la pregunta es sobre la marcha, la respuesta siempre es “entre tu culo y mi garcha”. Y así siguiendo. Como ese tipo de respuesta en oídos de una dama más que afrenta hoy calificaría de acoso, entonces es justo decir que el goleador tiene una naturaleza homosexual evidente. Eso sí, la juega siempre como activo. 

Entre los remates que se han popularizado en los últimos tiempos, sin duda, el más repetido es aquel que reza: ¿Y ella? En ese caso, la sexualidad y también el machismo (no hay hasta ahora un ¿Y él?) son más implícitos. Aunque todos sabemos que esa ella que protagoniza la pregunta refiere a la esposa, la novia, la hermana o, en los casos más insolentes, la madre del interlocutor. Se cree que este remate data del año 2017 y su autor es un personaje a quien conocen como “El Topo”; un singular sujeto de pelo largo blanquecino y sonrisa parcialmente desdentada, según se puede apreciar en una serie de videos que se han viralizado. Pero no se trata de un remate local, como si lo es el ya canonizado “Vayaseseculiámaestro”, que también goza de gran acogida entre las masas tucumanas. 

Si hay un remate que funciona de comodín infalible de los goleadores, como si de un doble cabezazo en el área chica se tratara, ese es el “Allá”. El “Allá” es el líder, el maestro, el más picante, el más polenta, el rey de reyes, el Maradona, el sumo pontífice de todos los remates de todos los tiempos. Y es un remate netamente tucumano. Sí, envidien goleadores de todas partes del mundo. Las virtudes del “Allá” son múltiples como eficaz su acción. A diferencia del ¿Y ella?,  una de sus ventajas es su carácter inclusivo, sirve tanto para hombres como mujeres como géneros fluidos. No tiene género ni edad, es eterno y también imperecedero. Por si alguno desconoce dónde es el allá adonde nos manda el allá, hay que decir que el allá siempre es donde ella/él/elle te está gorriando. Y sí, aunque se predisponga a diversas interpretaciones, casi tantas como la biblia, lo implícito es, qué duda cabe, la infidelidad. 

Y si alguna virtud tiene el “Allá” es su condición infinita, siempre inacabada, que hubiese sido el delirio de Jorge Luis Borges y sus ficciones metafísicas. Imaginen el poder de ese remate que genera una cadena sin fin de otros remates. Una sola palabra que al combinarse con otra termina infaliblemente en gol, el primer motor inmóvil de la goleada, el que mueve sin ser movido. ¿Cómo funciona se preguntarán los foráneos? Si yo les digo que hagan la prueba, fácilmente podrán responderme que allá están probando. ¿Ven? Allá la están viendo.  Y así siguiendo. Y sí, allá la están siguiendo. 

Acá las goleadas (y allá también):



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