Bussi: De cobarde genocida e incompetente Gobernante, a la semilla de Bussi-naro

OPINIÓN

Al hijo del genocida le gusta decir que Tucumán era un paraíso durante los gobiernos de su padre, para quien -según le dictaba su mente fascista- el hombre nuevo debía ser eliminado; los putos apaleados y los pobres, escondidos | Por Javier Ernesto Guardia Bozñak.

Antonio Domingo Bussi junto a su hijo Ricardo Bussi.


Se llama Ricardo Bussi y es hijo del mayor genocida que actuara en la historia, sobre el suelo de la provincia de Tucumán. Es probable que su santa madre le haya hablado maravillas de papá, de cómo se sacrificaba (sacrificando seres humanos) o de lo prolijo que era en el manejo de sus finanzas, para terminar llorando en su vejez, al descubrirse cuentas bancarias en Suiza.

Al hijo del genocida le gusta decir que Tucumán era un paraíso durante los gobiernos de su padre, para quien -según le dictaba su mente fascista- el hombre nuevo debía ser eliminado; los putos apaleados y los pobres, escondidos.

Los 20 meses durante los cuales Domingo Bussi fue dictador en Tucumán con el Golpe de 1976, coincidieron con un momento histórico para la Industria Azucarera Tucumana, con un precio del azúcar que fue el mejor en los últimos 50 años.

Por otro lado, el poder totalitario y su mediocre visión sobre lo que deseaba para una provincia cabecera del porte argentino como lo era y es Tucumán, dieron lugar a todo tipo de atropellos contra políticos; contra dirigentes sindicales; barriales o sociales; contra estudiantes y docentes; contra empresarios o comerciantes que eran obligados a "donar" cemento; materiales o maquinaria. Sobraba dinero para tener los espacios públicos, limpios; los troncos de los árboles, pintados de blanco y los tanques de agua de las casas, con el celeste y blanco. Todo un estadista, ¿eh?

A los pobres había que esconderlos, quizás porque las balas costaban más que sus vidas, como diría el poeta. Entonces se levantaban paredones a la vuelta de las villas miserias o se hacían balnearios en pleno cauce del Río Salí, contaminado con desechos industriales.

Para la conservadora y reaccionaria sociedad tucumana y para la cómplice cúpula eclesiástica, Bussi era la panacea, a tal punto, que el genocida fue elegido Convencional Constituyente Argentino en 1994 (el mismo tipo que había meado sobre la Constitución Argentina) y retornó al poder provincial en 1995, de una forma más desgarradora e inexplicable: mediante el voto popular.

Sin el poder absoluto y bajo las normas y reglas de la democracia, el genocida mostró su verdadera incompetencia; inutilidad e inoperancia, concluyendo su mandato con protestas diarias y ollas populares por toda la provincia.

Eso sí, el tipo siempre se ocupó de dejarnos pesadas herencias y dolorosas tareas, porque fue tan cobarde, que nunca reconoció el genocidio que ejecutó; nunca dio información sobre desaparecidos o fosas comunes como Arsenal o Pozo de Vargas; nunca brindó la posibilidad de recuperar su verdadera historia e identidad, a tantos hijos robados durante el cautiverio de sus madres.

Llorón impresentable cuando descubrieron su dinero criminal en Suiza, no tuvo reparos en mostrar su arma en el despacho de Gobernador, dando muestras de su chatura moral y su resentida prepotencia.

¿La herencia durante su gobierno en democracia?: deuda social y económica; desempleo por las nubes y el agua de los tucumanos privatizada en manos francesas, con un servicio pésimo que entregaba barro por las cañerías y que culminó con un carísimo Juicio Internacional en contra de Tucumán (que pagamos hasta el día de hoy, por cierto).

Pero como hasta la peor de las plantas venenosas deja semillas, el genocida no fue la excepción y dejó la semilla del odio en un amplio sector de la sociedad; la dejó también en estructuras policiales y del Estado; la dejó en su hijo neofascista que critica a la política, pero vive de ella desde hace 20 años, sin producir nada; la dejó hasta en la candidata a Gobernadora por Cambiemos, Senadora Silvia Elías de Pérez, quien declaró que los últimos 20 años fueron un espanto y un calvario de retrocesos. Es evidente que la Señora Antiderechos, extraña al Gobierno previo a esos 20 años, el del genocida del Dios; Patria y Hogar.

Y, como 20 años no es nada, la Verdad y la Memoria se alimentan día a día con la dolorosa luz que sale del Pozo de Vargas; o con el ejemplo de los Organismos de Derechos Humanos que siguen pujando -sin pausa y sin respiro- a la Justicia, para parir Hijos Libres y dignos de tanta historia de lucha y amor por el otro.

Bussi robó; Bussi mató; Bussi Mintió; Bussi estuvo preso en un country, comiendo y viviendo como un rey. Bussi fue un cobarde y perverso. Bussi, tan creyente y tan miedoso de la ira de Dios, aún debe estar ardiendo en las llamas del infierno, esas que no se apagan ni siquiera con las mariconas lágrimas de un milico cagón. 



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