El show electoral: mucho ruido y pocas ideas

Opinión

A diez días de las elecciones provinciales, el debate televisivo del que participaron tres de los candidatos para gobernar Tucumán se pareció más a un espectáculo mediático donde prevalecieron las peleas que a una autentica discusión política.


Un coliseo, una arena de combate, un ring todo iluminado por las luces de los reflectores. Árbitros, tribunas separadas, hinchadas efervescentes. Todo transmitido en vivo y en directo. Un show. El debate entre tres de los candidatos  a la Gobernación de la provincia que se montó ayer en el estudio de La Gaceta mostró la faceta más futbolizada y espectacularizada de la contienda electoral. Juan Manzur, Silvia Elías de Pérez y Ricardo Bussi fueron protagonistas de un suceso mediático por momentos caótico, alborotado y con secuencias estridentes de pugilismo verbal que, visto del otro lado de la pantalla, dejó una imagen bastante difusa: mucho ruido y pocas ideas.

El debate comenzó con un prólogo de Federico Van Mameren, uno de los periodistas que auspiciaron de moderadores, quien se mostró visiblemente ofuscado por la ausencia del candidato José Alperovich. Mientras, la cámara se posaba en el atril vacío que debía ser ocupado por el senador. Sin embargo, esa ausencia que fue calificada como una falta de respeto a los televidentes y a los ciudadanos, no fue la única de la noche. Ya que hubo otros candidatos que directamente no fueron invitados a participar del debate: Ariel Osatinsky (FIT), Lita Alberstein (MST), Ariel García (Frente Evolución para la Democracia Social), Marcela Sosa (Movimiento Izquierda Juventud Unida) y Carlos Ruz Vargas (Nos Une el Cambio). ¿Las razones? Simplemente, no son las fuerzas electorales que más miden en las encuestas. De esta manera, los criterios para participar de la discusión política son bastante similares –si no los mismos- que rigen el mercado del espectáculo televisivo: el rating. Así las cosas, se vuelve imposible propiciar un debate democrático que siempre resultará parcial, ya que no están representadas todas las voces. Y las que están son siempre las mismas. Así las cosas, acusar al candidato ausente de atentar contra el debate ciudadano suena cuanto menos hipócrita. En palabras del periodista: el debate es sano, el silencio no. Es sano siempre y cuando participen todas las voces.

Una vez comenzado el debate, reglado con el mismo tiempo para cada expositor, los invitados se explayaron acerca del plan de obras públicas, la seguridad y las vacantes de la justicia provincial, entre otros temas. Pero cuando llegó el bloque de ocho minutos de debate libre, se dejaron de lado las propuestas y fue el momento del intercambio de chicanas. Los que rápidamente entraron en una lid nerviosa y exasperada, fueron Silvia Elías de Pérez y Ricardo Bussi. En el medio, un Manzur impasible pareció un espectador de lujo del combate lingüístico. La senadora le enrostró a Bussi su doble candidatura a gobernador y a legislador: “Es una mentira su candidatura a gobernador", dijo contundente. El candidato de Fuerza Republicana, primero le dijo que era peronista porque su postulación era financiada por el actual intendente Germán Alfaro, después, que era macrista y, como tal, mentirosa. De paso, le exigió que desistiera de su candidatura.

Después, fue el turno de Manzur de entrar en la palestra. Con mucha más calma, pero sin dejar de lado el fraseo picante y directo al adversario, repartió para ambos lados. A Silvia Elías le recordó que es uno de los rostros de la política de Macri en Tucumán y una de las cómplices de la actual crisis económica en la que se encuentra el país. A Bussi le pasó factura por la deuda de la administración de su padre, que aseguró el gobierno actual todavía está pagando. La respuesta del candidato de Fuerza Republicana sonó irónica en su boca: ¡Qué bárbaro como atrasan! Mientras, la senadora repetía “Hágase cargo de la provincia” a Manzur. A su vez, Bussi insistía que Tucumán “está detonada”. Todos a la vez, de manera desbordada y caótica en lo que se pareció más a un programa de talk show que a un auténtico debate político. Sólo faltó la intervención de Moria Casán o de la internacional Oprah Winfrey para volver aún más grotesco el cuadro. Mientras, cada una por su lado, separadas como las hinchadas del fútbol argentino, las tribunas pobladas de candidatos, funcionarios y asesores brindaban su propio espectáculo tribunero. Rugía la leonera como en las mejores noches boxísticas del Luna Park.



Poco fue lo que pudieron rescatar los espectadores del otro lado de la pantalla. El debate político, como una instancia necesaria para la consolidación de la democracia y de la ciudadanía, se tornó en muchos pasajes una puesta en escena desbocada que aturdía. En palabras del gran William Shakespeare: “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada". Y como si no hubiese sido suficientemente belicoso el espectáculo mediático, fuera de la pantalla y del show,  una vez en la calle, Ricardo Bussi y el diputado de Cambiemos José Cano casi se van a las manos. Salidos por completo del libreto, el de Fuerza Republicana intentó darle una clase de ética política a Cano al decirle que Elías de Pérez, la candidata de su fuerza, se había inmiscuido en cuestiones privadas (lo había acusado de realizar 80 viajes al exterior durante su gestión). El de Cambiemos le replicó que, antes, Bussi había denunciado que su campaña fue financiada por el narcotráfico. Para muestra basta un botón, dicen. O dos en este caso.

El episodio ha evidenciado una actualidad política que parece no haber superado aún la lógica de la famosa grieta; lógica que fue impuesta en su momento por los grandes medios nacionales y que se replica a nivel local en la espectacularización del debate en desmedro de la discusión de ideas. Desnuda también la pobreza institucional de la política tucumana y la necesidad imperiosa de habilitar espacios públicos y  abiertamente democráticos. ¿Puede una empresa mediática arbitrar el debate electoral? ¿Acaso no es el debate un derecho de los votantes y una obligación de los candidatos? ¿Se sostiene una democracia donde la política se muestra como un show? Hasta tanto, será demasiado ruido y pocas ideas. 

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