Alberto presidente, Cristina vice: un enroque que nadie esperaba

OPINIÓN

El movimiento doble de la ex presidenta ha conmocionado al conservadurismo, que ya no sabe cómo actuar. Macri Blanco Villegas estará angustiado, imagino, y la hermana superiora María Eugenia en una crisis de desesperanza, la misma que han de sufrir los radicales | Por Osvaldo Nieva

Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández.


El enroque, como se sabe, es un movimiento defensivo (oculta al rey en el penúltimo escaque) pero también agresivo, ya que libera a la torre y la pone en posición de poder. Ese movimiento doble ha conmocionado al conservadurismo, que ya no sabe cómo actuar salvo -claro- darle arranque a su viejo -más potente- tractor mediático. A la hora de trazar estos párrafos desordenados, los diarios y noticieros macristas se interrogan (una vez más) qué cuernos es el populismo, y si Alberto está involucrado en ese tenebroso Necronomicón.

También lo comparan con Cámpora al gobierno, Perón al poder, lo que significa que luego viene la violencia. O a Cristina con Eva renunciante, lo cual es un delirio, ya que Ella, de quererlo, hubiera muerto en olor de santidad vicepresidencial. Sólo eligió la santidad.

En una extendida cena compartida con Alberto hará diez años, cuando se terminaba de retirar de la jefatura de gabinete, me impresionaron varios puntos.

Reveló, sin autoelogios, cómo había convertido a Néstor en presidente peleando palmo a palmo -pero sigilosamente- con Duhalde, cuyo candidato era el conductor automovilístico que en el verano del 74 se quedó sin nafta. Finalmente, el Cabezón advirtió que Reutemann seguía con el tanque vacío, y a regañadientes llamó a Alberto.

-Ta bien, vos ganás. Mañana temprano traeme a Olivos a ese pibe de Santa Cruz.

Esta vez fue Néstor el que rehusó. Que se vaya a la mierda, repitió muchas veces. Pero Alberto es de amianto, y luego de una hora lo convenció. Al final de la historia lo conocemos todos. Incluso hoy el Cabezón matanzero guarda inquina contra Alberto, lo descalifica cuando puede y sigue apoyando al grisáceo Lavagna. Que Dios le sea misericordioso en esa operación.

Luego de este relato tuvimos varios cafés. Siempre venía conduciendo su propio modesto auto, sin custodia. Tiempo después comenzó a criticar a Cristina y en un berrinche se unió como armador del finoli Massa, supérstite de la anciana Ucedé: como se sabe, la política no es estática, cada uno toma los rumbos que puede o cree merecer. Desde entonces no lo vi más.

Pero supe, y muy bien sabido, que Alberto Fernández, profesor regular de Derecho Penal en la UBA, es uno de los pocos funcionarios de Cristina al que la corporación judicial no le pudo entrar. No tiene ni una sola denuncia en su contra. Se observa que la manada de rubios cachalotes radicada en el Congreso no le dio bola por considerarlo insignificante. Ahora, a destiempo, lo denomina Jack el Destripador.

Me llamó la atención que, en la Feria del Libro, Cristina lo mencionara un par de veces y hasta le adjudicó el deseo de escribir su libro. Digamos que prendió una luz de alarma en mi pituitaria, y comencé a indagar a ciertos amigos oteadores del horizonte porteño: nadie sabía nada.

Nos enteramos esta mañana, cayéndonos de culo tanto los que están cerca del Mar Dulce como quienes permanecemos en una loma mediterránea. La decisión se habría tomado anoche, en un departamento familiar del barrio de Constitución. Allí se grabó el vídeo de Cristina, que estalló esta mañana.

Qué vendrá luego es un enigma. Macri Blanco Villegas estará angustiado, imagino, y la hermana superiora María Eugenia en una crisis de desesperanza, la misma que han de sufrir los radicales. A la situación económica y social en la que nos metieron, se suma el maldito enroque. Aunque ignoro si alguno conoce lo que es un enroque...

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