El viejo, el nuevo, el mismo Alperovich

Opinión

La polémica aparición mediática del candidato a gobernador tendrá un alto costo político. El machista, el que intimida periodistas, el que dice haber aprendido de los propios errores: ¿Cuál de todos los Alperovich es Alperovich?


El escenario mediático fue el lugar que José Alperovich eligió para mostrar a su gemelo político y posible nemesis: él mismo. El senador intentó desdoblar su figura en aquel Alperovich que gobernó la provincia doce años entre 2003 y 2015 y este Alperovich versión electoral modelo 2019; versión que él mismo presentó como mejorada, ya que, siempre según él, había aprendido de sus propios errores. La estrategia fue evidente: Quiso matar su yo del pasado, enterrarlo, y darle vida a un nuevo yo político. Actuó acaso confiado en que nadie muere al dispararle a su imagen en el espejo. “Soy el verdadero José” dijo el martes en la entrevista de la que habló todo el mundo y en el mismo acto procedió a lo que parece su suicidio político.

La actitud de Alperovich en la entrevista que brindó ayer en LG Play recuerda al episodio al que muchos le atribuyen la derrota electoral del peronismo en la vuelta de la democracia. El 28 de octubre de 1983, el candidato a presidente por el justicialismo, Ítalo Argentino Luder, hizo su cierre de campaña con un acto multitudinario en el obelisco porteño. Recuerdan que su discurso fue optimista y que aquella vez Luder habló con la confianza de quien se sabe ganador. En el palco se encontraba también el dirigente sindical Herminio Iglesias, quien era candidato a gobernador por Buenos Aires. Al final del acto, un grupo de militantes le acercó un cajón fúnebre con los colores y las siglas del radicalismo adornado con una corona y él lo prendió fuego. Esa acción quedó plasmada en una foto que generó la indignación de una sociedad que acababa de sufrir el horror del terrorismo de Estado y pretendía dejar atrás la violencia política. A ese suceso no pocos le han enrostrado la derrota del justicialismo en esos comicios donde resultó electo Ricardo Alfonsín. Por obra del karma, la violencia le volvió en contra, como un boomerang.


Algo similar sucedió en la entrevista en la cual José Alperovich quiso mostrar al nuevo y a la vez autentico Alperovich. En distintos pasajes del reportaje, el senador mostró una actitud machista y acosó a la periodista Carolina Servetto.  “No te sale ponerte mala, no te sale...”, “Esta chica me encanta, este es el perfil que a mí me gusta...", fueron algunas de sus frases. También dijo que si tendría más tiempo lo dedicaría a “mirar más tranquilo a esta preciosura", como se ve en los vídeos que circulan por las redes sociales por donde se canalizó el repudio generalizado a la actitud del candidato. En los tiempos que corren, cuando el movimiento feminista ha logrado visibilizar las distintas formas de violencia que sufren las mujeres, el acoso no sólo no es aceptable sino que es motivo de condena social y de denuncia. Es lógico que Alperovich, el viejo, el nuevo, el de antes y el de ahora, convertido en su propio y peor enemigo, se vea arrasado por la ola verde. Es probable y hasta esperable que el costo político sea lo suficientemente alto para que signifique la edificación de su propia derrota.

Lo de Alperovich no fue sólo un acto de violencia machista, sino que fue también una demostración de poder. No sólo cosificó a la mujer, sino también al periodismo. Su actitud fue la del patrón, la de quien se cree dueño de decir y de hacer a su gusto, como si el escenario donde transcurrió la entrevista fuera todo suyo. Casi al final de la charla y momentos antes de despedirse, desafió al conductor del ciclo, Indalecio Sánchez, a escuchar una anécdota sobre uno de sus superiores. “El jefe de ustedes es mi mentor, fue el monstruo. Yo no hubiera estado acá hoy jodiendo, como él me dice, si no fuera por tu jefe. ¿Sabías vos esa anécdota o no? ¿La querés saber o no necesitás?”, en un mensaje que pareció más dirigido al jefe, Federico Van Mameren, que a su interlocutor. El periodista, optó por reencauzar la entrevista, pero el ex gobernador insistió: “Te cagás de miedo, ¿no? Te va a correr”. Con esa intimidación Alperovich se puso al desnudo y a la vez desnudó los vínculos entre el poder político y el poder mediático. ¿Cuál Alperovich es Alperovich? ¿El que aspira al gobierno o el que tiene el poder? ¿El que dice ser invento de un periodista o el que intentó reinventarse a sí mismo frente a las cámaras? La anécdota quedó sin contar, pero ahora sólo puede oscurecer antes que aclarar.

Contaba Jorge Luis Borges que Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. El candidato cayó en la propia trampa de querer ser otro, pero terminó siendo el único Alperovich posible; el mismo Alperovich de siempre. El responsable de su inmolación política. 


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